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La Revolución en Cuba y el revolucionario en Miami

La Revolución en Cuba y el revolucionario en Miami

La Revolución en Cuba y el revolucionario en Miami
marzo 06
05:00 2012

Mi buen amigo el profesor Clemencio Agramonte dice que la Revolución sigue en Cuba pero el revolucionario está en Miami desde el 59, con el humor negro que lo caracteriza se apropia del apotegma de Enrisco (1) y nos regala esta variación.

Asegura Agramonte que los batistianos le espesan la sangre, pero los paladines de la Revolución traicionada le cocinan el hígado. Se refiere el profesor: “a esos tira tiros que perdieron con los otros tira tiros y se pasan la vida hablando de la traición de Fidel.

De más está decir que ambos grupos presumen de sus nobles ideales, los que perdieron y los que ganaron, a los primeros hay que concederles el beneficio de la duda, de los segundos ya sabemos lo que han hecho con todos los demás”. Clemencio, como es historiador de oficio, no puede sustraerse a la exactitud y con frecuencia puntualiza el hecho de que fueron los batistianos quienes llegaron primero a Miami y unos meses después los revolucionarios de pura cepa.

Este intelectual afirma que en Miami, además del “revolucionario” y el “hombre nuevo”, pululan los chivatones de las más variadas especies, pero ese tema lo va a dejar para otra ocasión. Es que Agramonte está obsesionado con los revolucionarios históricos y en oposición a ellos expresa que “a él Fidel Castro nunca lo traicionó, ni le quitó otras cosas que no fueran la libertad y la esperanza”.

La tesis de Clemencio se puede ubicar en la corriente rupturista de los intelectuales no batistianos, no revolucionarios, no hombres nuevos, ni chivatones, nacidos por un fatal accidente en algún capítulo de la Revolución, ese desastre multifactorial que ha marcado la vida de millones de cubanos. Una ruptura que quiere coger los héroes y los símbolos patrios para la jodedera, algo con lo que no estoy de acuerdo pero que tampoco me va a llevar a perder la amistad de nadie.

Esta conferencia, que fue dictada en el Club de Palomeros de Flagler, contó con la asistencia de numeroso público, un público que no sabía qué hacer porque Clemencio no dejó títere con cabeza en su charla, le dio leña a los comunistas tapiñados, a los anticastristas que no habían conseguido la invasión y a todos los gobiernos republicanos y demócratas, estuvo a punto de sacar un machete pero se lo prohibieron en nombre de los reglamentos del Club.

El Club de Palomeros de Flager es una institución emergente de la nueva civilidad, un claro ejemplo de que los exiliados de ahora comienzan a organizarse en torno a cosas ajenas a la política. Su cordón umbilical con otras instituciones del exilio se reduce a un busto de Martí en el salón de actos, pues según ciertos versos apócrifos descubiertos hace poco por el musicólogo Helio Orovio, se puede afirmar sin lugar a dudas que el Apóstol de nuestra Independencia también le descargaba a las palomas. Si Clemencio pudo dictar la conferencia en el Club se debe a que él también es palomero y paga la membrecía, pero dudo que lo vuelvan a invitar porque a los palomeros de Flager los vira y bota de nuestra historia los tienen sin cuidado, a ellos lo que más le interesa en estos momentos es la genealogía de Mustafá, un palomo muy famoso del Cerro.

Espero que muy pronto el profesor Clemencio Agramonte pueda dictar su conferencia sobre la otra variación del apotegma de Enrisco: La Revolución en Cuba y el chivatón en Miami. No sé si le darán un chance en el Club o tendrá que meterse en el Arepazo, emblemático local antichavista en la ciudad del Doral. Sea cual sea el lugar iré a escuchar su charla porque Clemencio, además de ser el único intelectual que conozco, cría tremendas palomas y es mi jefe.

Sin otro particular,

El Panga, admirador de Clemencio Agramonte

(1) Apotegma de Enrisco: La Revolución en Cuba y el Hombre Nuevo en Miami.

Sobre el autor

Eduardo Mesa

Eduardo Mesa

Eduardo Mesa (La Habana, 1969), escritor y activista, fue fundador de la revista Espacios y coordinó las publicaciones Justicia y Paz, Órgano Oficial de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba, y Aquí la Iglesia. En la Isla formó parte de los consejos de redacción de las revistas Palabra Nueva y Vivarium, y obtuvo los premios de poesía Ada Elba Pérez y Juan Francisco Manzano. En la actualidad colabora con las revistas Convivencia, Misceláneas de Cuba e Ideal, y edita el blog Cuba Plural. Su libro “El bronce vale” fue publicado por la Editorial Silueta. Reside en Miami.

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