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La Revolución Pacífica de Leipzig

La Revolución Pacífica de Leipzig

La Revolución Pacífica de Leipzig
noviembre 11
21:14 2014

La palma se la llevó Berlín Oriental con el derribo del Muro de la Vergüenza. Un hecho supermediático que se convirtió en símbolo del derrumbe de un sistema perverso y autoritario, además de improductivo. Pero, sin la menor duda, la madre del cordero fue la Revolución Pacífica de Leipzig. Si no hubiera sonado por lo alto un 9 de Octubre en la ciudad sajona, no habría ocurrido un 9 de Noviembre en la capital de la antigua RDA.

Todo comenzó a principios de los años ochenta con los lunes de oración por la paz en la Nikolaikirche, la parroquia de San Nicolás, en el centro de Leipzig. A la salida de la iglesia, un grupo más o menos nutrido se quedaba charlando fuera para comentar la lúgubre actualidad de la ciudad donde había nacido Richard Wagner. Con la llegada del otoño, ya que anochecía más temprano, salían con velas encendidas y se ponían a dar vueltas alrededor de la plaza. De simples feligreses que oraban por la paz, se habían convertido en activistas por la democratización del país y pedían libertad de expresión y de movimiento, entre otras reivindicaciones.

La Stassi no dejaba de preocuparse. El grupo iba creciendo. Se le sumaban decenas y decenas de opositores, de modo que llegaron a contarse hasta 200 activistas para octubre del 89. La temible Policía secreta de la Alemania Oriental no les perdía pie ni pisada. Los vigilaba, los acosaba, los hostigaba, pero no los podía controlar. Entretanto, de la dirección central del SED, el partido comunista alemán, exigían poner fin a la subversión. Pero ya la suerte estaba echada. El movimiento había alcanzado tal nivel de masa crítica que Berlín Oriental no podía controlar a Lepizig. La marea popular era imparable.

El 9 de octubre salieron a la calle 70 000 manifestantes portando velas y carteles contra el régimen. Tratándose de un sistema tan brutalmente represivo, esa cifra constituía un número realmente significativo para una ciudad no tan populosa que en la actualidad apenas rebasa el medio millón de habitantes. La manifestación recorrió la vía que circunvala el centro de Leipzig, protagonizando la mayor protesta en la RDA desde 1953. Todo un éxito.

Fue un momento de mucha tensión, sin embargo. Había en las calles de Leipzig unos 8000 policías antimotines dispuestos a aplastar la protesta y provocar un baño de sangre si así se lo ordenaban. Cuentan que incluso ese día habían multiplicado el personal médico en los hospitales, previendo que hubiera que atender por la noche a un gran número de heridos. Pero, a última hora, las autoridades locales no acataron la orden de Berlín de reprimir a los manifestantes. No se atrevieron a dispararle al pueblo.

Los manifestantes tendrían “un miedo enorme”, como ha dicho Martin Jankowski, uno de los organizadores de la Revolución Pacífica y autor de El día que transformó a Alemania, un libro que describe esa jornada heroica del 9-O. Pero, con toda seguridad, más temores debían de tener los dirigentes del Partido y el Gobierno de la ciudad, abocados al dilema de obedecer a sus superiores en Berlín o evitar una masacre.

Venció la cordura y ganó el pueblo. El ejemplo de Leipzig cundió en toda la RDA. El dictador Erich Honecker renunciaba a sus cargos nueve días después por “razones de salud”. El régimen quedaba descabezado, desorientado y desmoralizado. O peor aún, descoordinado. Al punto de que a un jerarca se le ocurrió anunciar por error que las fronteras de Alemania Oriental quedaban abiertas de inmediato aquel histórico 9 de noviembre de 1989. Fue entonces que los berlineses del este se llegaron al Muro, unos para cruzarlo por los puntos de control y otros para derribarlo a mandarriazo limpio.

La Revolución Pacífica de Leipzig el 9-0 había culminado con el derrumbe del oprobioso muro el 9-N. El resto es historia.

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Sobre el autor

Nicolás Águila

Nicolás Águila

Periodista cubano con residencia en Madrid, licenciado en Filología Inglesa, Nicolás Aguila ha sido colaborador de numerosos publicaciones en varios países, entre ellas Cubanet y la Revista Hispano Cubana. Ha trabajado como docente universitario, traductor y editor de revistas médicas. Residiendo en Brasil obtuvo por concurso una beca de ICI para curso de profesores de español en Madrid. Ha realizado numerosos cursos de posgrado en el área de Lingüística Aplicada y enseñanza de idiomas en Cuba, Brasil y Estados Unidos.

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