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La tortura en Cuba: Testimonio de un secuestro (I)

La tortura en Cuba: Testimonio de un secuestro (I)

mayo 21
14:15 2011

1-DetenidosEl salvajismo del fascismo cotidiano de un régimen totalitario siempre sorprende. Nosotros creímos estar síquicamente preparados para las golpizas. A pesar de las amenazas y de estar potencialmente preparados para el momento en que las Brigadas de Respuesta Rápida (BRR) del castrismo se echaran sobre nosotros, nadie está realmente preparado para eso.

Lo que relataremos no fue decisión inconsulta del populacho o de grupos antisociales. Fue consecuencia de decisiones políticas que involucraron a secretarios generales del Partido Comunista y a oficiales de la policía de la Seguridad del Estado. Se trata de una vocación de violencia institucional. De una violencia orientada por la dirección política del país.

Las Brigadas de Respuesta Rápida fueron creadas por orientación personal de Fidel Castro. Nacieron a principios de los años ochenta del siglo pasado. Son la principal fuerza de choque con que cuenta el régimen para dar carácter populista a sus crecientes necesidades represivas.
Están integradas por una miscelánea de tristes figuras. Movidas por sentimientos de odio y envidia, las componen personas de muy baja calaña. En sus intervenciones públicas, hemos visto en sus filas a individuos con trastornos sicopáticos evidentes, ex reclusos y toda una variedad de sujetos dispuestos a cualquier bajeza con tal de obtener las migajas del poder.

En el episodio que ponemos a consideración, participaron empleados del Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación (INDER) y del Comité del Partido Comunista de Santa Clara, junto a personal del Ministerio del Interior (MININT). Había personas de otras localidades, cuya procedencia no pudimos verificar con exactitud. Tres mujeres cuya identidad no ha sido convenientemente perfilada, se distinguieron en la golpiza que reseñamos.

Entre las víctimas hubo hermanas de la oposición llegadas desde Holguín. María Antonia Hidalgo Mir y Caridad Caballero Batista fueron apresadas por parapoliciales al salir del apartamento en que se encontraban, en el reparto José Martí, de Santa Clara.

Primeramente, ambas mujeres fueron conducidas a la Estación de Policía Ferroviaria ubicada en la Estación de Ferrocarriles de Santa Clara. Allí fueron conducidas al Salón de Reuniones, donde se les golpeó salvajemente. Se les dijo, mientras eran golpeadas, que se lo habían ganado por haber ido, desde tan lejos, a visitar a Guillermo Fariñas Hernández, “Coco”.

Fariñas se encontraba hospitalizado como consecuencia de su ayuno en demanda de Internet para todos los cubanos.

La partida

La última vez que miré el reloj marcaba las 4:10 pm. Nancy y yo nos despedimos de Noelia Pedraza y su madre, Bárbara Jiménez. Junto a ellas se encontraba Idania Yanez.

Nos sentíamos felices a pesar del hostigamiento y el “acto de repudio”. Habíamos llevado a cabo la primera actividad de inicio del “Primer Congreso de Bibliotecas Independientes”, en el apartamento # 5, tercer piso del edificio # 10 del Reparto José Martí, en Santa Clara.

Las BRR se habían retirado sobre las 3:30 pm. Había un silencio desolador después de su retirada. No se veía un ser por aquellos lares. A veces las apariencias engañan.

Nancy y yo bajamos por las escaleras y nos reunimos con Lisset Zamora, Ada Olimpia Becerra, Bernardo Luis Ascanio y Yunieski García López. Hubo indecisiones a la hora de decidir cómo íbamos a retirarnos del reparto. En ese momento noté en las manos de Luis Ascanio, junto a su carpeta, un tubo del diámetro de una y media pulgada por unos 60 centímetros de largo. Esto me molestó, y lo increpé:

-¿Qué haces con ese tubo?

-Orestes, lo traje anoche como protección… -respondió él.

-Por favor Ascanio, sabes que los opositores pacíficos no podemos andar con armas…

-Bueno, Orestes, lo traje y me lo llevo.

-Ascanio, te pido que no andes más con esas cosas, pues pueden virarse contra nosotros.

Alguien intervino:

-¡Dejen las discusiones y vamos!

Ya Olga y su esposo Yoel, que tenían bicicletas, habían salido y tomado por el costado trasero del edificio, en busca de la calle. Nosotros emprendimos la marcha a pie.

Decidimos tomar un atajo hasta la Circunvalación. Esta calle conduce hasta La Riviera. Allí Nancy y yo tomaríamos un carretón de caballos hasta la Terminal de Ómnibus Provincial, para tratar de coger el “Charangón”, un ómnibus sui generis que nos llevaría a Ranchuelo.

Estas eran nuestras intenciones. Por ser 10 de octubre, día feriado, la situación del transporte local había empeorado. Sucede así los domingos y demás días festivos en Cuba.

Los demás se irían a pie hasta sus casas. Todos excepto Idania, que por su embarazo tenía que esperar que algún transporte la acercara a su domicilio. Éste se encontraba en las inmediaciones de la plaza que guarda los turísticos huesos del fracasado guerrillero cubano-argentino Ernesto Che Guevara.

Ascanio iba delante. Conocía mejor los vericuetos que llevan desde el reparto hasta Santa Clara y viceversa. Vivía al otro lado de la circunvalación, en los suburbios de La Riviera.

Me llamó la atención que habíamos salido por el lado del edificio en busca de otro trillo que yo no conocía. Creía que nos iríamos por donde lo habían hecho Olga y Yoel. Era la ruta conocida por mí. Por el lado norte del edificio, en busca de la última calle que acordona la Carretera Central hacia Santa Clara.

El reparto José Martí, compuesto por unos cuarenta edificios, queda encerrado dentro de un anillo y sus entradas son tres. Está distante de todo, a unos 800 metros de la Carretera Central y a otros tantos de la Circunvalación. Sus edificaciones semejan cajones o, como se les conoce popularmente, palomares. Desordenados, como las calles que los rodean, ofrecen poca seguridad a los peatones, principalmente a los niños. Cosa que ocurre también en otras capitales de provincia.

Cruzamos el anillo. Allí encuentras una placita de viandas. Al pasar por su costado, lugar donde situaron el taxi-limusina usado para nuestro secuestro, pregunté por qué nos íbamos por allí. Alguien contestó que porque se cortaba camino hacia la circunvalación.

Uno detrás del otro entramos a un trillo hecho por las pisadas de miles de personas. Un lugar de irresistible fetidez, lleno de lodazales y de la basura que arrojan los vecinos del lugar. No existe un sistema organizado de recogida de desechos. El área tiene unos 500 metros cuadrados y la atraviesa un arroyo que en días de lluvia imposibilita el paso. Fue en este riachuelo de aguas negras donde zambulleron a Nancy varias veces, tomándola por el pelo, las mujeres parapoliciales.

Atravesamos unas cuantas cuadras por el trillo, ya sólo faltaban unos 300 metros para llegar a la circunvalación. El trayecto se hizo con sumo cuidado por las mujeres, ya que era una ruta llena de piedras, botellas rotas y toda clase de objetos peligrosos. Era una tarde lluviosa. Al entrar en la tercera cuadra, me detuve y me desprendí de la capa con que me protegía de la lluvia. Ya no lloviznaba. Estábamos a unos cien metros de la circunvalación. En ese momento, Ascanio nos alerta de que corren hacia nosotros varios paramilitares. Delante, sofocado y alterado, avanzaba el archiconocido Yosmari Junco, connotado activista de las BRR y profesor de judo.

Fragmento del testimonio ”25 kilómetros de terror” (Ediciones El Cambio)

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