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La vagina del tiempo loco (fragmento)

La vagina del tiempo loco (fragmento)

La vagina del tiempo loco (fragmento)
enero 30
23:37 2014

vagina locaEl viejo Iluminado dio un paso al frente en su fila de reclutas de servicio militar. El jefe de pelotón había ordenado medio paso atrás. Lo dejaron fuera de la fila y lo enviaron cuatro meses a un aula en las mañanas, para comprimir sus departamentos cerebrales del deseo, las ansias, los sueños, las fantasías y la fe. En las tardes le enseñaron a ser un ninja honesto, y en el quinto mes recibió el curso La psicología del muro, donde se graduó con altas calificaciones.

Iluminado nunca supo para qué lo entrenaban de esa manera hasta que un coronel le informó de su nuevo trabajo: “Usted ha sido seleccionado para engrosar el personal de seguridad que acompaña a Facundio en sus viajes al más allá del Muro”. En su primer viaje compartió con dos periodistas en la habitación de un hotel en el sudeste asiático. “¿Puedes traernos hielo? —le pidieron después del segundo vaso de leche—. Iluminado caminó treinta pasos por el pasillo, y se paró frente a la máquina sin saber cómo sacar los cubitos de hielo. Por la puerta de una habitación salieron dos mujeres desnudas con rasgos orientales en los ojos, pero con los otros rasgos de las demás mujeres. Una de ellas pretendió restregarle el pubis por la cara. Iluminado se marchó de allí sin tocar ni una teta.

En su trigésimo viaje se golpeó la frente en plena calle. Abrió los ojos ante un artefacto coloreado lumínico que decía “El Adivinador Instantáneo”. En la pantalla de un ordenador estaban su nombre, dirección particular y otros datos personales. “Este aparato capitalista es tremenda mierda”, gritó, como si alguien tuviera que escucharlo.

En ese test psicométrico de postgrado no recibió el máximo de puntos, porque volteó la cabeza cuando una china estornudó por causa del aire acondicionado. En su segundo viaje lo llevaron de visita a la muralla china, y pasó todo el día extrañando el Muro de su patria. En su vigésimo cuarto viaje, una señora se torció un pie en una estación del metro y gritó pidiendo auxilio. “En mi país una mujer se puede jorobar un tobillo, pero lo resiste con firmeza revolucionaria”, comentó Iluminado. Después de aquello dejaron de probarlo.

El brillante Iluminado aprendió a caminar en el extranjero con los ojos cerrados, para no perder el tiempo enviando imágenes descartadas a la papelera de reciclaje. En su trigésimo viaje se golpeó la frente en plena calle. Abrió los ojos ante un artefacto coloreado lumínico que decía “El Adivinador Instantáneo”. En la pantalla de un ordenador estaban su nombre, dirección particular y otros datos personales. “Este aparato capitalista es tremenda mierda”, gritó, como si alguien tuviera que escucharlo. Se había equivocado por un día en su fecha de nacimiento, y contenía un casillero de supercherías contrarias a sus concepciones filosóficas, donde le anunciaban que iba a enloquecer muy pronto. Extendió el dedo del medio de su mano derecha y dejó al aparato plantado con más palabras en la punta de la pantalla. El ánimo se le recalentó y sintió deseos de tomarse una cerveza fría con la frente abultada. Pero no se podía comprar nada en el extranjero.

Sobre el autor

Fernando Godo

Fernando Godo

Fernando Godo nació en Marianao, Ciudad Habana. Es escritor, historiador, compositor, periodista y maestro internacional de ajedrez. En 2005 recibió el título DALF de la Alianza Francesa de París. Su novela “La vagina del tiempo loco” fue recientemente publicada por la editorial Alexandria Library, y es editor de la revista 1%. Reside en Miami.

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