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Laogai, la larga sombra del maoísmo

Laogai, la larga sombra del maoísmo

febrero 03
16:11 2013

laogaiSon equiparables en número y víctimas a los kontslager (campos de concentración) del Gulag soviético. Sin embargo, los centros del Archipiélago Laogai (que en chino significa “reeducación  mediante el trabajo”) del sistema penal de la vasta nación asiática han tenido una mucha más larga existencia de horror, sufrimiento y muerte. Recién ahora el gobierno de ese país declara su intención de eliminarlos.

Lo conformaban tres tipos de establecimientos penitenciarios. Los jiuye se poblaban con trabajadores en categoría de semi-esclavos. Generalmente víctimas de las deportaciones forzosas dentro del país, recibían un pequeño salario con el cual tenían que pagarse el “alojamiento”.

Luego estaban los laojiao, a donde iban a parar los trabajadores administrativos metidos en algún cambalache. Eran todos miembros del Partido con irrefrenables ambiciones, pero representando un escaso 10% de la masa de ladrones militantes que son capturados con las manos en la masa.

El último, más poblado y duro infierno, lo constituye el laogai. Allí el recluso está para trabajar todas las horas que sean necesarias, al tiempo que recibe un intenso e incesante lavado de cerebro ideológico. Por largo tiempo esto se centró en escuchar los largos discursos de Mao y emitir opiniones “dentro de la línea del Partido” sobre la versión del país y del mundo que les trasmitían los medios de comunicación chinos.

Esta ideologización maoísta ya quedó atrás, pero entonces era tan intensa que no se permitía hablar de nada más entre los reclusos. Aunque los guardias no podían agredir o torturar a los presos por otras razones, sí les podían castigar severamente si los sorprendían hablando de la familia o contando un chiste. Además, con el control de la comida siempre contaron con uno de los peores instrumentos de tortura diaria. Las más que magras raciones de alimentos, la principal causa de muerte, de alrededor de  un 40% anual, en sus más duras etapas, además del frío, el agotamiento y la ausencia de higiene personal y general, se encargaban de amansar al más díscolo.

En los últimos tiempos, hasta Internet se transformó en un medio adecuado para que el gobierno chino acumulara dinero digital gracias al trabajo esclavo de avispados reclusos duchos en la navegación por la web.  Pero no todo es coser y cantar. Hay que trabajar muy duro, hasta doce y quince horas diarias, porque deben entregar una cuota diaria de $300.00  en “dinero digital” ganado como premio por navegar dentro de páginas de ventas.

La noticia del final del laogai, aunque recibida con alivio por el pueblo chino y las organizaciones de Derechos Humanos, no por ello oculta la enorme perversidad de un partido político totalitario, mas con vestiduras de capitalismo que han permitido su existencia por demasiado tiempo. 

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