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Las armas de la conquista de América

Las armas de la conquista de América

marzo 25
07:25 2013

aztecasLa conquista de América fue emprendida en firme a partir de inicios del siglo XVI. Resultó un verdadero choque de civilizaciones y culturas que sacudió el continente americano durante varios siglos. Las armas que se enfrentaron en  esta larga contienda fueron muy disímiles.

Por un lado, los conquistadores invadieron con el acero y las armas de fuego. Las espadas toledanas, las largas picas, las corazas y ballestas, probadas en las guerras europeas y en la Reconquista de España a los moros, derrotaron muchas veces las lanzas endurecidas al fuego, las filosas macanas y los acolchados de algodón de los indígenas. También las armas de fuego de los invasores, con el fragor de sus disparos y llamaradas, causaron el pavor de lo desconocido, y tanto en civilizaciones de un alto nivel de complejidad, como la de los incas y aztecas, como entre tribus de un elemental desarrollo, como los depredadores caribes y los pacíficos taínos.

Los invasores apoyaron sus campañas con caballos y feroces mastines, ambos animales completamente desconocidos en el Nuevo Continente, provocando el pánico entre los que enfrentaban.

Pero no todo fue fácil en la conquista para los soldados de fortuna que arribaban a las tierras descubiertas por el extraviado viaje de Colón, buscando el Asia. Una singular arma indígena causó pavor entre ellos. Mas esto no ocurrió cuando invadieron los grandes imperios del continente. La desagradable sorpresa la sufrieron al incursionar en las tierras de los indígenas más primitivamente organizados de las selvas de Centroamérica y América del Sur.

Se tropezaron con el veneno o “yerba”, un mejunje que los hechiceros nativos  preparaban con sustancias tóxicas extraídas de árboles y animales, agregándole hasta sangre de las menstruaciones femeninas. El veneno era tan efectivo que los soldados ya con cierta experiencia siempre cargaban en su morral un anzuelo y una navaja afilada. Aun si la flecha envenenada sólo los hería levemente, o les provocaba un corte a sedal, se ensartaban la zona dañada con el anzuelo. Tirando de ella, con la navaja se despojaban de toda la carne en derredor. Algunas crónicas de la Conquista nos revelan que a veces ni siquiera una medida tan extrema impedía que las convulsiones de la muerte se apoderaran del herido.

Aun así, el veneno no fue el más serio obstáculo que enfrentaron. Los araucanos de Chile constituyeron la mayor feroz resistencia a sus avances en el sur del continente americano. Y fue tanto así que la guerra del Arauca se considera la de más larga duración en la Historia, sostenida hasta después del final del colonialismo español.

Los primitivos pobladores de Chile fueron muy creativos en su enfrentamiento. Aprendieron a defenderse utilizando los mismos instrumentos y técnicas bélicas de sus oponentes españoles. Con las espadas de los adversarios fabricaban lanzas tan largas como las picas hispanas, empleándolas contra la caballería adversaria. También llegaron a dominar los corceles y cargaron contra los españoles conformados en unidades montadas.

Otro punto de feroz resistencia fueron las tierras de la Florida, en los Estados Unidos. Los seminole poblaban sus abundantes pantanos y eran arqueros de muy poderoso tiro.  El Inca Garcilaso de la Vega narra una anécdota al respecto en su crónica sobre esa aventura, Historia de La Florida. Los españoles persuadieron a un aborigen para que probara el  vigor de su arco y flechas. Para ello le colocaron como blanco un muñeco cubierto por un peto de acero de los que normalmente protegían a los soldados invasores.  Desde una distancia de cien pasos, el aborigen atravesó limpiamente no una, sino varias veces lo que los españoles consideraban hasta entonces impenetrable para las saetas indígenas. Sin dudas, con esta muestra de vulnerabilidad, la búsqueda de la Fuente de la Juventud sufrió un serio revés en la febril arrogancia de los nuevos señores del continente.

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