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Las esperanzas de Pablito

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Las esperanzas de Pablito

Las esperanzas de Pablito
octubre 24
10:37 2015

 

Pablo Milanés se nos pone crítico. Afirma que al pueblo cubano solo le queda la esperanza. La esperanza, que es lo último que se pierde, como siempre se ha dicho. O sea, la esperanza en un futuro hipotético que en Cuba siempre es un retroceso al pretérito imperfecto. ¿Será que el cantautor está forzando una traslación a la situación cubana del mito de la caja de Pandora (recordemos que lo único que quedó dentro al cerrarse el cofre, luego de esparcirse todos los males, fue precisamente la esperanza)? No lo creo.

Tampoco parece que el cantautor se base en datos demoscópicos fiables cuando aventura un porcentaje exacto (que en realidad es un ‘guesstimate’, es decir, un estimado al voleo) y nos asegura que el 95 % de los cubanos solo tiene esperanzas en el futuro. Pues yo diría que ni eso, a no ser que se refiera a la ilusión de largarse de la Isla y realizar sus sueños y anhelos en Estados Unidos, bien sea en una balsa, atravesando Centroamérica y México o, los más dichosos, ganándose la lotería en el bombo de visas. Y pa’ la Yuma, asere.

Esperanzas hubo, y no muchas, en los 70 y parte de los 80, pero desde fines de esa década y cundiendo en la siguiente, en los duros años 90, los carteles felices de Robainita se leían al revés, en clave dantesca, con el subtexto de la conocida inscripción del infierno: “Lasciate ogni speranza…” (perded toda esperanza), pero cambiando lo demás: vosotros que estáis dentro.

A la esperanza la pintan verde y se la comió una vaca famélica del periodo especial. Fue remplazada por otra de las tres virtudes teologales: la fe. Y no me refiero al chiste con los familiares en el exterior (aunque también); hablo de la vuelta a la iglesia de muchos y la entrada al templo por primera vez de otros tantos. Actualmente, creo que de eso va quedando muy poco. La reciente visita del Papa a Cuba ha sido el puntillazo. Y, por otro lado, las ilusiones despertadas por el deshielo de Obama me da la impresión de que se están volviendo a congelar.

Aquel es un pueblo descreído y desesperanzado, sin fe ni esperanzas en el futuro de su país y con la poca caridad de quien no tiene ni para un desayuno decente. O sea.

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Sobre el autor

Nicolás Águila

Nicolás Águila

Periodista cubano con residencia en Madrid, licenciado en Filología Inglesa, Nicolás Aguila ha sido colaborador de numerosos publicaciones en varios países, entre ellas Cubanet y la Revista Hispano Cubana. Ha trabajado como docente universitario, traductor y editor de revistas médicas. Residiendo en Brasil obtuvo por concurso una beca de ICI para curso de profesores de español en Madrid. Ha realizado numerosos cursos de posgrado en el área de Lingüística Aplicada y enseñanza de idiomas en Cuba, Brasil y Estados Unidos.

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