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Las playas de Esculapius (I)

Las playas de Esculapius (I)

Las playas de Esculapius (I)
junio 01
20:56 2015

Mariana Montoya penetró en taxi las calles de aquel pueblo caribeño como el que entra en un mundo alucinante. Vio niños achocolatados, a medio vestir, galopando descalzos a ciegas, cual potrillos en la vasta campiña del barrio. Los vio doblarse, recoger cosas de la tierra, metérselas en la boca y escupirlas como las cotorras. También se tiraban piedras unos a los otros imitando cazar pájaros.

A través de la ventanilla vio la tarde de oro emanando hilos de sangre sobre las aguas grises del río e imaginó una brisa fresca y limpia, pero se abstuvo de abrir completamente la ventana y tragar el polvo de afuera.

—¿Qué hora es? —preguntó al chofer con los párpados semicerrados.

Son casi las dos.

Siguió mirando a través de los vidrios las casas encartonadas de mil colores, con puertas abiertas y la misma tierra seca, polvorienta y negra de las calles, cubriendo los pisos de las viviendas. A lo lejos en el horizonte se divisaba el humo del Ingenio. Cerró los ojos un instante. En su imaginación saboreó la dulzura de la caña, la azúcar prieta en el café… De pronto sintió caer bajo ella las llantas del auto, en un hueco duro y sórdido al cruzar el puente, y apretó el cuerpo esperando el impacto seguro, pero el carro salió del hoyo renqueando y siguió deslizándose por el pueblo suavemente, acostumbrado como estaba a ese tipo de maltratos.

Primer capítulo de “Las playas de Esculapius” (Alexandria Library, 2015), novela de Miriam Rodríguez Febles ya en Amazon

—¿Estamos perdidos? —preguntó algo inquieta, inclinándose hacia el hombre que conducía.

—Me parece que sí —contestó tímidamente el chofer inclinado él también hacia delante, como si un torrencial de lluvia le opacara la vista—. No estoy muy al día con este lugar.

Súbitamente, dos cerdos enloquecidos se abalanzaron frente al parachoques delantero y el chofer frenó de golpe.

—¡Caray María de Altagracia! —exclamó más que molesto.

Se secó el sudor de la frente con el dorso de la manga. Había calor fuera y dentro del carro, pero mejor ni pensar en eso.

La joven pegó la frente a la ventanilla. Vio la tarde cayendo sobre el río.

Imaginó la frescura de las plantas acuáticas en la ribera de lodo y piedras. “¿Habrá ranas y lagartijas?”, se preguntó empezando a preocuparse.

—¿Seño, qué me dice si nos regresamos a la capital?

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Sobre el autor

Miriam Rodríguez Febles

Miriam Rodríguez Febles

Miriam Rodríguez Febles nació en Cuba y llegó a los Estados Unidos en la década del sesenta. Médico, especialista en reumatología, ha ejercido su profesión por 15 años en Coral Gables, Miami. Sus artículos sobre medicina han sido publicados por diversos medios de prensa, y ha participado en foros educativos en la televisión norteamericana. Su primera novela, "Las playas de Esculapius", fue publicada recientemente por Alexandria Library.

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