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Las raíces del terrorismo

Las raíces del terrorismo

Las raíces del terrorismo
marzo 10
02:53 2011

 

La resurrección del puritanismo islámico es sólo el gesto desesperado de un diseño religioso arcaico, hoy amenazado en sus pilares básicos por el Estado secular, el modernismo, el avance científico y tecnológico que atraviesa el planeta.

Es el drama de una visión dogmática que rehusa renovarse y se resiste a ceder el terreno de la sociedad civil.

El fundamentalismo proviene del fondo beduino y conservador, xenofóbico y sospechoso de lo foráneo (Mahoma en Medina); contrario a la médula doctrinal islámica que parte de una cultura urbana y comercial (el Califato), más adecuado para la renovación. El terrorismo islámico en sus múltiples escuelas (Septiembre Negro, Hermandad Musulmana, HizbAlláh, Al-Qaida, etc.) es el corolario sanguinario de ese fundamentalismo. Al no existir forma de expresión política, ésta se hace “a nombre del Islam”, pero primitivo, un culto a la nostalgia para “re-islamizar” la sociedad.

La beligerancia del Islam fundamentalista no sólo tiene asidero en las mezquitas y las prédicas de cadíes, imanes y ayatolaes. Existe una extensa obra política, filosófica y literaria, una constante divulgación periodística, que ha servido de orientación ideológica al militante. El libro del egipcio Sayyid Qutub, Las señales en el camino, daría forma a la actual corriente fundamentalista. Qutub fue ferozmente torturado y ejecutado por Nasser en 1966, convirtiéndose en el apóstol de la Hermandad Musulmana y de todo el militantismo moderno. En su manifiesto, argüía que cada musulmán estaba obligado a declarar la jihad contra las sociedades infieles, incluyendo a los nacionalistas árabes. En su visión patológica juzgaba al Occidente como “sintético” y depravado, comparándolo con la declinante Roma imperial, y sentenciándolo a muerte en su obra Islam y los problemas de la civilización.

Generaciones de seguidores refinarían su pensamiento, como el manifiesto La Filosofía de la confrontación, de la organización Jihad al-Benaa, y en el llamado Programa de acción islámica, del grupo Gama Islamiya, documentos editados en 1984 por miembros de la Hermandad Musulmana en prisión. Otro de los pensadores eminentes del radicalismo fue el intelectual egipcio Wail Uthman, el Marcusse del fundamentalismo. Su libro El Partido de Dios en lucha con el partido de Satán, editado en 1970, divide al mundo en dos entidades sociales, y urge a los creyentes a restaurar el partido de Dios para salvar al Islam de Occidente. Por su parte, el periódico cairota Al-Quds al-Arabi, el más leído en el ámbito islámico, fomenta el antagonismo contra los regímenes musulmanes seculares, y la violencia contra el Occidente apóstata.

Los escritos de los radicales pensadores shiítas en Irán, Líbano e Irak se expresan de manera similar a los sunnitas de Egipto y Arabia Saudita, en sus curas de los problemas contemporáneos, y en sus énfasis hacia la confrontación. No era difícil imaginar que este corpus desovara una dinámica de acción contra los “infieles”, sobre todo cuando la barrera idiomática impide al Occidente defender su causa. En 1996, el conocido periodista cairota Mohammed Heikal, en su obra Canales Secretos -que pasó inadvertida en Occidente-, alertaba a éste de la profunda furia y repulsión que contra ellos se anidaba en todo el Islam.

El colapso de los precios petroleros en los años 1980 y las guerras inter-árabes, produjeron una reacción cínica  y puritana en toda una progenie de jóvenes, ambulantes y frustrados, en los bazares mesorientales. Son los condenados de la tierra de que habló Frantz Fanón; los rechazados de las buenas escuelas, los estudiantes nulos, los “disfuncionales” abusados en sus crianzas. Con su promesa de gobiernos más auténticos y virtuosos, estos militantes ansían el poder en casi todos los estados árabes; por eso el debate ya no es entre los defensores del orden secular o del religioso, sino entre quiénes van a gobernar a nombre del Islam. Es la tensión disparatada de toda nación islámica entre la ley divina, por un lado, y la realpolitik del Estado, por el otro.

Pero estos ideales eran tan viejos como su propia doctrina, y fueron abrazados por un partido ideológico egipcio: la Hermandad Musulmana, más temible y arácnida que Al-Qaida, y que desde entonces está en el trasfondo de todos los extremistas, incluyendo al Talibán e ISIS. La Hermandad es la madre histórica y espiritual de tales agrupaciones desde la posguerra, y su leitmotiv por destruir a Israel y desafiar a Occidente ha sido abrazado por las partidas terroristas a través de la jihad o la supuesta guerra santa, para reponer el Califato bajo un paladín carismático, un Emir escogido por su pureza y virtudes.

La emergencia del ala ortodoxa actual –tipo Usman Ben Laden- no guarda relación con el tradicional nihilismo y anarquismo de las bolsas de miseria europeas del siglo XIX. Es una filosofía de crisis de los segmentos educados y privilegiados de la sociedad que se desarrolló en las tumultuosas décadas de 1970 y 1980, al calor de la prosperidad “petro-árabe” y la incertidumbre de identidad que esta desató y que corrompió a una generación de intelectuales y políticos.

Sobre el autor

Juan F. Benemelis

Juan F. Benemelis

Juan Benemelis (Manzanillo, 1942). Diplomático, historiador y ensayista. Ha publicado más de una veintena de libros centrados en diversas temáticas, que van de lo científico a lo histórico. Entre ellos, "Las guerras secretas de Fidel Castro", "Castro: subversión y terrorismo en África", "Paradigmas y fronteras. Al caos con la lógica", "De lo finito a lo infinito", "El Corán y el Profeta", "Islam y terrorismo" y "La memoria y el olvido". Reside en las afueras de Miami.

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