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Las sanciones contra Irán no son suficientes

Las sanciones contra Irán no son suficientes

julio 09
08:53 2012

1-0_aaaa_eu-en-golfo-persico-Como era de esperar, la semana pasada las conversaciones “a nivel de expertos” entre Irán y las potencias mundiales no fueron más fructíferas que las anteriores rondas, dejando poco  optimismo para una pronta solución negociada a la crisis nuclear. Los políticos occidentales, impulsados por su éxito en la reducción de las exportaciones de petróleo de Irán, parecen contentarse con darle más tiempo a las sanciones, con la esperanza de que una vez se sientan sus efectos Teherán volverá a la mesa más dispuesto a hacer concesiones.

La evidencia, sin embargo, sugiere que el efecto de las sanciones no va a aumentar con el tiempo.

En primer lugar, los políticos occidentales tienden a centrarse más en lo que Irán ha perdido que en lo que ha mantenido o ganado. Eso está bien para un debate político, pero no para formular políticas sensatas. Es cierto que las exportaciones de petróleo iraní  han disminuido de 2,5 millones de barriles diarios a 1,5 millones. Pero Irán sigue siendo uno de los principales exportadores mundiales de crudo, manejando en consecuencia miles de millones en moneda fuerte. Y nada indica que la caída de los ingresos haya retrasado considerablemente su programa nuclear, que es el blanco de la ira de Occidente. Irán está enriqueciendo uranio más rápido y a niveles más altos que nunca. Si alguna de las partes puede sentir la necesidad de comprometerse, esa es el “P5 + 1” (los Estados Unidos, Gran Bretaña, China, Francia, Rusia y Alemania). Ellos han reducido sus demandas de que Irán detenga totalmente el enriquecimiento a cambio de solicitar únicamente que lo limite.

Por otra parte, la evidencia histórica no sugiere que el efecto de sancionar a regímenes de fuerza crezca con el tiempo. Numerosos ejemplos, incluyendo la Libia de Muammar Gaddafi, el Irak de Saddam Hussein y la actual Corea del Norte, demuestran que estos regímenes son resistentes y pueden aguantar por mucho tiempo las sanciones, y hasta adaptarse a ellas o eludirlas. También hay buenas razones para creer que los estados que cumplieron con las sanciones a regañadientes no harán nuevas reducciones e incluso pueden aumentar las importaciones de petróleo de Irán, y por tanto la demanda recuperarse. Los datos recientes sugieren que las compras chinas de petróleo a Irán han aumentado, a pesar de una pendiente en el primer trimestre de este año.

Así, mientras los políticos tienen la esperanza de que las sanciones petroleras sigan generando dividendos, es probable que el efecto total ya haya alcanzado su tope. Si los Estados Unidos y sus aliados continúan esperando, el resultado podría ser un período prolongado de inactividad similar al que siguió, en junio de 2010, a la aprobación de la Resolución 1929, y duró hasta que el Congreso y la Unión Europea pasaron a aplicar sanciones a finales de 2011. Al igual que cualquier buen boxeador, Washington debería seguir pegando duro.

Para aumentar de manera significativa la presión, Estados Unidos debe identificar y explotar otras vulnerabilidades del régimen iraní.

Una de ellas es el limitado apoyo internacional a Irán, país que tiene pocos aliados verdaderos. El más importante de ellos es Siria. Esfuerzos internacionales más audaces de cara al derrocamiento del régimen de Bashar al Assad debilitarían considerablemente la posición de Teherán, como lo haría un mayor énfasis en la intersección de armas y dinero que fluye hacia y desde Irán.

Otra vulnerabilidad iraní está en su creciente aislamiento interno. Occidente no debe ser tímido a la hora de cultivar amistades fuera del estrecho círculo del Líder Supremo Ali Khamenei, o de prestar su apoyo a la disidencia.

Por último, Washington debería reforzar la credibilidad de su amenaza militar. Las recientes medidas para fortalecer su postura de fuerza en el Golfo Pérsico son un buen comienzo. Ello debe ir acompañado de declaraciones más graves sobre la disposición de Estados Unidos a emplear la fuerza. Es probable que ello atraiga la atención tanto de Teherán como de Pekín. Si la alternativa es el conflicto militar en el Golfo, China puede ver una mayor reducción en sus importaciones de petróleo iraní –que sería la manera más significativa de fortalecer las actuales sanciones– como lo más prudente.

Las afirmaciones de los políticos occidentales de que no ha habido tiempo para que las sanciones a Irán demuestren su influencia, son un poco como el corredor de maratón asegurando que le sobra tiempo para terminar la carrera. El fracaso de la última ronda de conversaciones, a pesar de la creciente presión sobre Irán, sugiere también que tenemos un largo camino por recorrer.

Originalmente publicado en The Washington Times. Traducción de Neo Club Press

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