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Las variantes del amor

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Fragmento de uno de los dibujos de Aristide que ilustra el libro

Las variantes del amor
julio 21
19:48 2016

 

Cuerpo a cuerpo (Neo Club Ediciones), de Rebeca Ulloa y Aristide Pumariega, no es un libro cualquiera. Es una combinación de creatividad narrativa y dibujo humorístico-erótico. La autora de los relatos se supera a sí misma en comparación con textos anteriores, incluyendo los que ha publicado en colaboración sea con su esposo, un maestro de la caricatura y el dibujo, o bien con amigas del arte de escribir.

Rebeca es una cuentista natural, condimentada con lecturas de una persona que se graduó como licenciada en filología y trabajó en el campo de las comunicaciones, como profesora y como radio-locutora. No me resulta raro observar cómo se ha crecido buscando una mayor elaboración de sus historias en combinación con un mejor dominio del lenguaje, que ya esbozaba antes pero que parece madurar en el libro Cuerpo a cuerpo.

Tal vez me podría retrotraer a Foucault para entender la estructura del libro; pero estamos en el siglo XXI y me opongo a la idea de citar a todos los maestros del mundo, a pretenderlo con un estudio semiótico que podría quizás explicar el texto o dar una pequeña mirada a Cuerpo a cuerpo.

Los “Siete cuentos iniciales” van a exponer diferentes variantes de la narración desde la voz femenina. Veamos por ejemplo cómo se organiza esta colección peculiar a modo de una descripción cabalística. En ellos sobresale el interés por ese juego a veces erótico, a veces simplemente burlón, que recorre todo el libro.

Así, el bien elaborado cuento “Juego de espejos” nos recuerda esos momentos de apasionamiento controlado por las chaperonas familiares enfrentadas a la ingeniosidad de los novios que logran vencer el control de un espejo que sirve como ojo extra, y que aprovecha para que Ella, que “había descubierto aquel viernes, y para siempre, los misterios del amor”, goce de los placeres hasta entonces contenidos. Hay en este relato elementos recurrentes de los noviazgos supervisados, descripciones físicas de una casa en la provincia, pero eso no merma sino que ambienta lo que ahí podemos encontrar.

Hay cuentos como “La clave mi gente” que tratan el tema de los reencuentros, de los olvidos y los amores frustrados. A diferencia del anterior, “La Iglesia del buen pastor”, ofrece un juego, un divertimento que se repite como constante en todo el libro. Ahí nos encontramos con la novia que cambia de compromiso, algo típico de los mundos más mojigatos.

“Amor en el chat” es probablemente uno de los cuentos más ingeniosos pues la tecnología se conecta a las llamadas citas a ciegas. El tiempo va recorriendo una historia que me recuerda “Un cuentecillo triste”, de Gabriel García Márquez. Ojo, no se equivoque el lector. Si bien este encuentro fugaz recuerda el aburrimiento de los candidatos a amantes, lo logra la autora a partir de su propia creatividad. Es una excelente pieza narrativa.

En “La novia”, vuelve la autora al tema recurrente, irónico de las relaciones mal conducidas. La protagonista abandona, especie de venganza contra el novio desamorado. Rebeca, o mejor dicho la narradora, está del lado femenino y vale la pena leer esta pieza.

Cierra esta sección con “La más bella…1836”, que a modo de leyenda romántica, como en las de Bécquer, se juega con la muerte, el amor y las apariciones. El tema de esta pieza se imbrica en las demás secciones por lo de los amores que se frustran o no se completan.

Paso brevemente a observar los dibujos de Aristide. Como siempre este artista plástico carga de humor los dibujos, que son eróticos en sí mismos por lo de la sorpresa o el disfrute de las cualidades femeninas por parte del varón. Aun cuando Striptease se convierte en el ejercicio lúdico más burlón del conjunto. Esta sección ofrece un giro en el punto de vista, pero sirve de preámbulo al final del libro.

Ya inmersos en los “Siete cuentos finales” vemos la ilustración del amor que mata, del amor que se disfruta por parte del artista plástico que enriquece el conjunto que le sigue.

En “Veinte años atrás” vuelve la narradora femenina a jugar con la historia. Como en el conjunto, a modo de distanciamiento, se nombra a los personajes por medio de pronombres personales genéricos. Muy interesante sin duda, con textos a modo de versículos pareados o individuales se llega al momento en que la mujer decide: “Ella dice, susurrando apenas, que el viento se ha llevado las cenizas de veinte años atrás”.

¿El amor? ¿El deseo adolescente? Eso lo encontraremos en “De donde viene ella”. Sin embargo, y por el contrario, en “Marucha” hay una especie de recreación del relato familiar, de la leyenda contada por las abuelas, como dice la narradora. Una historia con final feliz no siempre se presenta en este libro, y en “Marucha” eso se logra al menos porque “Mi abuela me lo contó”.

Tal vez por esa revolución de los asuntos amorosos y de relaciones de pareja que hemos vivido en las últimas décadas, el cuento “Aquel asunto” podría parecer un tema recurrente. Recuerdo “El bello Antonio”, película italiana donde su protagonista no se decidía a consumar el matrimonio, lo que brindó, como en este cuento específico, una ola de rumores acerca de la masculinidad del protagonista. Pero Rebeca Ulloa, valiéndose del ardid de los finales múltiples, nos da a escoger entre varias situaciones para que nosotros decidamos el que mejor nos acomode.

“¡Oh vida!” combina la música, la canción nuestra con una más de las historias amorosas, realizadas o sin realización total. Eso lo hemos apuntado. Entonces la estructura del mismo, como en varios de los relatos del libro, es una particular manera de narrar las situaciones con cierta complejidad del narrador omnisciente y con unos personajes nuevamente delineados sin nombre, solo por los pronombres.

Pero quizá el hecho de que se den estas circunstancias en el libro no impide ver que el tema del matrimonio, de los noviazgos, del descubrimiento del amor, pasa en Cuerpo a cuerpo por el tapiz de las estructuras delineadas por el autor y los narradores. Por eso tal vez el cuento que da nombre al libro exponga un jugueteo en que lo moderno, la computación, exprese tal vez los deseos ocultos, tal vez realizados de una pupila universitaria –al menos eso pienso yo– y su maestro. Ahí se encuentra una clave para entender esa combinación de situaciones que tan bien ilustra Aristide como parte de la del libro que comentamos para un lector inteligente que vaya más allá de estas palabras. Encontremos esa fuerza femenina que vence los prejuicios y las barreras. Vale la pena.

Domingo 31 de julio. 8:00 p.m. Presentación de ‘Cuerpo a cuerpo’ (Neo Club Ediciones), libro con textos de Rebeca Ulloa e ilustraciones de Aristide. Presentado por Waldo González López. En el Miami Hispanic Cultural Arts Center (111 SW 5ta Avenue) como parte del Festival VISTA.

Sobre el autor

Julio Benítez

Julio Benítez

Julio Benítez (Guantánamo, 1951) es profesor y escritor. Fue activista de los derechos humanos en Cuba. Ha publicado, entre otros libros, “En Glendale no hay ladrones”, “Las tres muertes de Gurrumina Robinsón”, “La reunión de los dioses” y “El rey mago”. Obtuvo el premio Regino Boti en 1990. Actualmente reside en Los Ángeles, California.

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