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Lecturas de Zoé Valdés: La pureza irresistible de un libro

Lecturas de Zoé Valdés: La pureza irresistible de un libro

mayo 28
12:29 2012

1-0_biblioteca_zoeZoé Valdés nació en La Habana y recibió asilo en París en 1995, donde vive desde entonces. Opositora destacada del régimen de los hermanos Castro, ha publicado decenas de libros, recibido numerosos reconocimientos internacionales, ejercido como jurado de prestigiosos concursos y su blog es uno de los más populares del exilio cubano.

Recientemente, Valdés recibió de manos del alcalde de París, Bertrand Delanoë, la Gran Medalla de Vermeil –por su papel en la defensa de los Derechos Humanos en todo el mundo–, la más alta condecoración que otorga la capital de Francia.

Kiko Arocha. ¿Qué libro estás leyendo ahora?

Zoé Valdés. Nunca leo un solo libro, leo varios al mismo tiempo. Así que estoy releyendo Lo bello y lo siniestro, de Eugenio Trías; Les Salons, de Bernard Minoret y Claude Arnaud. Y leyendo Todo lo dieron por Cuba, de Mignon Medrano y Una isla que cubrieron de sangre, de Enrique Cazade.

KA. ¿Dónde y cuándo acostumbras a leer?

ZV. Leo preferiblemente por las mañanas y por la noche, pero puedo leer en cualquier parte. Mi sitio preferido durante el día es un butacón forrado de tela suave, junto a un ventanal que da al Boulevard Bourdon y al Sena, allí donde “hacía un calor de 37º” y se encontraron Bouvard y Pécuchet en la novela de Gustave Flaubert. Por la noche leo en la cama, o en mi despacho. Leo también en el metro, y en la guagua o bus. Soy muy parquera, me agrada sentarme en un parque a leer, sobre todo en verano, claro, y oír las exclamaciones de los niños. Lo hacía mucho en la Place de Vosges, donde llevaba a mi hija a jugar, o en El Jardín de Luxembourg. Detesto leer en los cafés, es un ruido que no me va. Aunque me gustan algunos ruidos, pero prefiero el silencio. En Cuba iba a la playa a leer.

KA. ¿Cómo lees? ¿Subrayas y haces notas en los márgenes?

ZV. Depende de los libros, pero sí, subrayo y hago notas, tengo varios cuadernos en los que hago anotaciones de lectura, aparte. Los cuadernos se han multiplicado ad infinitum.

KA. ¿Cuánto lees?

ZV. Leo mucho, pero no todo lo que quisiera o pudiera.

KA. ¿Cuál fue el último libro extraordinario que has leído?

ZV. Lo pone usted difícil. Han sido varios. Le diré uno: El Cronista de Cine, en su versión íntegra, de Guillermo Cabrera Infante, que acaba de salir publicado en el primer tomo de sus Obras Completas. Para un amante de la literatura y del cine es impactante, porque es crítica de cine y es literatura.

KA. ¿Cuáles son los libros que han tenido mayor impacto en tu vida?

ZV. También han sido muchos. Diré algunos con miedo de quedarme corta, y por favor, no haga caso del orden, los cito de memoria, mientras le respondo: Gargantúa y Pantagruel, de François Rabelais; Bouvard y Pécuchet, de Gustave Flaubert; Poeta en Nueva York, de Federico García Lorca; Los juegos del agua, de Dulce María Loynaz; Versos infantiles, de Juana Borrero, Sab, de Gertrudis Gómez de Avellaneda, En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust; El golpe de gracia, de Marguerite Yourcenar; El problema de la raza negra en Cuba, de Emilia Bernal; Ensayos martianos de José Martí y su poesía; La isla misteriosa, de Julio Verne; Yo acuso y Nana, de Émile Zola, Los trabajadores del mar, de Víctor Hugo; El Grand Meaulnes, de Alain Fournier; El Gaspard de la Nuit, de Aloysius Bertrand; El Aleph de Jorge Luis Borges; La Habana para un Infante Difunto, de Guillermo Cabrera Infante; Otra vez el mar, de Reinaldo Arenas, Hombres sin mujer, de Carlos Montenegro, A sangre fría, de Truman Capote; Las flores del mal, de Baudelaire; Cementerio Marino, de Paul Valéry; Los Cantos de Maldoror, del Conde de Lautréamont; Carminas de Safo, y las de Cátulo; El Libro del Desasosiego, de Fernando Pessoa; El barón rampante, de Italo Calvino; El Monte, de Lydia Cabrera; El azul del cielo, de Georges Bataille, Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar, de Fernando Ortíz; Cuba, economía y sociedad, de Leví Marrero; Las aventuras de Sandokán, de Emilio Salgari; Tender is the night, de F. Scott Fitzgerald; Luz de agosto, de William Faulkner; El corazón es un cazador solitario, de Carson Mc Cullers; Delta de Venus, de Anaïs Nin; Poesía, de Sor Juana Inés de la Cruz; Poesía, de Rosalía de Castro; Poesía, de Arthur Rimbaud; Cartas al padre muerto, de Jorge Manrique; Lluvias, de Saint John Perse; Poesía, de Rainier María Rilke; De la carne al éxtasis, que es un clásico de la literatura erótica china, cuyo autor es Li Yu, el Moliére de China; El enfermo imaginario de Moliére, El atormentador de sí mismo, de Terencio, Fedra, de Jean Racine, Querelle de Brest, de Jean Genet, El Pabellón de Oro, de Yukio Mishima; El Palacio de las Bellas Durmientes, de Yasunari Kawabata; La invención de Morel, de Adolfo Bioy Casares; Bomarzo, de Manuel Mugica Láinez; La Casa Verde, de Mario Vargas Llosa; La mujer justa, de Sándor Márai, Tierras Bajas, de Herta Müller; La caída de la casa Usher, de Edgar Allan Poe; Cuentos, de Antón Chéjov; Lolita, de Vladimir Nabokov; La montaña mágica, de Tomas Mann; Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll; Peter Pan, de J. M. Barrie; Ulises, de Joyce; El maestro y la margarita, de Mijáil Bulgákov; El seductor, de la novelista cubanofrancesa Marie de Regnier, que firmaba como Gérard d’Houville y era la hija del poeta cubano José María de Heredia; La muerte de Virgilio, de Hermann Broch; El hombre que se llamaba Jueves, de G. K. Chesterton; El hombre sin atributos y Las tribulaciones del joven Torless, de Robert Musil; Grande Sertão, de João Guimarães Rosa; Diarios de Adán y Eva, de Mark Twain; Dafnis y Cloé de Longo; El Satiricón, de Petronio; El banquete, de Platón; Los Pensamientos, de Pascal; El rey de la máscara de oro, de Marcel Schwob; Los acantilados de mármol, de Ernest Jünger; Voyage au bout de la nuit, de Louis-Ferdinand Céline; Venezia, de Paul Morand; Poesía, de Stéphane Mallarmé; Poesía, de Max Jacob; El cuarteto de Alejandría, de Lawrence Dürrell… y los que me queda todavía por mencionar… De esos autores he leído todo, y me gusta casi todo. O todo. Prefiero La Eneida a La Odisea, aunque me gustan ambas.

KA. ¿Lees ficción o realidad? ¿Cuáles son tus géneros favoritos y tus autores favoritos?

ZV. Leo poesía, ficción, ensayo, teatro, en ese orden, y luego la prensa a diario, que es a lo que seguramente ha llamado usted realidad. Mis géneros favoritos son la poesía y la novela para escribir; para leer la poesía y el ensayo. Mis autores favoritos son los que he puesto arriba, en la respuesta anterior, aunque me faltan algunos que olvido –que me perdonen–, y otros constituyen mis fetiches secretos. Mire, me faltaron, qué memoria la mía: Elsa Triolet y sus Rosas a crédito; La bella romana y El conformista, de Alberto Moravia, Jaime Gil de Biedma y Constantino Cavafis , Jean Cocteau, Roland Barthes, Claude Lévi-Strauss, Patrick Modiano, Jean-Marie G. Le Clézió, y le repito, además de los autores de la pregunta anterior.

KA. ¿Prefieres reír o llorar cuando lees?

ZV. Prefiero emocionarme y pensar al mismo tiempo. Emocionarme poéticamente y un poco más fríamente analizar el propósito del autor, lo que yo llamo armarme de su soledad. Acompañar mi soledad con la suya. Me río y lloro casi siempre. Y a veces lloro de la risa. Me fascina erotizarme con la lectura.

KA. ¿Prefieres un libro que te entretenga o uno que te enseñe?

ZV. Ambos. Creo que la enseñanza puede ser muy entretenida, y que en el entretenimiento también hay elementos que se aprenden con un válido afán de profundización del conocimiento. No me molesta la literatura que pretende entretener con franqueza, si es a lo que se refiere. En francés, entretenir significa además cuidar, mantener.

KA. ¿Solamente lees libros de editoriales consagradas o te arriesgas a leer libros autopublicados?

ZV. Generalmente elijo los libros por el título y el nombre del autor. He descubierto libros extraordinarios editados por una pequeña casa editorial o autoeditados. También he descubierto títulos solamente, y luego me he hecho fanática del autor.

KA. ¿Cómo escoges el próximo libro que leerás? ¿Vagando por las librerías? ¿Leyendo reseñas? ¿Oyendo recomendaciones de los amigos? ¿Atendiendo a las promociones?

ZV. Me gusta el acto social de visitar una librería, de saludar a ese médico de cabecera del alma que es el librero, de oírle sus recomendaciones. Los libreros, sin embargo, como todo lo bueno de este mundo, están en franca minoría y en extinción, me refiero a los verdaderos. Ahora nos podemos encontrar con ideólogos y con promotores de la literatura de izquierdas en las librerías, y lo peor es cuando promueven a las editoriales que promueven a esos autores, sean buenos o mediocres. Hoy en día se trata de todo menos de verdadera lectura y verdadero arte, o sea, cultura.

He descubierto casi todo lo que he leído, que es vasto aunque caótico (por la manera en la que se leía en Cuba durante mi infancia y juventud), en las librerías, en las librerías de viejos, y los basureros. Aquí se botan muchos libros nuevos. Aprecio las opiniones de mis amigos lectores, y leo las reseñas también. Tuve la suerte de vivir con tres mujeres muy lectoras: mi abuela, mi madre y mi tía. Sus lecturas eran muy variadas, eso me enriqueció mucho. Mi abuela materna, irlandesa de origen, leía a Baudelaire, ella era declamadora de poesía, actriz de teatro. Mi madre leía lo que podríamos considerar raro para una camarera como lo era ella, Don Quijote, Las mil y una noches, El mastín de los Baskerville… y así de suite en esos tonos. Mi tía leía las novelitas de Corín Tellado. Las tres, después, me pasaban lo que leían. Y yo lo devoraba.

KA. ¿Cómo compras los libros, en las librerías o a través de la Red?

ZV. Prefiero ver el libro, acariciarlo entre mis manos, leer la primera y la última página, antes de adquirirlo, por suerte tengo tres librerías cerca de casa, de las antiguas, donde soy cliente desde hace ya 18 años, y además varios centros comerciales donde venden libros, también éstos relativamente próximos. Pero es cierto que en la actualidad algunos libros solamente se pueden adquirir a través de internet. Y también me los procuro de esa forma. Nunca he tenido una decepción.

KA. ¿Qué títulos para leer están en tu horizonte?

ZV. La Gaviota, de Sándor Márai; La Piel del Zorro, de Herta Müller; y Ayer de camino, de Peter Handke, que se me olvidó citar en la respuesta sobre los autores o libros que me impactaron. Estoy algo atrasada en lecturas, también tengo en lista el último de Philip Roth. Y varios libros sobre historia de Cuba.

KA. ¿Lees libros electrónicos en la pantalla de tu computadora? ¿Compraste un lector de libros electrónico o lo tienes en la mirilla?

ZV. Sí, sí puedo leer en la pantalla de la computadora, pero no es lo que hago habitualmente. Yo leo en el libro. Tengo un iPad y no he descargado nada todavía. Pero lo haré, es cómodo, pero sólo eso. Soy coleccionista de dedicatorias, y me gusta poseer el objeto que es el libro, hacérmelo dedicar, y entregarle mis pulsaciones íntimas.

KA. En caso que tengas un lector de libros electrónico como Kindle, Nook o iPad, ¿puedes compartir tu experiencia?

ZV. Mi experiencia hasta ahora con el iPad es fantástica, pero no en relación a la lectura, todavía no. Es sólo una manera de estar comunicados con los demás. Y para leer se necesita estar comunicado consigo mismo, y con el autor, en solitario. El libro no te permite desplazarte de una página de un libro a una mensajería o a una búsqueda en internet como lo permite el iPad. Eso es lo que tiene de único el libro, que es sólo eso, un libro, en toda su pureza. Como el cante jondo, o un aria de Lully o de Verdi, que son de una pureza irresistible.

http://alexlib.com/

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Sobre el autor

Kiko Arocha

Kiko Arocha

Modesto Arocha (Kiko). Nació en La Habana en 1937. Ingeniero en Electrónica y doctor en Ciencias Técnicas. Llegó a Estados Unidos en 1995 y decidió reinventarse como traductor y editor de sitios web y de libros, para lo cual fundó la editorial Alexandria Library (www.alexlib.com) en Miami. Es autor del bestseller "Chistes de Cuba", una antología de chistes populares contra el castrismo que recopiló en la Isla.

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