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Zen, muerte al metarrelato espiritual

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Una de las principales enseñanzas  que diera el Zen al mundo fue advertirnos para que el conocimiento  espiritual no cayera en manos de la tradición y la historia. El Zen había surgido como un espíritu iconoclasta, individual contra el budismo, el taoísmo, el jainismo y toda la tradición religiosa de la India. Pero, a medida que avanzó sobre los siglos, también se convirtió, paradójicamente, en una funesta tradición.  Ya no existen maestros Zen, sino intelectuales del Zen. La experiencia auténtica Zen ha sido disfrazada y convertida en conocimiento intelectual sobre el Zen.

El Zen dice que Buda, el despertar, no tiene nada que ver con el budismo, el Tao nada que ver con el taoísmo, el Cristo nada que ver con el cristianismo. Que lo único que “relaciona” lo individual con lo colectivo, el despertar con el sueño,  es la tradición. En este sentido Buda está relacionado con el budismo por mediación de una fuerte y larga tradición de seguidores, no de auténticos buscadores.  También sucedió con la experiencia tántrica, con la sublimación del sexo. El Tantra, al caer en manos de la tradición, produjo una voluptuosa literatura. Pero las técnicas, los métodos tántricos que se enseñaron en aquellos  primeros días para superar la subjetividad del sexo se fueron desarrollando  después  basados  en una metafísica intelectual. Lo que queda hoy del Tantra es una “tradición intelectual”. Todo lo que se dice sobre el sexo está dentro de lo conocido, envuelto en una historia. Nada nuevo se dice al respecto. Y cuando nada nuevo se dice y todo es repetición, tradición, es porque no ha habido florecimiento alguno de la auténtica  experiencia. Pero como ya señalé, el Zen ha caído en la trampa de la tradición.

El fenómeno de la trampa es muy sutil. Llega con la imaginación. Y con la imaginación se crea cualquier tradición. Si nos imaginamos que la Kundalini, la energía vital humana, va ascendiendo al ego, al intelecto,  es capaz de transformarlo en una vivencia real. Para el Zen el objetivo fue siempre superar todo lo que viniese de la imaginación, del intelecto. Si se recuperase  el carácter iconoclasta del Zen, de que por mucho que se imagine sobre el conocimiento espiritual se trata solo de un concepto dentro del metarrelato espiritual  y no de una experiencia y un fenómeno existencial, la libertad será un fenómeno intelectual. De lo contrario, la  transformación y el crecimiento del espíritu quedarán  anulados por el concepto de la tradición. El Zen aporta al mundo lo esencial  de la evolución espiritual. Crea una nueva percepción acerca de la religiosidad. Es la cima de un renacimiento sobre la tradición espiritual, que es  trascender desde una posición existencial  el concepto mismo de lo espiritual. El Zen no simpatiza con ningún concepto, con ninguna palabra que devenga en significado espiritual. El Zen es libertad absoluta. Libertad sobre el valor supremo de la individualidad humana.

Pero la tradición espiritual ha tocado con creces el mundo de la literatura y el libro, y ha incluido al Zen como una tradición. Muchos libros que se publican acerca del conocimiento espiritual siguen una liturgia únicamente  bibliográfica, por eso no llegan al fondo de lo esencial, lo que después deviene fenomenología tradicionalista. En la mayoría de estos libros no encontramos nada acerca del espíritu iconoclasta del Zen, del principio individual. Encontramos el espíritu del ego espiritual. Por eso el Zen fue desterrado de su espíritu iconoclasta, transformador, por el espíritu de la tradición. El Zen acompañaba una de sus enseñanzas prácticas con la siguiente frase: “Si llegas a ver al Buda delante de ti, mátalo”.

Matar al Buda es una manera simbólica de dar muerte a la tradición espiritual del budismo, basada en la imaginación. El Zen no es solo una enseñanza en el campo espiritual, sino una búsqueda completa, social y sicológica, del hombre sobre la tierra. El Zen posee la percepción adecuada para desembarazarnos individualmente de los condicionamientos espirituales, religiosos, sociales, psicológicos y culturales. Posee la percepción última sobre la libertad humana.

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