Existe en el ser humano una fuerte capacidad --contradictoria per se-- para no traspasar el límite de la recurrencia tradicional. A veces intentamos zafarnos de la estafa que es estar inmersos en la tradición y lo establecido, pero resulta que al momento de la verdad, de dejar atrás lo rutinario, de expresar un gesto verdadero, resulta que todo era pura imaginación, teatralidad.
Algunos van engañándose a sí mismos, creyendo que son auroras de un nuevo amanecer.
El término “camaleón”, proveniente de esta inconsistencia existencial, es el más adecuado para tipificar la contradictoria acción de un sujeto que enmascara muy bien su doblez. Aunque se la pasan hablando de lo novedoso, de lo original, de la discontinuidad sociocultural respecto al pasado, e incluso hacen referencia textual al concepto del relato antirrelato, no son más que imaginación proyectada sobre el miedo a transgredir lo establecido.
Como el hombre ha vivido a través de tantos relatos, cuentos, novelas, ensayos, no puede escapar a las ataduras de la tradición. Al hombre, aunque reserve mucha voluntad para otra cosa, le falta voluntad para el crecimiento individual. Por eso vemos a muchos de estos sujetos que, cuando llega el momento de expresarse verdaderamente, huyen del peligro de lo desconocido, de la libertad, y vuelven agazapados a lo que siempre, en el fondo, los identifica: desvanecen su responsabilidad como individuos en los hombros de lo establecido. Esta es la esencia del hombre mediocre, del camaleón. En la superficie parece muy inteligente, pero en el fondo, cuando registra su “existencialidad”, está contaminado por la trivialidad. El “camaleón” tiende a llevar una vida fingida.
De pronto surge una “fenomenología creativa”, un libro, por ejemplo, y el mundo de la existencia queda a un lado, sustituido por la banalidad que constituye esa fenomenología. Antes todo esto se escondía, porque el ego no había encontrado aún suficiente apoyo.
El camaleón intelectual mide sus virtudes no por lo que pueda crear, sino por cómo lo que va creando lo une e identifica con la tradición, con el metarrelato institucional.
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