Cuando el gobierno al frente de la triunfante Revolución Cubana propuso El Quijote como primer libro a publicarse, inauguraba con ese gesto simbólico, canónico, el renacimiento de un humanismo (neorromántico) que veía fallecer ante sus ojos la esencia del humanismo tradicional. Tal y como lo explica más de una opinión, en esos años de posguerra, a nivel internacional, ya era insostenible e imposible que una "bibliofilia" pudiera mantener la comunicación estable para una síntesis política y cultural de las naciones en desarrollo.
El humanismo (escritura y literatura) ya no era capaz de regularizar un sistema de comunicaciones (un lenguaje alternativo) para enfrentar los desafíos venideros de la gran masa y los pueblos. Esa manera de moldear (educar) a las naciones por medio de una escritura basada en el "amor y la amistad" estaba destinada a fracasar.
¿Qué se entiende por escritura y literatura en este sentido? La base literaria de la formación de las naciones. Cuba, como todas las naciones, nació de una escritura y literatura basadas en esa relación de "amistad" entre gobernantes y gobernados. Los medios literarios y escriturales fueron y siguen siendo hoy en Cuba las vías ficcionales para crear la nación en el sentido socialista del término. El gesto simbólico de publicar El Quijote, canon de la literatura mundial, como el primer libro dentro de la política editorial de la Revolución, es prueba fehaciente de que los nuevos gobernantes daban continuidad ficcional al humanismo que iniciaran los próceres de la independencia bajo el influjo de una literatura política y cultural.
En este sentido, la Revolución Cubana puede definirse como sigue: una Cuba literaria (humanizada del salvajismo) o un nacionalismo literario que penetra en toda la vida política y sociocultural del país oponiéndose a la bestialidad humana. En otras palabras, una intromisión del poder por medio de la escritura y la literatura. O el totalitarismo basado en los medios de la escritura y las ficciones literarias. El mejoramiento del hombre (esa contraposición entre lo cultural y lo bestial) a través de estas ficciones o utopías que constituyen la esencia de la "insularidad letrada" o la "Cuba literaria". Antes del apoteósico arribo de la Revolución ya existían atisbos, prefiguraciones ficcionales, para empezar una transgresión del poder sobre la vida pública y social.
La literatura propugnaba afianzarse en el poder y asumir el medio comunicativo por el cual llevar a vías de hecho un cambio de solidaridad y justicia social. El grupo literario Orígenes, que dirigiera Lezama Lima por la década del 50, es el mejor ejemplo de esa vuelta al humanismo para decidir sobre los destinos de la nación. Lo que estaba obsoleto en la vida ética y moral republicana no era la gestión administrativa de los gobiernos, sino esas formas ficcionales, comunicativas, llevadas a efecto desde antes, entre los gobernantes y los gobernados, por medio de una literatura y escritura independentistas. El sentido de Orígenes era el mismo que el de la Revolución, solo que la intromisión comunicativa estaba plagada de una religiosidad católica y no ideológica propiamente dicha.
Precisamente por esos años en Cuba, como en otras partes del mundo, las bases comunicativas por las cuales se habían fomentado los estados nacionales, comenzaban a languidecer. En América Latina el socialismo fue una vuelta a esa ficción comunicativa a través de la literatura y la escritura. Piénsese que un Borges, crítico agudo del peronismo, no escapa a ese modelo escritural de ficciones nacionalistas. Pero alguien ha dicho que en la actualidad en Cuba se ejerce una historiografía crítica al margen de la oficialidad, como una subcultura. No lo creo, porque aún subsiste la base de una Cuba literaria empeñada en resistir el inminente paso arrollador de las nuevas formas telecomunicativas por medio de los medias, la globalización e Internet (cuyo sistema de comunicación desplaza en el mundo entero las viejas formas de la escritura y la literatura, creando una nueva síntesis política y cultural en el desarrollo de las naciones pos-escriturales).
Esa historiografía y literatura críticas que se escriben dentro y fuera de Cuba todavía palpitan bajo las viejas formas comunicativas del humanismo. La evidencia es palmaria incluso en las ideologías de los sujetos culturales que habitan fuera de Cuba. Viven en un medio comunicativo posnacional y, sin embargo, se resisten a aceptar que los días de la literatura y la escritura como medio ficcional para crear naciones (o mejorar al ser humano) están terminados. Creen en el canon literario, en el símbolo de El Quijote, sin tomar en cuenta que están fomentando obedientemente el "amiguismo nacionalista". Siguen pensando en la alfabetización por medio de la antigua relación libro-escritura. Cuba literaria, o el nacionalismo literario cubano, no son más que otra manera de llevar a cabo la alfabetización propugnada por la Revolución Cubana.
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