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Lico, la música universal

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Lico, la música universal

La familia Jiménez, padre e hijos (Once Upon a Town)

Lico, la música universal
septiembre 27
13:48 2015

 

La historia musical cubana ha sido esencial ingrediente de su cultura. Debemos decir que sus creadores asimilaron la diversidad de las expresiones venidas de Europa, que a su vez influenciaron verticalmente a los artistas cubanos en general. El arte es uno solo y por lo tanto es de todos, así que no debe sorprendernos que en ocasiones haya semejanzas entre un músico y otro: en lo homogéneo radica lo diverso.

En estas semejanzas entre los grandes de siempre nos debemos detener, y sobre todo sentirnos orgullosos de que se haya revalidado con el tiempo, ya desde el siglo XVIII. Después de hundirnos en la historia y desprender el humo arremolinado en torno a su figura, quiero hacer un recordatorio del genial y universal músico Lico Jiménez.

En 1851 nace José Manuel Jiménez, el día 7 de diciembre en la villa de Trinidad. Sus íntimos amigos y sus más fervientes admiradores le llaman “Lico” simplemente. Pianista genial según los entendidos de su época y los que tuvieron el privilegio de escuchar sus interpretaciones, se dice que fue uno de los más grandes ejecutantes de todos los tiempos en Cuba.

Su padre José Julián, mulato moruno, de complexión fuerte, fue un músico excepcional, muy favorecido por las condiciones de esa época a pesar de que era negro. Los patrocinadores del llamado boom azucarero de Trinidad hicieron todo lo posible para que él y su familia pudieran desarrollarse como artistas –entre ellos estaban Justo Germán Cantero, Juan Guillermo Béquer (Mr. Baker) y Federico Lencoulk–, por lo cual pudo viajar a Europa con sus hijos. En Leipzig, el trinitario recibió clases de los profesores Jorge Sulk y Fernando David en violín; de piano con Moschellos y de armonía con Ritter. Por sus favorables logros en el Conservatorio, su inteligencia y su dedicación en el aprendizaje, el progenitor de los Jiménez destacó durante mucho tiempo entre los principales violinistas de la famosa orquesta del Geivandhauses, en Leipzig, y después participó con sus dos hijos, Nicasio y José Manuel, con los cuales alcanzó grandes logros a escala mundial. París fue la ciudad donde organizó una orquesta y a la vez compuso innumerables danzas y guarachas.

Debemos decir que en la Sala Herz, ante el arte del padre y los dos hijos oriundos de la villa de Trinidad, los críticos más prominentes destacaban al mancebo Lico por sus ejecuciones pulcras, emocionantes, distinguiéndose en su tecnicismo y predominio en la composición. Lico obtuvo el primer premio en el conservatorio de Leipzig y también el Primer Premio del Conservatorio de París. El viejo continente rindió pleitesía al joven músico cubano.

Lico siempre fue admirado por su alto nivel de ejecución, que le valió reconocimientos de Liszt y Wagner, quienes presenciaron sus conciertos. Los auditorios más prominentes de Europa y América manifestaron su fascinación por su depurado tecnicismo, su temperamento interpretativo y su gusto melódico.

La nostalgia lo impulsó a retornar a Cuba, aun sabiendo que al volver se encontraría con la discriminación y el despotismo de los colonialistas, ese desprecio con que las autoridades de la época veían a los músicos cubanos eminentes, mucho más si eran negros. Pero una nebulosa sensorial por la patria se entrecruzaba, y a pesar de todos los sinsabores Lico tenía que arriesgar.

En una ocasión en el Teatro Tacón, en 1879, el célebre Ignacio Cervantes tuvo el privilegio de escucharlo en un concierto. Al oír a Lico, escribió un artículo lleno de apologías, afirmando que “Jiménez es un pianista de primer orden”.

Lico regresó a Cienfuegos, donde había vivido parte de su juventud y estudiado con el maestro Guillermo Tomás, otro gran músico y compositor de contradanzas muy populares en esa época. Allí participó en la educación musical del hijo de su maestro Tomás, y de la diva Anita Aguado. En la sociedad “El artesano” efectuaba conciertos con las mismas piezas que había dedicado a las coronas de Europa. Con la misma fogosidad y técnica pianística, dedicó a los humildes y a los hijos de los trabajadores lo mejor de su arte sensacional.

En la época en que “Lico” estaba en Cuba, el ambiente se presentaba turbio y por supuesto nada favorable para el desarrollo del arte cubano. Lico, amargado, partió hacia Europa nuevamente, dejando atrás a su querida Anita Aguado. Ya en Hamburgo instaló su nueva residencia, y pronto fue nombrado director del conservatorio de la ciudad. Allí estrechó lazos afectivos con una dama alemana, y creó una familia.

En los años en los que se forjaba la independencia y tenían lugar las luchas de Cuba encabezadas por José Martí, no dejó de tener correspondencia con sus queridos amigos los Tomás. Muchas de las obras musicales de Lico Jiménez fueron escuchadas y divulgadas entre los emigrantes cubanos exiliados en Estados Unidos, en vísperas de la creación del Partido Revolucionario Cubano, sobre todo en funciones de gala para la causa independentista organizadas por Guillermo Tomás y la insuperable Aguado. Entre sus obras, que influenciaron profusamente y harían vibrar la psiquis del mulato atormentado de la sociedad colonial, figuran Elegía, un lamento efusivo y descriptivo, así como Solicitude y Rapsodias, que fueron de las más solicitadas y conocidas en el mundo musical de entonces.

A este genial artista cubano le tocó vivir por mucho tiempo fuera de su tierra natal, pero nunca olvidó Cuba. Su destierro fue prácticamente obligado por los que oprimían la Isla. Algún día Lico volverá a escucharse, y será admirado por nuevas generaciones de cubanos libres.

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Sobre el autor

Tony Cuartas

Tony Cuartas

Tony Cuartas (La Habana, 1941), poeta y narrador, estudió y trabajó en Cuba como diseñador gráfico y escenográfico. Ha publicado los poemarios “Prolongación ancestral” (Letra de Molde Ediciones, 2009), “Los caballos” (Editorial Iduana, 2010), “Anábasis del instante” (Neo Club Ediciones, 2013), "Quince minutos a las plegarias del amor (Neo Club Ediciones, 2015) y la novela "El laurel" (Neo Club Ediciones, 2016). Escritor “influenciado en gran medida por su padre, que publicó poemas en la década del treinta en la revista Argos”, Cuartas tiene varios poemarios inéditos y dos novelas concluidas. Reside en San Diego, California.

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