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Lilo Vilaplana, un viernes en tertulia

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Lilo Vilaplana, un viernes en tertulia

Lilo Vilaplana, un viernes en tertulia
agosto 20
12:23 2018

La más reciente edición del gustado espacio Viernes de Tertulia, creado y conducido desde años atrás por el escritor y periodista Luis de la Paz en la llamada familiarmente Casona del Ballet, estuvo dedicada al conocido videoasta, director cinematográfico y teatral, guionista, dramaturgo, narrador, profesor de actuación, Lilo Vilaplana, quien reveló inéditos aspectos de su vida creadora y política.

Nacido en la ciudad camagüeyana de Nuevitas en 1965, Lilo narró testimonios que en amplia parábola acompañaron en ameno periplo a los asistentes quienes —con el laureado creador— viajaron, lucidez y amenidad mediante, desde su infancia campesina en su natal poblado, junto a su querida madre y su admirado padre —a quien el aun pequeño Lilo, obligado por la pobreza, debió ayudar en su negocio de pollos— hasta la actualidad, pasando por las primeras lecturas que le llevarían a descubrir su entonces ignorada y lejana existencia dedicada al mundo de las imágenes.

De tal suerte, no poco le impactaría visionar y deslumbrarse en el popular espacio de la TV Cubana Aventuras con la interpretación del destacado actor Miguel Gutiérrez encarnando a Guillermo Tell, como enseguida buscar y adquirir en la única librería de Nuevitas el drama homónimo de Friedrich Shiller, que decidiría su promisorio futuro como director escénico.

Este antecedente, junto a su vinculación al taller literario dirigido por el recién fallecido narrador Miguel Mejides, y su temprana admiración por Martí, le insuflarían pasión en el adolescente, al punto de que se confeccionaría un vestuario parecido al del Apóstol, con el que lo interpretaría en un grupo de aficionados local.

Poco después, con 17 años, ya integrado a estudios dirigidos de teatro, lo vemos dirigiendo en otro grupo de aficionados la clásica pieza sofocleana Edipo Rey, donde ya aflora su pensamiento anticomunista en lógico rechazo del joven que detesta y detenta el abuso de poder, tempranamente presente en el castrismo.

Poco después, se traslada a la capital, en la que, por carecer de recursos, debe vivir tres meses en terminales y paradas de ómnibus y «donde me cogiera la noche», hasta que conoce al recordado dramaturgo cienfueguero Raúl Guerra (a quien conociera y con el que amistara este cronista en el Teatro Nacional de Guiñol, donde triunfaran las obras para niños del también director cienfueguero), quien comparte su pequeño cuarto con el joven provinciano que arriba a la capital en busca de mejor futuro y desarrollo, etapa narrada en su cuento y, a un tiempo, laureado video La muerte del gato, período aprovechado por Lilo para investigar y conocer a fondo la historia y monumentos de la capital.

En la propia capital, conocería del injusto encarcelamiento del multipremiado narrador colegamigo Ángel Santiesteban, por lo que decide vestir de negro en luctuoso gesto de protesta por los abusos y atropellos cometidos por el sangriento castrismo desde 1959, lo que aun continúa ejerciendo contra los presos, los disidentes y las Damas de Blanco.

Mas un suceso decidirá su futuro como realizador televisual al conocer al prestigioso director de TV y actor Eduardo Macías, quien le ofrece laborar como realizador asistente de «Los papaloteros», popular serie de «Aventuras», con la que triunfa para enseguida asumir y dar en el blanco con otro recordado espacio: «Dando vueltas», en el que lo guía su premisa de que «Actuar es jugar», tanto para adultos como para niños.

Mas los triunfos en la TV no le impiden dejar su temprano fervor por la dramaturgia y la escena. En consecuencia, para el entonces emergente Festival del Monólogo escribe y dirige la pieza Jehová y la jicotea, censurada por «el compañero que lo atiende» en este evento.

Tal hecho se repetirá asimismo con la serie «Papeles», escrita para «Aventuras» por el incansable creador, tal igualmente le acontece con otra, también concebida por él: «Bandolero», sobre el popular mito del imaginario cubano Manuel García, El Ladrón de los Campos de Cuba, cuyo presunto director Eduardo Moya quiso cambiar el nombre del protagónico, coincidente con el de uno de los altos oficiales [esbirros] de las FAR para evitar problemas con la (In)Seguridad de Estado, pero fue rechazado por Lilo, y es suspendida de la vigilada programación de la TV Cubana, siempre dependiente del vaivén y, sobre todo, terror del Reich castrista, por decirlo con el título de una de las piezas del dramaturgo y director teatral comunista Bertolt Brecht, cuyo nombre ostentara la compañía escénica cubana Teatro Político Bertolt Brecht, surgida de la fusion de Taller Dramatico y Teatro del Tercer Mundo, creada en febrero de 1973, tras la puesta de la pieza del autor alemán Los días de la Comuna.

Estos hechos —como la lectura del importante volumen La hora final de Castro, del destacado periodista argentino y Premio Pulitzer Andrés Oppenheimer— le deciden abandonar el Gulag opresor en que la dictadura convirtiera la patria. Así, gracias a un contrato con la TV colombiana, llega el 28 de enero de 1987 a la tierra de grandes novelistas, como José Eustasio Rivera, Jorge Isaacs y Gabriel García Márquez, donde dirige la primera de las series y novelas que lo consagrarían: «Siguiendo el rastro», tras la que realiza «Zona Rosa», «La Dama de Troya» y «Arrepentida», entre otras, hasta que le llega el primer gran éxito que definiría su exitosa carrera en el hermano país: la también primera serie «El Capo» devendría una popular saga, cuyas concomitancias le harían grabar otras dos, dados los consecuentes raitings logrados en la teleaudiencia y numerosos lauros en el país y Panamá.

Con su esposa y colaboradora, la actriz Irasema Otero —quien, graduada en la Escuela Nacional de Teatro, se incorpora a la más prestigiosa agrupación teatral de la isla: Teatro Estudio, dirigida por Raquel y Vicente Revuelta—, Lilo inaugura la academia de actuación Tespis con jovenes talentos, hoy figuras de la TV y el cine colombianos.

El asimismo merecedor de un Premio Emmy en Estados Unidos, contaría al conductor de la Tertulia, Luis de la Paz y a los asistentes, que le gusta contar cuentos, historias, tal asimismo prefiere espacios íntimos como microteatro, donde visualiza in situ la acción dramatica frente al público.

Con relación a sus relatos, reunidos en su primer libro —ya con tres ediciones, la más reciente del 2016 por Neo Club Ediciones—: La muerte del gato y otros cuentos, reveló que se considera un director que escribe, y no un narrador puro, lo que, sin embargo, niega este cronista, quien disfruta sus piezas, por el realismo, la visualización de sus bien concebidas tramas y su constante acción dramática, tópico esencial conseguido por los conflictos entre los antagonistas que debaten, luchan y se transforman, virtudes proporcionadas por su condición de dramaturgo.

Interrogado por Luis, confesó que lo más importante de su obra y lo que más quiere es su saga Leyendas del exilio por su aporte a los jóvenes cubanos, como al público en general, porque, revelan con veracidad la genuina historia de Cuba tras 1959, oculta, negada y cambiada por el castrismo, empeñado en crear otra [falsa] historia que desmienta la real y comprobable, contada en estas genuinas Leyendas, cuya segunda temporada —que comenzará el domingo ocho de septiembre a las nueve de la noche por América TV— espera tengan la misma y amplia recepción que la primera. Informó, además, que la tercera temporada comenzaría a filmarla al día siguiente: el pasado sábado18.

A pesar de la censura afrontada por su video «La muerte del gato» (merecedor del Primer Premio de Cortos en un Festival de España), incluso en determinados centros universitarios y cines de Miami, Lilo no se arredra ante nada ni nadie, y sigue luchando por una toma de conciencia en los cubanos y los latinoamericanos que afrontan dictaduras apoyadas por los Castro.

Sin duda, la más reciente edición de Viernes de Tertulia constituyó una de las mejores de este gustado espacio mensual, presentado en la familiarmente denominada Casona del Ballet.

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Sobre el autor

Waldo González López

Waldo González López

Poeta, ensayista, crítico teatral y literario, periodista cultural, es graduado en la Escuela Nacional de Teatro (ENAT) y Licenciado en Literatura Hispanoamericana (Universidad de La Habana). Autor de 20 poemarios, 6 libros de ensayo y crítica literaria, diversas antologías de poesía, décima y teatro, desde su arribo a Miami (2011) ha sido ponente y jurado en eventos teatrales y literarios internacionales. Merecedor del 3er. Premio de Poesía en el X Concurso “Lincoln-Martí” 2012, colabora con las webs teatroenmiami.com (Miami), Encuentro de la Cultura Cubana (España), Palabra Abierta (California), el Boletín de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (New York), el blog Gaspar El Lugareño, la revista bimestral y digital Otro Lunes y la digital y en formato de papel Baquiana, por cuyas Ediciones Baquiana publicó en 2015, y en su Colección Poesía, su antología “Trazo estos signos en la arena”.

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