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Lilo Vilaplana y La muerte del gato

Lilo Vilaplana y La muerte del gato

Lilo Vilaplana y La muerte del gato
noviembre 25
18:14 2014

El cubano Lilo Vilaplana, director de las tres primeras temporadas de la premiada y reconocida serie El Capo, producción colombiana, dirige ahora un seriado en la cadena Telemundo en Miami. Muy gentilmente, Lilo me recibió en su apartamento del piso 49 frente al mar. Pocas veces un cortometraje de apenas unos 27 minutos causa tanto revuelo como ha ocurrido con el segundo corto de Lilo, La muerte del gato.

—Es una historia real, dolorosa, que los cubanos vivimos y sufrimos. Ocurrió en La Habana. Es un cuento de mi libro y era una obligación para mí llevarla al  cine.

En Miami, La muerte del gato se presentó en la tertulia de la Fundación Apogeo en Cuba Ocho, y se ha transmitido por varios canales de televisión.

Está circulando en Internet y se presentó en el Short Filme Cannes 2014 y en el Filme Festival Queen Museum en New York. Además, está participando  en festivales latinoamericanos en Argentina, Uruguay y otros países. En Cuba, aunque no se ha exhibido oficialmente, el corto ha estado pasando de mano en mano, y según noticias ha gozado de muy buena aceptación.

—Yo había hecho series y telenovelas, he recibido premios, pero yo quería…tenía… tengo ese deber, de hacer cosas en las que denuncie lo que ocurre en mi país, en Cuba. Yo soy de un pequeño pueblo, Nuevitas, en Camagüey, y me fui para La Habana buscando cómo trabajar en el teatro, en la televisión. Fui a vivir a La Habana Vieja, a un solar, que es un casón donde hay muchos cuartos, se comparten baños y cocina. Ahí es donde suceden los hechos reales de La muerte del gato. Ahí matamos el gato de la presidenta del CDR… ahí se ahorcó mi amigo Armando Ventolera… en La Habana Vieja vivía  Raúl  Guerra, escritor de teatro y de televisión… y él me recibió…yo fui a vivir a su casa.

¿El actor cubano Jorge Perrugoría interpreta a Raúl?

—Yo quería trabajar con su sobrino, Raúl Durán, es idéntico, pero Durán vive aquí en Miami, y el corto se hizo en Colombia. Perrugoría, Pichi, había trabajado ya conmigo, y mi productora, Irasema, mi esposa, me lo recomendó para el personaje de Raúl Guerra.

¿Hiciste un casting para la selección de actores?

—No. Yo necesitaba gente que conociera, fue una producción independiente. Así que más bien trabajé con amigos como Bárbaro Marín, que me interpreta a mí, y como soy un poco gago, se apoyó en eso… y le salió bien. Alberto Pujol, que encarna a Armando Ventolera, trabajó también conmigo en el guión. Y Coralita Veloz  es la presidente del CDR. Trabajan mi hijo y otros amigos. Y el fotógrafo es Carlos Andrés Hernández.

El argumento es fuerte, duro ese final, pero también hay momentos graciosos, satíricos…

—(Se ríe) Ya sé. Pichi pone el cuadro de Fidel de cabeza… Es un chiste, pero de veras que lo hacíamos. Cuando no teníamos comida, o había un apagón, cogíamos el cuadro de Fidel y lo poníamos con la cabeza para el piso. Bueno, era una manera de castigarlo, de burlarnos y de reírnos de nuestra propia desgracia y hasta una pequeña venganza.

¿Qué quieres contar en el corto? También trabajas en el guión..

—La historia del corto se pudiera resumir en que unos amigos matan el gato de la presidenta, para comérselo, porque dicen que hace días que no comen carne, dejan a Ventolera cocinando el gato y ellos se van a buscar una botella de ron, y cuando regresan… Ventolera se ha suicidado.

Pero hay una denuncia más fuerte que matar y comerse al gato…

—Por supuesto… nos comimos el gato, es verdad… en Cuba mucha gente comía gato, es una realidad. Pero la intención del corto, sí, va mucho más allá.  El gato es un pretexto, es un detonante dramático para denunciar la situación crítica de la Isla. Ventolera representa la frustración del pueblo cubano: Una hija jinetera, un hijo perdido en una balsa en el mar, otro enfermo y él sin poder resolver absolutamente nada. Cuba es un país con alto índice de suicidio, pero oficialmente no se dice nada, como no dicen nada de los opositores, ni de los presos políticos.

Arístide Pumariega muestra la caricatura Lilo el gato junto a Vilaplana

Arístide Pumariega muestra la caricatura Lilo el gato junto a Vilaplana

¿Y cómo pudiste en Bogotá, una ciudad tremendamente continental, entre montañas, representar un solar habanero… un espacio caribeño?

—Eso fue lo más difícil. Transformar una vivienda en Bogotá en un solar cubano y que la gente creyera que era en La Habana Vieja, y no solo eso… conseguir un lada para la policía… y hacer el pan, fue lo más terrible. Mucho trabajo de producción, de arte, y lo hicimos nosotros mismos. Me mandaron de Cuba una libreta de racionamiento, un ventilador ruso… Me prestaron una máquina de escribir… Las imágenes del principio de La Habana, las tomamos nosotros. Todo lo demás se hizo en Bogotá. Cada cosa tuvo detalles únicos, el solar lo hicimos en el centro de Bogotá, en la Candelaria. Y esto no se lo he contado a nadie, el primer día de grabación, yo sentía una gran responsabilidad, estaba mi dinero, el patrimonio familiar en juego y me preocupaba que los actores llegaran, que todo estuviera listo, y sentí que me subió la presión, fui a una esquina y me tomé una pastilla, me acosté en el piso, me relajé y me decía: “todo va a estar bien, Lilo, todo va a estar bien”. Siempre me ocurre al arrancar un proyecto. Me estreso mucho porque yo disfruto y le pongo el corazón a todo lo que hago, y me pongo mal, me da dolor de espaldas, porque quiero que todo me salga muy bien. Bueno, sí parece que también hay “estado de sat” del actor para el director (Se ríe).

¿Y las palomas…?

—Sí, en Cuba las palomas no están así en la calle, pero en Bogotá sí.  Las dejé, no las edité, porque era como un símbolo, un mensaje de paz.

¿A qué atribuyes el éxito, el superéxito de La muerte del gato?

—El éxito del corto ha sito por todos. Todos respondieron, pero los principales aliados son Alberto Pujol y mi esposa Irasema. La esposa de Alberto nos hizo el vestuario. El corto no hubiera sido un éxito si desde que escribí el cuento tú no hubieras sido mi asesora y Arístide no me hubiera hecho las ilustraciones… el lanzamiento que se hizo del libro, toda la producción del corto con el apoyo de todos, ya que en realidad era un proyecto ambicioso y la intención era denunciar a la dictadura de Castro. El público que lo ha visto, ha llorado, se ha identificado con el corto.

Y estoy curiosa… ¿Qué pasó con el gato actor?

—El gato  se llama Miki… es precioso… Miki llegó, actuó y se fue a su casa. Más bien, Miki comió rico con nosotros.

Sobre el autor

Rebeca Ulloa

Rebeca Ulloa

Rebeca Ulloa (Guantánamo, 1949) es narradora, periodista, guionista de radio y televisión, promotora, productora cultural, crítica y ensayista. Técnica en informática, fue profesora universitaria y asesora de tesis de grado de la Facultad de Comunicación Social (Colombia 1998-2008). Es también curadora y ha obtenido numerosos lauros y reconocimientos por su obra literaria y radial. Su primer premio literario lo recibió a los 15 años de edad. Ha publicado varios libros con la coautoría del maestro Arístides Pumariega.

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