Neo Club Press Miami FL

Lo que fuimos, lo que somos y lo que seremos

 Lo último
  • Mi candidata para presidenta Ya que los grandes científicos son artistas supremos (según dijo uno de ellos, Martin Henry Fischer), el último grito del arte de hacer ciencia en estos días podría ser una...
  • Maximalismo vs diversidad   Por desgracia, el ser humano tiene una tendencia manida –y suicida– a ir a los extremos. El maximalismo es lo que en el fondo mueve a las masas nacionalpopulistas...
  • Cómo pasar del subdesarrollo al desarrollo   La corrupción no nace en la política, como asegura el lugar común repetido incansablemente en las redes sociales y otras tribunas y foros. Culpar una y otra vez a...
  • De la inmortalidad y el cerebro   Existe una incongruencia básica entre nuestro tiempo fisiológico, o edad, y nuestro tiempo dimensional físico, como demuestra la teoría de la relatividad. A edades diferentes de la vida, existen...
  • El biocentrismo: Más allá de la muerte   Según el Biocentrismo, basado en la teoría del doctor Robert Lanza, la vida y la muerte tal como las conocemos son una ilusión creada por la mente. Nada de...

Lo que fuimos, lo que somos y lo que seremos

Lo que fuimos, lo que somos y lo que seremos
noviembre 28
14:08 2015

 

Nuestro cerebro fue diseñado originalmente para que como mamíferos depredadores cumpliéramos una triste tarea: localizar a la presa y asesinarla, todo para alimentarnos de ella.

Esa estrategia de vida depredadora y egoísta, es una herencia miserable que arrastra el Homo sapiens y comparte con muchos otros depredadores a los que la evolutiva energía del cosmos no facilitó emergieran del mundo animal y sus determinismos biológicos. Nosotros, los H. sapiens, emergimos de ese marasmo del instinto y la semiconsciencia animal, y nos hicimos de una “herramienta” que nos facilita “comprender” el mundo: nuestro raciocinio, nuestro cerebro, nuestra alma.

A algunos de sus compañeros en los vagones geológicos, el ser humano los hizo desaparecer usándolos para obtener alimento de sus partes, mientras que otros se suicidaron antes que se subiera a ese tren el H. sapiens porque su propia voracidad los impulsaba a degradar tanto su entorno que por su acción desmedida se quedaban sin alimento. Tenemos como ejemplos de estos callejones sin salida evolutivos al tiburón blanco gigante (Carcharodon megalodon) o el tigre dientes de sable (Smilodon fatalis). Ambos y muchos otros que así actuaron, depredadores incontenibles, cavaron su propia tumba.

No fue nada casual que cada vez que la evolución se introdujo por un sendero que implicaba el gigantismo de los depredadores, tuvo un fiasco y estos desaparecieron. La voracidad insaciable y la enorme cantidad de masa de especies de forraje que necesitaban diariamente, los hacía inviables en cualquier vaivén del tiempo. Tal vez mas casual, sin embargo, sea que hace unos 65 millones de años un meteorito chocó con la Tierra y eliminó de golpe toda una serie de reptiles que conocemos como dinosaurios, entre los cuales sí podían sobrevivir algunos grandes depredadores, como el muy publicitado por Hollywood Tyranosaurus rex, que en este caso, como posibilidad evolutiva, se fue de este planeta siendo parte de la masiva catástrofe. Quedó abierto así un espacio o nicho para unos oscuros pequeños seres que tenían mamas y amamantaban a sus criaturas con la extraña pretensión de ocuparse muy maternalmente de ellas en aquel mundo de garras, egoísmos y apenas unos enormes huevos de lagarto para garantizar la continuidad de la especie.

Los seres marginales, los pequeños mamíferos, resultaron más viables y pasaron a ocupar un lugar preponderante en la combinación de especies que pujaba por llenar de vida el planeta. La evolución tal vez no se lo proponía, pero el Cosmos disponía: la vida terrestre se encaminaba hacia una mayor bondad.

Puede que alguna vez la evolución en pleno sobre el planeta Tierra avanzara en el sentido equivocado de la hiperdepredación y la hiperbrutalidad. Y puede que cada vez que apunta hacia la depredación, en cualquiera de sus numerosas desproporciones, algunas áreas del pensamiento cósmico se encienden y dicen: esto no puede ser así.

Y la bondad no paró en el amamantamiento. Alguna vez desembocó en la madre humana, capaz de sufrir en su cuerpo lo que sufría su progenie aun cuando ya no las uniera nada más que el amor. ¿Es una casualidad del Cosmos que el meteorito se llevara todas aquellas fauces exigentes y cerebros concentrados en acabar con otro ser para sobrevivir? ¿O es una necesidad que los animalillos marginales que extienden su vida cada vez más en su cría se hicieran de un espacio? ¿Es una casualidad que luego los homínidos fueran especie exitosas? ¿Y que dentro de estos sobresaliera una especie que apenas tenía fuerza muscular y ninguna especialización corporal?

Nada es casual. Nuestra especie posee la madre más cuidadosa de todo el mundo animal, la que prodiga a su crío los cuidados más extensos en tiempo y la que establece los lazos afectivos más intensos, tanto que ya deja de ser humano afecto y se vuelve afecto divino. ¿O será a la inversa y lo divino deviene humano?

Etiquetas
Compartir

Sobre el autor

Andrés R. Rodríguez

Andrés R. Rodríguez

Andrés Rodríguez (Santa Clara, 1952) es licenciado en Ciencias Biológicas, especializado en Biología Marina. Es autor de los libros "Manual de campo del Atlántico Noroccidental", "Lista de nombres comunes y científicos de peces marinos cubanos", "Breve Diccionario Pesquero", “Ecología actual, conceptos fundamentales” y "Fábulas vivas", entre otros. Actualmente es consultor para varios proyectos de pesca, turismo y medioambiente, periodista para TV Radio Miami y asociado de Leader Media Group en Miami, la ciudad en que reside.

Artículos relacionados

0 Comentario

No hay comentarios

No hay comentarios, escribe el tuyo

Escribe un comentario

Escriba un comentario

Simposio Cuba 1902-1958: Una gran república:

Letras Online

LA REVISTA INTERACTIVA DE NEO CLUB PRESS
  Waldo Díaz-Balart

La mente consciente: el misterio como creación

Waldo Díaz-Balart

Que te baste saber que todo es un misterio: La creación y el destino del Universo y tú. Sonríe, pues, ante ellos. No sabrás nada más cuando hayas franqueado las

0 comentario Leer más
  Alexis Rosendo Fernández

Ojo de gacela trunca

Alexis Rosendo Fernández

                    Ojo de gacela trunca: En mi ausencia –celoso león, rondo las alas que presagian el inevitable otoño: –Sin duda, abordemos

0 comentario Leer más
  Nilo Julián González

Esas cosas pequeñas, pequeñitas

Nilo Julián González

                    1 Esas cosas pequeñas pequeñitas que van nombrando a cada lado de la vida el temblor y el palpitar de

0 comentario Leer más

Festival Vista Miami