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Los balseros y la consolidación del neocastrismo

Los balseros y la consolidación del neocastrismo

Los balseros y la consolidación del neocastrismo
noviembre 01
10:57 2014

En las últimas escenas de “Fiel Castro”, el documental de Ricardo Vega, se muestra el éxodo de los balseros en 1994, y se hacen algunas entrevistas a los que están a punto de zarpar. Uno de ellos, un hombre delgado de unos cuarenta y tantos años, hace unas declaraciones algo “enigmáticas”:

“Los primeros que van a ver la mejoría son los que están más cerca de la mejoría… los que estamos alejados de la mejoría, nos vamos a demorar unos cuantos años en verla… y entonces… yo no puedo esperar a eso” (acompaña estas últimas palabras con un gesto a modo de conclusión, y se va de cámara para seguir con sus preparativos)

Yo no puedo esperar a eso. La frase, expresada además por alguien que está a punto de arrojarse al mar asumiendo el riesgo cierto de perderlo todo, resume la urgencia por vivir hoy, la imperiosa necesidad de imprimirle un sentido de futuro y esperanza al presente. Y también refleja la íntima convicción de que ello no es posible en su propio país, ni ahora ni después, al menos no en un “después” que coincida con sus expectativas de vida sensible.

Hay que reunir mucho valor para lanzarse al mar en una balsa, para convertirse en náufrago voluntario con la posibilidad cierta de perderse para siempre en el Golfo de México, un área de un millón quinientos cincuenta mil kilómetros cuadrados, tres veces la superficie territorial de España; o de que la Corriente del Golfo lo interne en el Atlántico Norte, a lomos de un enorme caudal de agua salada de ochenta millones de metros cúbicos por segundo. Sin motor, con unas velas y unos remos caseros en el mejor de los casos, sin una quilla y sin un timón, a merced de repentinas y frecuentes tormentas tropicales, y de los tiburones acechantes que quizás ya han degustado la carne de otros compatriotas.

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Ese valor para arriesgar la vida por un futuro mejor lo han demostrado decenas de miles de cubanos. Entonces, surge una pregunta inmediata: ¿y por qué no emplean ese mismo valor y ese mismo coraje para luchar por la libertad en su país?

A mí se me ocurre una respuesta: porque no creen que valga la pena arriesgar su vida por una tierra de cuyo pasado han aprendido a renegar, cuyo presente les asfixia, y en cuyo futuro no creen; porque no tienen sentido de pertenencia con respecto a un grupo humano del cual han aprendido a desconfiar, o porque tienen demasiado rencor acumulado contra todo y contra todos.

Creo que un hipotético levantamiento popular es altamente improbable, más allá de la ocurrencia ocasional de alguna que otra algarada, porque hay una masa crítica de población lo suficientemente importante que está buscando su propia salida individual en otra parte, o que solo aspira en lo inmediato a un mínimo de condiciones de subsistencia en cuanto a alimentación, vivienda, ropa, y transporte. Que tiene miedo a que un cambio político y económico drástico empeore aún más su situación, y que percibe al régimen como un posible proveedor de esas necesidades (algún día y si Dios quiere) a través de un cambio gradual.

No hay que olvidar que casi el 70,0% de la población actual de Cuba nació después del triunfo de la revolución, y que el 81,0% tenía 10 años o menos cuando ello ocurrió, y no ha conocido realmente otro sistema político económico. Que esa población ha sufrido un adoctrinamiento bestial cada día, cada hora y cada minuto de su vida durante más de cinco décadas; desde la más tierna infancia hasta la tercera edad, en el caso de los mayores. Que el paternalismo totalitario les ha condenado a una dependencia absoluta que se manifiesta a través del miedo a la orfandad.

aristides pumariega

El régimen utiliza el individualismo, el conformismo y el temor al cambio para anular la cohesión social en su contra, y para legitimarse. A nadie debería extrañar que si hoy mismo se hiciesen unas precipitadas elecciones libres entre un candidato desconocido hablando de abstractas e incomprensibles libertades, y un Raúl Castro prometiendo más comida, transporte y vivienda, ganara Raúl. Al no existir prácticamente una conciencia cívica alternativa (de la cual solo parece ser portador un incipiente, desconocido y muy reducido grupo de disidentes) las normas de comportamiento social son modeladas de manera conductista para apoyar el cambio institucional programado de manera oficial, y contribuir de momento a consolidar el statu quo necesario para que la biología acabe de hacer su trabajo.

Para que “la Generación del Moncada” pueda descansar en paz en sus mausoleos, y para que la nueva casta sucesora pueda ganar el suficiente poder, la representatividad y la capacidad de negociación que requiere desde el punto de vista político y económico a nivel internacional para consolidar el neocastrismo.

Sobre el autor

Armando Navarro Vega

Armando Navarro Vega

Armando Navarro Vega (Cuba, 1955). Licenciado en Economía por la Universidad de la Habana, y profesor en dicha institución en los Departamentos de Estadística Económica, Planificación de la Economía Nacional y de Economía de Empresas entre 1981 y 1995, año en que se radicó en España. También colaboró en esa etapa como Investigador y Consultor en el Centro de Estudios de Técnicas de Dirección, y en el Centro de Estudios de la Economía Cubana. Desde 1996 ha trabajado como consultor y formador en empresas, organizaciones e instituciones públicas y privadas españolas. Su libro "Cuba, el socialismo y sus éxodos" puede adquirirse en Amazon.

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