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Los Castro, vida oculta de la familia real (IV)

Los Castro, vida oculta de la familia real (IV)

mayo 31
23:36 2011

1-CamajuaniÁngel Castro regresó a Cuba por el puerto de La Habana. Desde la capital cubana, pocos días después, se dirigió a Camajuaní, un pueblo del centro de la Isla donde uno de sus tíos, Juan Castro, llevaba un negocio de fabricación de ladrillos.

Esta es una etapa brumosa en la trayectoria de Don Ángel, de la que apenas se habla. Los historiadores pasan sobre ella como por sobre clavos ardientes, probablemente porque el propio biografiado hizo, en vida, todo lo posible por mantenerla a la sombra.

No es posible precisar cuánto tiempo permaneció el joven emigrante a las órdenes de su tío. Se habla de unos pocos años. Tad Szulc, el biógrafo más conocido de Fidel Castro y quien ha asegurado erróneamente que Castro Argiz nunca hizo su servicio militar en Cuba, estima que cinco años. En cualquier caso es aquí, en esta segunda y fugaz etapa de su incursión cubana, donde el padre de los Castro daría el golpe de manos definitivo en su carrera hacia el éxito. Iba a jugar, una vez más, una partida de naipes decisiva. La segunda partida de su vida.

La historiadora oficialista Katiuska Blanco, quien publicara hace pocos años el testimonio “Todo el tiempo de los cedros”, sobre el Birán de los Castro, apenas si reseña el episodio. “En su segundo viaje Ángel Castro pensó establecerse en Camajuaní, un pueblo pintoresco de las Villas, que debía su existencia al tendido de la línea ferroviaria para conectar las zonas azucareras con los puertos de la costa norte, una región conocida y recorrida durante los días difíciles de la guerra”, escribe. “Además, allí mismo un pariente suyo poseía una finca. En realidad estuvo poco tiempo en ese lugar…”, agrega como de pasada. Sin embargo, este pasaje se vuelve crucial a la vista del historiador avispado. En algún momento Don Ángel se sentó a jugar una partida de naipes con su tío, estando en juego nada menos que la pequeña finca propiedad de este último.

La periodista y poetisa Tania Díaz Castro, nieta de Juan Castro, asegura en un artículo publicado por la agencia de prensa Cubanet que durante años escuchó las historias que sobre el primo de Juan, muy probablemente Ángel Castro, se contaban en la familia. “Se mencionaba a un joven primo maldito que Juan había ayudado a principios del siglo XX, y quien durante un apasionado juego de naipes le había ganado la finca a mi abuelo, marchándose rápidamente a un lugar lejano de la isla con el importe de la venta de la finca”, enfatiza. Y se pregunta:

“¿Fue este Ángel el pariente maldito a quien mi abuelo ayudó, el primo de quien nunca más se supo? ¿Fue Ángel quien después de vender la finca de mi abuelo se había trasladado a las provincias orientales y allí, al poco tiempo, se había hecho de varias fincas, hasta llegar a obtener once mil hectáreas? Casi estoy segura de que todo fue así, aunque yo no tenga la posibilidad de ir a San Pedro de Láncara, en Galicia, para buscar las pruebas que lo confirmen”.

Dos partidas de naipes en breve tiempo. Y dos partidas definitorias para Castro Argiz. La primera lo empujaría una vez más a atravesar el Atlántico, para vivir por el resto de sus días en Cuba. La segunda le abriría el camino hacia la riqueza, que no lo abandonaría en lo adelante. Eran los días del tahúr, que poco a poco le hacía lugar al terrateniente. La pobreza empezaba, finalmente, a ser un recuerdo para el patriarca de los Castro.

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