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Los Castro, vida oculta de la familia real (V)

Los Castro, vida oculta de la familia real (V)

junio 08
12:44 2011

1-padres_de_CastroA principios del siglo XX, procedente del centro de la Isla, Ángel Castro arribó a las inmediaciones de la bahía de Nipe, al norte de la provincia más oriental de Cuba, con una pequeña fortuna entre manos. Le habría bastado con ella para asentarse, adquirir un techo decente y, tal vez, cursar estudios que lo prepararan para empeños mayores. Pero no era un hombre locuaz, dado a abstracciones intelectuales o planes a largo plazo.

Además, la reciente derrota española en cierto sentido desestimulaba el intercambio social con los cubanos de clase media y alta, circunstancia que también afectaba a muchos de sus compatriotas asentados en la Antilla grande.

Castro Argiz era, eso sí, un hombre emprendedor, y decidió invertir sus dineros, lo ganado con la venta de la finca de su tío Juan, en adquirir algunas bestias de carga y otros útiles indispensables para hacer crecer su patrimonio, además de organizar grupos de trabajadores a los que puso al servicio de la United Fruit Company (UFC), fungiendo él como capataz.

También, por supuesto, una parte de dichos dineros los “invirtió” en el juego, porque el tahúr que había en él seguía primando sobre el terrateniente en ciernes. Según algunos testimonios, insuficientes para establecer datos concretos pero concordantes entre sí, la suerte no lo acompañó esta vez. Perdió alrededor de un tercio de la pequeña fortuna acumulada. Incluso, se ha hablado de muertes relacionadas con el juego, extremo que no ha podido ser confirmado. Castro Argiz jugaba una variante de póker en boga en la zona, y ocasionalmente partidas de dominó en su forma clásica o antigua –con 28 fichas y cuatro hombres en torno a la mesa–, importada de España.

En estos primeros tiempos, la relación con la UFC sería fundamental para el desarrollo empresarial del padre de los Castro. La construcción por la compañía, en 1899, del central Boston, en Cayo Macabí, revolucionó las relaciones de producción de la zona. Luego vendría el central Preston, inaugurado en 1907. La necesidad imperiosa de tierras de cultivo y de mano de obra por parte de la multinacional norteamericana redundaba en beneficio de Don Ángel, quien la abastecía en ambos renglones, de una manera u otra. A sus órdenes, grupos de peones talaban árboles con el objetivo de convertir las tierras devastadas en cañaverales de la United, o para explotación directa del propio Castro Argiz. Éste también vendía madera a la UFC.

El llamado “cinturón azucarero del norte de Oriente” demandaba jornaleros de manera creciente. En 1904, por ejemplo, el central Boston realizó su zafra con un déficit de quinientos hombres. La situación llegó a tales extremos que al año siguiente el administrador de la UFC en Banes escribió al representante de la compañía en La Habana para que intercediera ante el presidente de la República y permitiera la inmigración en masa de braceros canarios. En resumen, una situación ideal para un hombre como Don Ángel, audaz, autoritario, frugal, ambicioso. Su expansión territorial, si así puede llamársele, data de esta época.

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