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Los escritores, la política y la posteridad

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Los escritores, la política y la posteridad

Los escritores, la política y la posteridad
septiembre 04
04:01 2015

 

Escribí hace mucho tiempo que no basta con dejar al morir una obra valiosa si al mismo tiempo no se deja detrás un partido político, un grupo o una  familia que se ocupen  de refrescarle a la gente  la memoria y de mantener vivos, al menos  en las efemérides significativas, aquella obra  y aquel nombre. ¡Ay del que muere sin dejar guardaespaldas de la muerte y de la gloria de un autor!

Los grupos políticos, los partidos, si toman consciencia del valor propagandístico de un buen nombre literario, se aferran a las conmemoraciones de quienes fueron afiliados o simpatizantes suyos. Dan buen pretexto esos muertos para agitar la ideología  del partido. Se aprovechan de la confusión que hay en todas partes entre  la calidad de una obra y la filiación política, si la tuvo, del nombre ilustre. Olvidan que un comunista poeta casi nunca es un poeta  comunista. La poesía de Paul Eluard, para citar un caso eminente, no tuvo nunca nada que ver con el marxismo-estalinismo; y la pintura de Picasso, comunista en teoría, tenía tan poco o nada que ver con el realismo marxista que, si a José Stalin lo hubieran dejado un día a solas con Picasso, se le tiraba al cuello y lo dejaba frito.

Pero como el gran público alienta la confusión que he dicho, e identifica la ideología política de un autor con su obra artística, seguimos  presenciando ciertas celebraciones estruendosas de centenarios y de cincuentenarios que en realidad escenifican un malentendido monstruoso. Si un día aparecieran unas cartas de Antonio Machado que le mostraran como crítico de lo que habían hecho con la República los del Frente Popular, veríamos como el noventa por ciento o más de los que hoy se proclaman en España adoradores de Machado, echaría al poeta al foso del olvido. Porque la poesía de Antonio Machado, como la de Lorca, les importa un comino. Lo que les interesa es que se le sigue manteniendo en su tumba en tierra extraña para utilizarla como bandera de la intransigencia de quienes  entienden que todavía no hay en España un gobierno como el que ellos dicen que Machado prefería. El lema es: “Machado salió de España con la República, y sólo volverá con la República”. No parecen advertir lo que hay en esa afirmación de repudio a la monarquía liberal y democrática de Don Juan Carlos, y de repudio para el propio partido socialista.

Algo muy parecido sucede con la exaltación de Federico García Lorca. Si mañana se demostrara que no murió fusilado, veríamos derretirse como un pedazo de nieve al sol esta aparente adoración a su obra. ¡Cuántos poetas y escritores murieron entre 1936 y 1939! Pero el  más útil, el más aprovechable, es aquel cuya muerte puede atribuirse a Franco y a la Guardia Civil.

Es cierto que la sangre de Federico fue la primera de poeta que abonó la tierra española en la última guerra civil. Y  que Antonio Machado resistió en la defensa de la República hasta el último minuto, mientras que Juan Ramón Jiménez se exilió  desde el primer año de la guerra. Pero, ¿quién puede dudar de la fidelidad a los principios de tantos grandes españoles que fueron al exilio, e hicieron allí por la República cuanto pudieron hacer o murieron en el exilio, como Pedro Salinas o Luis  Cernuda?

La obra en sí no cuenta, lo que cuenta es la filiación política, real o amañada, que se le quiera dar a un autor. Si estos cultos aparatosos a Machado y a Lorca tuvieran de veras origen o quicio en la admiración literaria, sería de aplaudir en nombre de la literatura. Pero este uso y abuso de la muerte  de seres excepcionales produce pena. Pena, y un poco de asco.

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Una versión más amplia de este artículo apareció en 1989. Cortesía El Blog de Montaner

Sobre el autor

Gastón Baquero

Gastón Baquero

Gastón Baquero (Banes 1914 – Madrid 1997). Poeta y periodista, considerado un clásico de la literatura cubana con poemarios como "Memorial de un testigo" y "Saúl sobre su espada", autor de las revistas Orígenes y Espuela de Plata, se exilió en España en la primavera de 1959, tras el ascenso al poder del castrismo.

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