Neo Club Press Miami FL

Los espíritus

 Lo último
  • El presentador A mi hermana Karin Aldrey, que acostumbra dirigirse al Mundo –Señoras y señores… –dice el hombre y se interrumpe. Lleva prendida en el guargüero la grotesca sequedad que intenta resolver...
  • Brahmán de La Habana No pude salvar al mundo con el comunismo. Tampoco pude salvar a mi familia de las consecuencias que me trajo haber querido salvar al mundo con el comunismo. Entonces me...
  • Los peces no bailan rumba Imperceptible, el tenedor choca de regreso contra los dientes, luego la boca de Berenice García, que disimuladamente evita atraer la atención de los otros comensales con los sonidos de sus...
  • El dulce del frasco ¡Qué susto! Tres de la madrugada y aquel teléfono timbra que timbra. En un segundo pensé diez mil cosas y ninguna buena, por cierto. Un sí, seco y adormilado del...
  • Jim Hace muchos años tuve un amigo que se llamaba Jim y desde entonces nunca he vuelto a ver a un norteamericano más triste. Desesperados he visto muchos. Tristes, como Jim,...

Los espíritus

Los espíritus
abril 09
20:46 2016

 

Te digo que lo vio, claro que es verdad, sí, como te lo digo. Lo vio. Y sé que lo vio porque me lo dijo con mucho misterio. Mira, con los ojos abiertos así de grandes, lo vio todo, todo todito, como si fuera una lechuza, qué alegría, qué alegría. Como me alegro por Lucinda, porque esa tiene una conexión con el más allá que es buenísima. Si eso me pasara a mí, me muero de felicidad. Tienen que recogerme con taquicardia intensiva. Dice que ella estaba sentada en la esquina del cuarto, solita, sin hacer nada, comiendo mierda, porque como no trabaja, ni hace nada. Se pasa las horas sentada en una silla frente a la televisión día y noche. Dice ella que la ventana estaba media abierta… y que de pronto sintió un aire… No, frío no, chica, no frío. No me pongas palabras en la boca… ¿O es que tú crees que todos los espíritus ponen el aire de los cuartos frío? No, dice que fue más bien tibio, el aire que sintió fue tibiecito, como cuando uno sale de bañarse con una ducha caliente. Fíjate que el cuarto se llenó como de niebla. Qué bendición. Si soy yo, salgo corriendo como una loca por la puerta para la calle gritando de regocijo. Pero ella no. Se quedó allí sentadita como si nada, como si aquello fuera todo normal, estudiando los detalles. ¿Te imaginas? ¡Qué felicidad!

Un ángel, Domitila. Y a mí no se me aparece ni un avestruz. Mira que yo he rezado para que se me aparezca algo. Una cosita simple, yo no quiero un espíritu grande, con uno chiquito y compacto me conformo. Me ves rezando y rezo y hago promesas y prendo velas y me doy golpes contra la pared, me corto el cuerpo con un cuchillo hasta sangrar, ¿no me ves los brazos enllagados? Esos son promesas, porque yo quiero que se me aparezca alguien. Yo duermo bajo la cama, encuera en pelota, sin nada puesto, Domitila, sin un trapo, sin un suetercito. Paso frío y a veces calamidades, y hasta las cucarachas hacen el nido en mi moño y otras alimañas mucho más infames se me meten por los huecos de la nariz y hasta por allá abajo, en lo prohibido. Y yo rezando porque sé que debajo de la cama es el mejor lugar para que vengan esas cosas, esos espíritus. Y nada, ya no sé ya qué hacer… Y vez que a ella, a Lucinda, le salen todas las cosas del mundo, ángeles, demonios, chinos encueros, negros asesinos, como si estuvieran acabando de nacer. Dicen que hasta una vez le salió un soldado de la primera guerra mundial, con escopeta y todo.

Así es la vida. Así de cruel. Lucinda que no cree en nada ni nadie, que ni trabaja, ni hace nada por el bien de la humanidad, tiene a esos espíritus comiendo de su mano y yo que me he dedicado toda la vida a hacer el bien, a rezar, a cultivar el más allá, a mí nada. Estoy desesperada, Domitila. No puedo seguir sacrificando mi vida por nada, ¿comprendes? Por eso vengo a verte, a ti, mi amiga, a ver si me das algo, una poción, un jarabe, sirope de guasasas, alguna yerba que me haga ver cosas… lo qué sea, para que algo me salga y pronto porque si no voy a terminar desquiciada, tuerta, sin lengua, porque me voy a tasajear como si fuera una puerca… yo si no me sale un espíritu de donde sea, no puedo seguir viviendo.

Sobre el autor

Félix Rizo

Félix Rizo

Félix Rizo Morgan nació en Matanzas, Cuba, y reside en los Estados Unidos desde 1967. Curso estudios de Ciencia y Magisterio y obtuvo una Maestría en Educación en St. Peter's College. En 1989 ganó el premio Dos Ríos por su ensayo "Cuando cabalgan los tigres", un estudio sobre las dictaduras latinoamericanas. Ha publicado el libro de cuentos "De mujeres y perros" y la novela "El mundo sin Clara". Cuentos, poemas y ensayos suyos han aparecido en diferentes publicaciones de Estados Unidos y América Latina. Cuenta también con una obra dramatúrgica inédita.

Artículos relacionados

0 Comentario

No hay comentarios

No hay comentarios, escribe el tuyo

Escribe un comentario

Escriba un comentario

Carlos Alberto Montaner sobre el discurso del presidente Trump en la ONU:

Letras Online

LA REVISTA INTERACTIVA DE NEO CLUB PRESS
  José Hugo Fernández

Breves apuntes sobre la brevedad

José Hugo Fernández

1-Augusto Monterroso, artífice de la brevedad literaria, se encontró cierta vez con un presunto lector, quien le dijo que estaba leyendo una de sus obras, El dinosaurio, que es justo

0 comentario Leer más
  Rafael Vilches

Y si murmuro

Rafael Vilches

                  Si mis labios dicen libertad, mi corazón esponjado late, por esta isla que son mis ojos atravesados por el mar, por

0 comentario Leer más
  Philip Larkin

Tres tiempos

Philip Larkin

                  Esta calle vacía, este cielo gastado hasta lo insípido, este aire, un tanto indistinguible del otoño como un reflejo, constituyen el

0 comentario Leer más

Capitolio de La Habana – Daphne Rosas (2011)

Festival Vista Miami