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Los martillos que destruyen la arrogancia

Los martillos que destruyen la arrogancia

Los martillos que destruyen la arrogancia
enero 21
14:16 2014

poeta en actos kindleEl libro del poeta en actos (Neo Club Ediciones), de Ángel Velázquez Callejas, ha llamado de tal modo mi atención que decidí escribir al menos una pequeña nota, sobre todo a partir de lo polémico de muchas de sus ideas y sus críticas. Honra el texto las palabras de presentación, elegantemente escritas por Armando Añel. El autor nos embarca en la aventura de una teorización y especie de exorcismo irreverente respecto a la poesía exiliada, sin excluir la poética de la Isla de las maravillas de donde proviene Velázquez Callejas, ya conocido por sus ataques a la pasividad intelectual.

El propio Ángel nos confiesa que el título proviene de una actitud ante la vida, de un concepto ya utilizado por José Martí, quien deseó moverse del simple poeta en versos al hombre de acción. Ahí encontramos una poética en la que se castiga sin piedad a la arrogancia, al formalismo de los cultivadores del género residentes en Miami o en cualquier otro sitio donde tenga asiento la cubanidad, por decirlo de alguna manera.

Pero aquí el ataque a la poética como simple arte del versificador constituye una continuación de la relación clásica de la literatura. No en vano hay mucho de filosofía occidental en este libro, en el que el autor, según sus propias palabras, trató de mover un ambiente de creación cercenado por el inmovilismo estético mientras nos conducía hacia una poética superior que traspasara los límites del verso para integrarnos en el mundo Fitness que él defiende como opción humana y artística. Porque para Ángel Velázquez la poesía no es cuestión de egos plasmados en versos sonoros o formales, sino que, como hemos indicado, trata de ir más allá.  Su Libro del poeta en actos deviene una especie de estética de la existencia sobrepasando los temas puramente poéticos, aun cuando parezca extraño o redundante.

Sus más de doscientas páginas son a menudo irrespetuosas para con autores conocidos y venerados en los medios intelectuales. Porque para él, un poeta que se circunscribe únicamente a la formalidad estaría fuera del contacto con la vida. En este sentido, se fustiga también a aquellos que se sienten atados al infame rito de la nación como un continuo casi religioso que obliga al “comprometido” a ceder su existencia por ideales no exactamente beneficiosos para la individualidad.

Le sobran a este libro juicios adecuados de cara a los fundamentos de una poética renovadora que se aparte de los juegos lingüísticos y se aboque a una visión más filosófica, vital y certera. Se necesitan libros como este para transformar nuestra visión poética tradicional.

Imagino la reacción de muchos lectores, poetas y críticos ante las arremetidas de Callejas requiriendo una voluntad de disfrute hedonista de la existencia, reclamando al creador vincularse a la vida misma y no a unos papeles. Simpatizo con el autor porque su atrevimiento resulta una fuerza necesaria para acabar con la complacencia y el elogio muchas veces inmerecido, con la trampa de flotar en un lastre de reminiscencias ya caducas.

La sección de crítica es muy recomendable porque el estilo supera su propia teoría y combina esa inclinación del autor por la vida más que por la literatura. Se trata de un estudio de las obras en su dimensión integral, tanto formal como de fondo. Su último artículo, concentrado en lo cubano, se adelantó a algunos a la hora de valorar a una poeta cubana ya trascendente y de esa manera abrirle las puertas a la constancia escrita de quien ha ganado ya respeto a muchos niveles. Reina María Rodríguez es analizada como parte de esta corriente de pensamiento que rompe con la rutina del romanticismo meloso o del nacionalismo manipulador.

El libro del poeta en actos es un ejercicio de criterio tal vez algo radical en algunos planteamientos sobre la poética cubana.  Demasiado ateo también para mi gusto, como la sombra que él ha adoptado en la figura de Nietzsche. Pero eso no le quita mérito. Le sobran a este libro juicios adecuados de cara a los fundamentos de una poética renovadora que se aparte de los juegos lingüísticos y se aboque a una visión más filosófica, vital y certera. Se necesitan libros como este para transformar nuestra visión poética tradicional. Ángel Velázquez Callejas se torna diablillo que juega con los egos de maestros y seudomaestros para recordarles que no basta ser un intelectual: ante todo se trata de ser humanos y disfrutar la existencia.

Sobre el autor

Julio Benítez

Julio Benítez

Julio Benítez (Guantánamo, 1951) es profesor y escritor. Fue activista de los derechos humanos en Cuba. Ha publicado, entre otros libros, “En Glendale no hay ladrones”, “Las tres muertes de Gurrumina Robinsón”, “La reunión de los dioses” y “El rey mago”. Obtuvo el premio Regino Boti en 1990. Actualmente reside en Los Ángeles, California.

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1 comentario

  1. Callejas
    Callejas enero 21, 14:36

    Los comentarios de Julio a mi libro me han sorprendidos. Una reseña de fondo sobre el libro, que ha calculado muy bien el espíritu de sus ideas. Mil gracias…

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