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Los medios y el suicidio colectivo: Apocalipsis: La resurrección

Los medios y el suicidio colectivo: Apocalipsis: La resurrección

Diciembre 26
17:52 2011

1-aaa_bbb_cc_apoccalHervé Fischer ha dicho en un libro que ya es historia, Ciberprometeo, que “nunca, en la historia de la humanidad, nos vimos confrontados a un desafío colectivo tan desmedido como el de la potencia tecnológica digital. El choque digital es infinitamente más radical que la energía atómica porque las aplicaciones de los lenguajes y las tecnologías numéricas son ilimitadas”. Esta observación del artista y filósofo canadiense viene dada por un tercer actor: el deseo de poder.

Más allá del deseo de placer (Eros) y de la muerte (Tanatos), reaparece el mundo digital  como un gran esfuerzo concluyente de la voluntad de poder.

Es así como podemos entender lo siguiente: en la profundidad de lo que fue el inconsciente de Idamanda, lo que fue ella ante su niñez,  subyace una gran historia, una terrible leyenda sobre el misterio de una destrucción colectiva que sólo puede narrarse como hecho mitológico, como algo en lo que hay que creer a falta de evidencias factuales, pero que sobreviene de una gran realidad acontecida. Ese misterio es la gran inundación. El Arca de Noé es sólo el símbolo, la señal de esa gran catástrofe universal que fue el hundimiento de la Atlántida. Por alguna razón, Jung consideró al inconsciente colectivo como el acontecer mitológico de la historia humana más antigua.

En este sentido, la novela de Armando Añel, Apocalipsis: La resurrección (Neo Club Ediciones, 2011), cuenta la misma historia, ahora la del peligro actual en que se encuentra la humanidad por no saber a ciencia cierta qué hacer con el exponencial poderío de los medios y la información colectiva a través de Internet. Las catástrofes naturales, el tsunami, constituyen sólo el símbolo de lo que arrastra el poderío de la información, de toda una guerra mediática por el conocimiento.

La Atlántida no se hundió a consecuencia de una catástrofe natural; se hundió debido al descontrolado manejo de los poderes de esa civilización, que provocaron un desastre natural. Es la inconsciencia del hombre la que ha producido las naturales consecuencias de ese suicidio colectivo. Una central nuclear fallida, como la de la Sodoma de la novela, pone en peligro ahora mismo la existencia de la humanidad. El despliegue mediático en torno a este acontecimiento catastrófico pone en raíles de hierro la seguridad de un suicidio colectivo. El poder de la información, unido al poder de la energía atómica sobre la naturaleza, produce el advenimiento del tsunami, el Apocalipsis que nos cuenta el libro de Añel. No se trata de nada mitológico, de ninguna leyenda; se trata de una realidad que acontece.

Pero hay algo en lo que todavía podemos refugiarnos: la resurrección en la candidez del niño; la inocencia convertida en conocimiento natural. Idamanda ha atravesado los peligros de la inconsciencia colectiva, ha visto a través del inconsciente el peligro de la humanidad, la avaricia del poder atómico y la información colectiva en manos de intereses que ahogan a la tierra y ha dicho en su último día de creación: “Sólo el Espíritu inocente puede alimentar el ego. Sólo entregando el ego se satisface el ego. Sólo en la inocencia satisfecha del ego, como el niño en la madre, germina el Hecho de la Entrega”.

Y ése es el salto final. Entonces la humanidad estará a salvo. La humanidad habrá de comprender que es el ego el engendro de todo el concepto del Apocalipsis. No hay nada oculto en ello, nada esotérico, nada imposible. Una mirada hacia uno mismo y todo será desmitificado.

http://angelcallejas.wordpress.com/

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