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Los sangrados logros

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Los sangrados logros

Los sangrados logros
noviembre 14
10:33 2015

 

a Carlos Alberto Ramos

No sangres viejo animal, la neurosis nos persigue, esa que impide morder los pezones mojados de la memoria. No sangres por nada, entierra la ternura, y disimula la soberbia con que te lavas la cara. Por la que sobrevives. No sangres por nadie. Ni por dadivas dionisiacas, róbatelas. Te arrebatarán lo que te dejes arrebatar. Te matarán lo que te dejes matar. No es sutil encogerse de hombros y romper la espada

No derrames una lágrima de sal, mística rabia es llorar por dentro. Anda viejo animal, pégame, siente alivio de culpar a los demás, puedo tragarme tu mierda, la de los otros y florecer después de muerto. No pares de bufar viejo animal. La historia no me absolverá ni a nadie, la otra historia nos condena

Aléjate de los ególatras que andan sueltos, como moscas dentro de mi esófago, insisto, el sosiego entra y sale por el útero. En fila india caemos. Miénteme viejo animal. Escóndete suburbio adentro, latido de los dioses borrachos. Alfil entre reyes mariconeando detrás de las damas de hierro. Tenías que ser tú. Envejeciendo en el gerundio. Enfermo entre papeles y despidos. No dejes estos desvaríos. Nos vamos de prisa, sin escribir un verso más, sin recoger la camisa tirada en la silla

Anda viejísimo bajo las sombras. No soy de metáforas domingueras para atrapar a los pobres de corazón, ¡Ah! Piadosa mía, soy encallao, loco de remate, de lunas mordidas por los bordes. Y no me importa que el viento arrase con mis versos si yo me quedo aquí contigo

Animal abandonado ¿Qué no sabías? Más que una coartada es quedarse hablando solo, y escupí adentro por no escupir pa’ arriba. ¿Has pateado ese amor castizo sin saber que también lucha para sobrevivir? El sentido está en el por qué perdonas o no perdonas, en los retazos de familia después de la guerra, y en la inmortal epifanía. El sueño muere cuando abres los ojos

Un escalón más y otra vez Shakespeare, meando mis versos estrujados. Déjame solito viejo animal, finge dejarme, como esa fuga de miel que no se levanta de la cama, mientras escribo este electroshock, erecto por gusto, hominización perdida

Ando sin camisa comiéndome las uñas, al carajo esos trofeos goteando, y la mirada más allá de los acantilados, que ya no podemos alcanzar.

Sobre el autor

Ernesto Olivera Castro

Ernesto Olivera Castro

Ernesto Olivera Castro (La Habana 1962), escritor, editor, académico y promotor cultural, es también ingeniero forestal y diseñador. Ha recibido el Premio Nacional de Poesía Paula de Allende, de la Universidad de Querétaro, en 1991, entre otros premios y reconocimientos, y su poesía ha aparecido en antologías de México, Cuba, España y Estados Unidos. Ha publicado, entre otros poemarios, “Habitante provisional” (1994), “Cuarto menguante” (1998) y “Largo aliento” (2013). Recientemente, Neo Club Ediciones publicó su novela "Donde crece el vacío". Reside en Miami.

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