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Los últimos cartuchazos del general

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Los últimos cartuchazos del general

Los últimos cartuchazos del general
enero 14
23:44 2018

Cuesta entender la seriedad con que algunos medios de información, así como muchos intelectuales e instituciones internacionales, asumen todavía las “noticias” procedentes de la dictadura cubana. Es un despropósito cuya única explicación radica tal vez en la falta de seriedad que campea en los ámbitos políticos y noticiosos de este mundo dicen que civilizado.

Si Raúl Castro anuncia retrasar por dos meses el supuesto traspaso de su mandato como presidente, allá nos lanzamos (todos a la vez) a escribir cientos de artículos especulando sobre los sorprendentes motivos de esa determinación tan sintomática y al parecer medular.

Como los arúspices de Roma, padecemos la manía de creernos capaces de predecir el futuro leyéndolo en las vísceras de un animal muerto. Sólo que a diferencia de todos los otros animales prehistóricos, el régimen fidelista ha desarrollado la capacidad de resucitar cada mañana para seguir dando la lata, aunque sea podrido y cayéndose a pedazos.

Fidel Castro supo manipular a su antojo esta vocación de arúspices que nos gastamos. No en balde nos ponía a elucubrar sobre cualquier jugarreta suya, para luego burlarse de las predicciones haciendo lo contrario de aquello que todos, menos él, previmos que haría.

Cabe presumir que su hermano, que es mucho menos inteligente (aunque la pillería no requiere inteligencia, por ser mimética) no haya pretendido con su anuncio otro nuevo ejercicio de manipulación mediática. Al final, ¿qué más da proceder dos meses antes o después con la pantomima del traspaso presidencial? Pero algo sí resulta evidente, tanto que no requiere las predicciones de ningún arúspice, y es la poca seriedad del anuncio. Pues, ¿qué novedad podrían estar ocultando o qué sorpresa puede ser cocinada en sesenta días dentro de un sistema totalitarista que ha dispuesto de sesenta años para atar sus cabos?

Un pajarito que vino volando desde La Habana nos da cuenta de cierta bola según la cual Raúl Castro tiene contados los días de su vida, producto de un cáncer (no sé si uno nuevo o el mismo de antes que se agravó), así es que ha resuelto destinar los últimos cartuchazos a dejar bien amarrado un sistema dictatorial que, llevando o no su apellido, conserve intacta la falacia castrista de perpetuarse en el poder contra toda lógica histórica.

Justo ante la irrefrenable inminencia de la pelona –según esta bola- fue que Raúl Castro decidió prolongar por un par de meses la fecha de su mandato nominal, y es también por lo que ha emprendido al tour nostálgico que en los últimos días lo llevó al oriente de la Isla.

Puede ser verdad. O no. Es lo menos importante para el caso. El orden de los factores no altera el producto. Y aun cuando la bola estuviera en lo cierto, el anuncio de la postergación para el traspaso del cargo continuaría siendo poco serio. Nada puede ser tomado en serio, ni la muerte, si procede de donde nada se afinca en la esencial seriedad.

El retablo está armado de cualquier manera. En este lado, un títere aprendiz de dictador tercermundista que filma sus discursos para que todos vean lo enérgico y lo intolerante que sería capaz de ser al frente de una nación que se deja gobernar como si fuera un pelotón de fusileros. En el otro lado, un títere tuerto aspirante a capitán supremo de un barco pirata a medio hundir. Detrás, entre las penumbras, el viril generalato con más de setenta años por cabeza, junto a una comparsa de tecnócratas barrigones y de momias teorizantes. Invirtiendo los términos, todos vuelven sus ojos hacia el techo esperando el descenso de un aura tiñosa que vuela bajo en busca del sitio y el momento idóneo para caer muerta.

¿Acaso conlleva un mínimo de seriedad ponerse a predecir el desenlace de esta mojiganga?

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Sobre el autor

José Hugo Fernández

José Hugo Fernández

José Hugo Fernández (La Habana, 1954) es escritor y periodista. Durante la década de los años 80, trabajó para diversas publicaciones en La Habana, y como guionista de radio y televisión. A partir de 1992, se desvinculó completamente de los medios oficiales y renunció a toda actividad pública en Cuba. Premio de Narrativa 'Reinaldo Arenas' 2017, tiene 17 libros publicados. Actualmente reside en la ciudad de Miami.

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