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Luis Felipe Rojas, de las palabras y los actos

Luis Felipe Rojas, de las palabras y los actos

Luis Felipe Rojas, de las palabras y los actos
abril 05
00:51 2013

Luis Felipe Rojas, escritor, periodista, blogger y opositor cubano, apenas lleva cinco meses en Miami, pero ya se desplaza por las avenidas de la ciudad como si fueran suyas. En Cuba fue uno de los comunicadores que con más talento y arrojo narró, desde el oriente de la Isla, las vicisitudes de la nación interior, y su poesía –publicó varios poemarios antes de arribar al exilio— figura entre las más vigorosas de su generación.

La noche de este viernes 5 de abril, presenta su nuevo poemario Para dar de comer al perro de pelea (Neo Club Ediciones) en La Otra Esquina de las Palabras  (Café Demetrio: 300 Alhambra Circle, Coral Gables), donde el también poeta Joaquín Gálvez ejercerá de presentador. A propósito del evento, Rojas tuvo la gentileza de concedernos esta entrevista.

Denis Fortún. ¿Quién es Luis Felipe Rojas?

Luis Felipe Rojas. Un ser con pocas cosas extrañas (aunque no lo parezca). Soy un animal de costumbres, gregario cuando tengo un buen ambiente y un hombre de las cavernas cuando tengo mucho trabajo, cuando me ‘baja’ el muerto de escribir o ‘inventar‘ cosas. Mi problema no ha sido con la libertad sino con la falta de ella, no ha sido con el qué hacer con la libertad sino con los que intentan racionarte hasta los minutos íntimos de la vida. Ha sido todo.

DF. ¿Cuándo comienza a habitar el poeta dentro de ti?

LFR. Lo aprendí muchos años después de haber empezado a escribir: “La literatura no se transmite de padres a hijos, sino de tíos a sobrinos”. Un tío mío que había venido de Hungría me regaló un libro de César Vallejo y eso bastó para casi suspender mi primer año de la Secundaria. Ahí me picó el bichito y no he podido parar.

DF. San Germán, el terruño, ¿una huella en tus versos?

LFR. Sí, siempre ha estado aunque no se vea explícitamente. San Germán como un pueblo polvoriento y seco que rehuí a ratos –a veces hasta odié vivir en un pueblo así–, hasta que tuve noción de que hasta ahí me había traído ‘alguien’ y ahí debía estar yo. Eso lo acepté como un hijo hace caso a lo que le dice una madre, no hubo más discusiones entre Luis Felipe y Dios. Allí encontré un gran amor, me nacieron dos hijos, tengo los mejores amigos del mundo, hice el periodismo desde la barricada en que nunca soñé hacerlo y atraje a buena parte de la humanidad hacia allí. El que quiera más, es un ambicioso.

DF. ¿En qué momento nace tu blog Cruzar las Alambradas y por qué? Coméntame un poco de tus avatares como bloguero dentro de la Isla.

LFR. Yo había terminado con el blog Animal de alcantarilla, que tenía hospedado en Cubaencuentro, y me animé con las buenas energías que soplaban ya cerca del fenómeno Yoani. Ella me pidió me lo llevara a la plataforma Voces Cubanas y así lo hice, le agradezco eso también, su generosidad para que otros me focalizaran. Y no creo que ser blogger en la isla te distinga mucho. Yo seguí escribiendo mi periodismo, solo que ahora no tenía ni director ni jefe de redacción, esa autonomía implica la responsabilidad de afilar bien los otros sentidos, a eso me lancé. Existe una veintena de buenos periodistas independientes en la isla, y te hablo de aquel que es capaz de teclear una noticia, un reporte desde un centro de detención. Lo otro es puro alarde: un día haces un buen texto y otro no.

Yo no creo que haya nada de heroicidad en ser blogger. Ah, bueno, si en el camino además el torpe aparato de la Seguridad del Estado se encarga de darte un par de cocotazos, quitarte una grabadora y negarte la salida del país, ya eso añade un poco de glamour, pero lo tuyo (lo mío) es reportar una paliza, meterte donde está la ‘candela’ y hacerle cosquillitas al monstruo. Si no, ¿de qué periodismo estamos hablando?

DF. Este viernes presentas en La Otra Esquina de las Palabras tu cuaderno “Para dar de comer al perro de pelea”. ¿Por qué un título así, digamos, tan peculiar, para un libro de poesía?

LFR. Tiene que ver un poco con la violencia vivida, con las exclusiones y con ese lenguaje del que te vas apropiando para defenderte de algunas cursilerías que se te pegan en el camino, es como un escudo o el detector de mierda del autor de El viejo y el mar. Para dar de comer… está lleno de insinuaciones, de maneras de frenar esa violencia cotidiana que se vive en Cuba y lamento que algunos tengan que entrar con una brújula a leerlo, pero así es la vida, mi socio.

DF. La narrativa, el ensayo, en la obra de Luis Felipe, ¿qué espacio ocupan?

LFR. Con el ensayo tengo una deuda pendiente, escribo a destajo, no por lo del salario sino por cuando se me da la ocasión, y tengo un libro armado a base de consideraciones sobre la poesía que toca lo marginal en Cuba, sobre la integración racial en Cuba y acerca de algunas lecturas distorsionadas que he hecho de mis ‘maestros’, a eso se reduce mi ensayística (me río, porque eso suena como si yo fuera un Ensayista).

Tengo terminado un libro de cuentos y una novela que me pide a gritos la puñalada final, pero todavía no me decido. Con la narrativa me pasa eso, es como una jevita que no siempre se quiere acostar conmigo y tengo que seducirla a base de dulcecitos, caricias y mimos. La poesía sí es de las buenas rameras, esa nada más que me huele y viene a mí sin muchos rodeos. A eso se reduce lo que he escrito hasta ahora.

DF. Miami es una ciudad que, luego de vivirla, para muchos dista de ser el paraíso imaginado en la otra orilla. Háblame de lo que para ti representa la capital del exilio cubano.

LFR. Solo eso, la Capital. Espero que al interior haya cosas más relevantes y sorprendentes. Lo digo con toda honestidad, yo nunca presté mucha atención a las mierditas que se hablaban de Miami, entonces la hice la ciudad de mis sueños… y ahí está, se me dio y ya. Lo digo en el mejor sentido, Miami tiene todo lo que quiero: libros, cine, teatro, mis amigos… incluso mis amigos de Texas vienen a tomar sol y de paso dicen que vinieron a verme. De veras, es una ciudad encantadora. Y para colmo, me ponen a escribir y a hacer uno de los programas de Radio Martí que más se escuchan en Cuba (Contacto Cuba), me ponen a redactar notas en la mañana y arriba de eso… me pagan. Estoy ahíto de felicidad.

DF. ¿Cómo te involucras en la oposición?

LFR. Por un empujón político, una torpeza autoritaria. Yo había hecho una revistilla literaria (Bifronte) y a las autoridades no les gustó: me requisaron la casa, expulsaron a mi esposa de la emisora en que trabajaba, a mí me dejaron sin empleo, me prohibieron hacer lecturas públicas, participar de jurado en certámenes literarios o publicar en mi país, y me puse a hacer periodismo independiente, a mezclarme con los que conspiran para organizar una protesta pública, a poner carteles en las paredes y a maldecir de todo el que se oponga a la libertad. No hay otra fórmula, fue así.

DF. Has dicho que tu libro a presentarse en Miami está dedicado a todos los presos políticos cubanos, en especial a Ángel Santiesteban, y a los de otras latitudes que viven lo mismo bajo la intolerancia. A tu juicio, ¿por qué un escritor como Santiesteban ha recibido todo el peso improcedente de una dictadura, terminando en la cárcel, y existen intelectuales, activistas, que gozan de “ciertas libertades o inmunidad” para expresarse de manera crítica, ya sea dentro de Cuba o en el extranjero?

LFR. Está dedicado a Angelito y a Rolando Rodríguez Lobaina, que hoy puede ser uno de los tipos más temidos por el régimen, pero no tiene la suerte de tener todas las cámaras alumbrando o televisando lo que hace. Está dedicado a la gente sencilla que se debate hoy en las calles por la libertad de Cuba. No me voy a meter en lo otro. Cada quien escoge los enemigos que desee, la dictadura escogió los suyos. Ahora, creo que tu pregunta va por el camino de si permiten o no a algunos. Creo que es importante que unos se expresen, y si se lo permiten, pues felicidades, pero lo jodido es que eso se lea como TODA la oposición y se le destinen todas las ayudas, solidaridades, afectos, cariños y besitos… y encima de eso que quien los recibe se lo crea. Hay una oposición dentro de Cuba a la que se le destinan los más odiosos combatientes, los más viles actos de repudio y las pedradas y calabozos con los que nadie quiere chocar. Esa no es la oposición que se relata en algunos medios de prensa.

DF. ¿Consideras que la oposición cubana en estos momentos puede definirse como un cuerpo monolítico a pesar de las innumerables diferencias? ¿Crees que esa diversidad, en cuanto a posiciones políticas, le favorece realmente?

LFR. Creo firmemente que la oposición cubana está más preparada que el mismo gobierno para enfrentar unas elecciones. Se cuenta con un amplio abanico de corrientes políticas y de pensamiento. Cuando me dicen que la oposición está dividida, yo digo que es diversa, que la gente va a tener dónde escoger, porque en lo que sí está unida es en que faltan los derechos fundamentales y se encarcela y se golpea por el simple hecho de no lamerles las botas a los militares. Pero además, esa es Nuestra oposición y tenemos que llevarla con nosotros, mejorarla nosotros, no hay otra.

DF. Tu esperanza por una Cuba diferente, plural: ¿Una secreta expectativa o una evidente certeza?

LFR. Eso es un secreto a grito pelado, eso está ahí. Un país no se hace sin jóvenes y los jóvenes cubanos quieren ser como sus primos de Miami, quieren ser ciudadanos españoles, rusos, o casarse con una venezolana. Los jóvenes cubanos quieren ir a dos discotecas: una en Miami y otra en Varadero, y eso no lo impide ni el mismo que lo prohibió hace 54 años. Cuba va a ser libre definitivamente, y plural, claro que sí, y habrá la misma discusión que se forma en Facebook y seguiremos siendo chancleteros y gritones, porque ya no tenemos remedio, los cubanos también somos eso, allá el que no quiera vivir con ello.

DF. ¿Regresarías?

LFR. Regresaría ahora mismo. Ese es mi derecho y que me niegue la entrada el que me negó la salida un día. Claro que iría a sentarme bajo la sombra de un árbol en San Germán a ver la tumba de mi familia, a emborracharme, a escuchar el sonido de la gente que dejé atrás, nada se compara, mi hermano Denis, con volver a tomar el café de mi madre y conversar con ella cinco minutos por la mañana antes de salir a subvertir el orden con mis palabras y mis actos.

http://denisfortun.blogspot.com/

Sobre el autor

Denis Fortún

Denis Fortún

Denis Fortún (La Habana, 1963). Poeta y narrador. Artículos y crónicas de su autoría, con un toque humorístico sobre la cotidianeidad en Cuba y su exilio, aparecen con regularidad en bitácoras de otros autores, y en diversos ciberportales y revistas. Textos suyos han sido incluidos en antologías de narrativa y poesía en Cuba, México y Estados Unidos. En Miami, donde reside actualmente, edita el blog Fernandina de Jagua. Ha publicado el poemario “Zona desconocida”, “El libro de los Cocozapatos” (narrativa) y “Diles que no me devuelvan” (crónicas).

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