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Luis Jiménez Hernández, un escritor naif

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Luis Jiménez Hernández, un escritor naif

Luis Jiménez Hernández firma un ejemplar de su libro durante la presentación en el IV Festival Vista de Miami

Luis Jiménez Hernández, un escritor naif
diciembre 05
16:48 2017

Yo no confiaría nunca en algo que me contara alguien llamado por ejemplo Gabriel García Márquez, Vargas Llosa, Cortázar o Luis Jiménez. Gente que se dedica a hacer fantasmas con la palabra y tuerce la realidad hasta el dolor dulce de lo increíble y lo fragmenta para hacerte disfrutar del trago duro de la letra que mata y vivifica por el espíritu del contador que amalgama a placer el espacio de lo narrado en lo por narrar.

De ese tal Luis Jiménez me sorprende un volumen de once cuentos dispares, atropellados en una cultura tan lejana y confusa como cercana y fractal. Cómo se mata a un toro y otros cuentos (Neo Club Ediciones, 2016) es una trampa; no un manual para carniceros sino una trampa en la que la memoria y la ilusión se convierten en la herramienta que emplea el autor para atraparnos. Desde Sun Hee hasta Las vacas rubias… hay una sola atmósfera convulsa y desquiciante. ¿El escenario? Una Habana turbia y una subcultura no menos oscura y brutal. La trama que muta según sus personajes y el cauce por donde los conduce, nos sumerge en un ambiente surreal pero visible, el underground del ser que habita la narración. ¿Los artificios? La habilidad del autor para saltar de una realidad en otra y crear espacios en el tiempo, cruzando el hecho con la imaginación hasta indefinirla, hasta el punto en que Sun Hee pudiera ser una coreana que vende sexo en el Vedado o un Silvano Bolaños que se escuda en su Han y mala suerte para intercalar persona y personaje en una historia cruda de carne, rabia y placer.

Mientras que Mario Pupo, otro de sus personajes, es tan solo una idea, un recuerdo primario, un alter ego del propio Luis. Es el lenguaje, usado a propósito y al descuido, un puente entre el escritor y sus creaturas con cierto toque naif en el que se adulteran las imágenes, se engrandecen o disminuyen conforme a su voluntad para moldearnos en ellas y hacernos cómplices de sus actos.

Jiménez alude a sus contextos en forma subliminal, sus personajes nos muestran una cultura no tan aprehensiva, una sociedad que se rompe y corrompe a contra tiempo en la pasión de sus actuantes. Desde la intolerancia y la homofobia hasta la insatisfacción y el erotismo liado al desenfreno.

En Cómo se mata a un toro esperábamos, quizás por el título, una historia a lo José Luis Arzola o Ángel Santisteban y no la venganza de un ser doblemente vejado que piensa en el sacrificio como un acto y en la muerte del ofensor como una vindicación impostergable.

Les había advertido que es una trampa, hay siempre dos o más historias entrelazadas, sugeridas, sumergidas en la corriente subterránea del sentido que el narrador crea a desdén con la fuerza del que no quiere, pero sabe que transgrede. Naif en Trucks Eraund, Liberación, Espejuelos oscuros, Caribbean Wife.

Luis Jiménez sabe qué y cómo nos quiere contar sus visiones de una isla viciada en sus memorias y hundida en subculturas que la nutren, la deforman y a su modo nos permite asomarnos al campo de esa imaginería: una tropa de mambises zombies, la muerte bajo la lluvia, la impotencia en un cuerpo travestido, el cuerpo de la verdad, una verdad que cobra nombre en cada uno de esos personajes.

El espacio para cada narración parece cuidadosamente escogido, así como la escenografía (hablo como quien ve lo que lee), un camión asfixiante en Trucks Eraund, donde la descripción puntual despierta hasta los olores, quizás por el trance cotidiano de aquellos que, aún en la isla, somos figurantes involuntarios en la tragedia del día a día. La selva cubana de 1800… las victorias (brujería de por medio). Un matadero en desuso como fuente narratológica pero imprescindible en el desenlace, en el que un padre desorientado sacrifica a su hijo a causa de sus “preferencias”.

En estos relatos, la violencia y la supresión son las constantes. Todos sus personajes van (como toro al matadero) al sacrificio de alguna manera y el escritor parece experimentar las formas, los mecanismos para ejecutar el destino de sus creaturas. Narrar desde lejos, desde un clima templado, desde la memoria, puede ofrecernos pros, aunque también contras. En ocasiones lo narrado pierde temperatura, como si el autor se alejara de la escena, como si quisiera minimizar la brutalidad de lo narrado, un tanto asustado de su propia visión.

Yo lo sabía y aun así caí en la trampa, comencé a mirar en estos cuentos una isla, una Habana, una vida desconocida y cercana. Comencé a admirar en sus relatos a este escritor naif en los matices de sus historias. Otra vez les advierto, yo no confiaría nunca en algo que me contara alguien que, por ejemplo, se llame Luis Jiménez Hernández.

https://www.amazon.com/Como-se-mata-toro-Spanish/dp/1535168617

Sobre el autor

Osmel Valdés Guerrero

Osmel Valdés Guerrero

Osmel Valdés Guerrero, (Baire, 1971) es narrador y poeta, miembro del Grupo Literario Café Bonaparte. Egresado del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, fue Mención del Premio Nacional de Poesía “Medalla del Soneto Clásico”, 2004. Ganador del premio Nacional Cuba-Soneto, 2004. Ha publicado los libros 'La ira del cordero' y 'Coda final'.

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