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Luis Suárez, Ghana y la cultura de la trampa

Luis Suárez, Ghana y la cultura de la trampa

Luis Suárez, Ghana y la cultura de la trampa
junio 25
15:00 2014

Luis Suárez muerde de nuevo. El delantero uruguayo husmeado por el Real Madrid ha vuelto a hacer de las suyas en el Mundial de Fútbol de Brasil, pues las mordidas no son cosa ajena en su biografía deportiva (al menos). Esta vez ha sido un defensa italiano la víctima, Chiellini, pero hubo otras antes. En 2013, Suárez mordió al serbio Ivanovic (Chelsea) en un duelo de la Liga Premier, lo cual le costó diez partidos de sanción.

Pero no solo se trata de mordidas. La picaresca, una de las causas del subdesarrollo latinoamericano –la cultura de la trampa–, pervive en él como en Maradona y otros. Recordemos que el equipo de Ghana fue eliminado en el Mundial pasado gracias, entre otras razones, a otra “jugada” de Suárez. Si yo fuera Florentino Pérez, miraría para otra parte. Calidad le sobra a Suárez, pero el fútbol lo inventaron gente que suele respetar las reglas, los ingleses.

Luis Suárez y la eliminación de Ghana en 2010

El fútbol es un juego cuya esencia reside, sobre todas las cosas, en la dificultad que implica no utilizar las manos y los brazos para trasladar y/o controlar la pelota. Dentro del terreno el futbolista debe jugar con el resto de su cuerpo, nunca con las manos o los brazos (salvo si es el portero). Es lo que le confiere a este deporte singular su atractivo primigenio, su naturaleza intransferible.  Si se le priva de ello deja de ser lo que es para convertirse en otra cosa chapucera y edulcorada, que no habría por qué llamar, propiamente, fútbol. Por eso el reglamento expulsa al jugador que hace lo que hizo el atacante Luis Suárez en el último segundo del último minuto del partido de cuartos entre Ghana y Uruguay, en el Mundial de Sudáfrica 2010.

El gol ghanés entraba en el minuto 122, por lo que de nada valió a los efectos del resultado final expulsar al infractor –ya el partido había terminado de facto— y decretar penalti. Con un reglamento que mereciera ese nombre el gol debió haber sido concedido sin más. Cruzaba la raya de portería cuando una mano, que no la del portero, lo echó fuera. Y un penalti lo falla hasta Dios.

Esa mano, qué duda cabe, constituye una traición a la esencia del balompié, al juego mismo en su A B C primordial e innegociable. Una trampa amparada por un reglamento tramposo, ni más ni menos. Fue una infracción, como defienden algunos, pero no solamente. Fue también una trampa que le hizo el jugador, y lo que es peor y todavía más escandaloso, el reglamento, al justo ganador (Ghana).

Hasta ese instante dicho reglamento no había tenido en cuenta –o por lo menos este autor no tiene noticia— que una jugada de estas características pudiera ocurrir en el minuto 122 de un partido decisivo en un Mundial de Fútbol visto por millones y millones de personas alrededor del mundo. Tal vez por ello la trampa había permanecido camuflada en las reglas (las reglas las hacen los hombres, que a su vez son los que hacen las trampas) durante tanto tiempo. Esperemos que tras esta última chapuza el reglamento haya sido mejorado, y este recoveco tramposo desterrado de las reglas, por el bien del fútbol, de sus esencias.

Ganó Ghana, pero pasó Uruguay. ¿Se imaginan si este último equipo se hubiera alzado con la Copa del Mundo en 2010? “La FIFA buscará cambiar las reglas del fútbol después de que el delantero uruguayo Luis Suárez detuvo con la mano un disparo en la línea de gol, con lo que privó a Ghana del pase a las semifinales de Sudáfrica. El presidente de la FIFA, Joseph Blatter, dijo el jueves que los cambios podrían considerarse durante la reunión del panel que fija las reglas, prevista para octubre”, se publicó después del episodio.

Hace falta considerar también las mordidas.

Sobre el autor

Armando Añel

Armando Añel

Armando Añel (La Habana, 1966). Ghost Writer, fue periodista independiente en Cuba. En 1999 recibió el Primer Premio de Ensayo de la fundación alemana Friedrich Naumann. Ha sido columnista de periódicos como Tiempos del Mundo, Libertad Digital y Diario las Américas, y editor de revistas como Perfiles, Encuentro de la Cultura Cubana, Islas y, actualmente, Herencia Cultural Cubana. Ha publicado las novelas "Apocalipsis: La resurrección" y "Erótica", la compilación de relatos "Cuentos de camino", los poemarios "Juegos de rol" y "La pausa que refresca" y las biografías "Instituto Edison: Escuela de vida" y "Jerónimo Esteve Abril, apuntes y testimonios", entre otros. Vive en Miami.

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