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Maduro se lleva el chavismo a la oposición

Maduro se lleva el chavismo a la oposición

Abril 16
19:54 2013

Cuando se alcanza el punto sicológico que el domingo consiguió establecer Henrique Capriles en Venezuela, es tiempo de cambio. Durante los últimos diez años, el chavismo había vivido de la apatía de una población Nini –los indecisos o abúlicos habituales, los abstencionistas– para la cual Hugo Chávez y el régimen semi-totalitario, o seudo-democrático, construido en torno a su persona, resultaban sicológicamente inamovibles. El estado socialista había consolidado y ramificado sus poderes. El Legislativo, el Tribunal Supremo, el Consejo Nacional Electoral, prácticamente todos los poderes adyacentes estaban en manos chavistas.  Incluso la prensa independiente languidecía cada vez más acorralada (si exceptuamos el faro en la noche de Internet). La democracia era fachada. Un estado de cosas vegetativo que el chavismo mantenía vivo a base de corrupción y abusos de poder.

Pero se han combinado tres factores determinantes para cerrar ese capítulo: La muerte de Chávez –y toda la telaraña de chapucerías tejida por el oficialismo alrededor de sus últimas semanas–, la ascensión paulatina pero constante de Capriles y la casi surrealista ineptitud de Nicolás Maduro.

Ahora, la oposición, los Nini e incluso ciertos sectores del chavismo más realista y desencantado han alcanzado el punto sicológico desde el que perciben que un cambio es posible. Que el totalitarismo nunca maduró y ahora se resquebraja.  Incluso cuando, efectivamente, Maduro hubiera ganado el domingo por unos pocos miles de votos, se trataría de una victoria pírrica que más bien arrojaría luz sobre algo ya innegable: el oficialismo pierde apoyo popular vertiginosamente.

Por eso, como le he dicho a algunos amigos, no hay que lamentarse: El domingo se ganó. La caída de Maduro es irreversible. Y con ella, tarde o temprano, el tránsito hacia la oposición del chavismo.

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Sobre el autor

Armando Añel

Armando Añel

Armando Añel (La Habana, 1966). Ghost Writer, fue periodista independiente en Cuba. En 1999 recibió el Primer Premio de Ensayo de la fundación alemana Friedrich Naumann. Ha sido columnista de periódicos como Tiempos del Mundo, Libertad Digital y Diario las Américas, y editor de revistas como Perfiles, Encuentro de la Cultura Cubana, Islas y, actualmente, Herencia Cultural Cubana. Ha publicado las novelas "Apocalipsis: La resurrección" y "Erótica", la compilación de relatos "Cuentos de camino", los poemarios "Juegos de rol" y "La pausa que refresca" y las biografías "Instituto Edison: Escuela de vida" y "Jerónimo Esteve Abril, apuntes y testimonios", entre otros. Vive en Miami.

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