Neo Club Press Miami FL

Manuel Gayol Mecías mira a los ojos del Godo

Manuel Gayol Mecías mira a los ojos del Godo

febrero 09
21:39 2012

1-1_gayol_mYa sale de imprenta, y el viernes 17 de febrero –a las siete de la noche— será presentada en La Otra Esquina de las Palabras por los escritores Ángel Lago y Ángel Velázquez Callejas, una de las novelas más atractivas y reveladoras que he tenido la oportunidad de leer en los últimos años: Ojos de Godo Rojo (Neo Club Ediciones, Miami 2012). La Otra Esquina, la tertulia que dirige en Café Demetrio el poeta Joaquín Gálvez, tiene su sede en la 300 Alhambra Circle, de Coral Gables.

A propósito del libro su autor, Manuel Gayol Mecías, tuvo la gentileza de concedernos esta entrevista.

Armando Añel. ¿A partir de qué anécdota construiste “Ojos de Godo rojo”?

Manuel Gayol Mecías. En la realidad imaginaria de “Ojos de Godo rojo” es Joel Merlín, asimismo llamado el Estudiante, quien narra su vicisitud al tener que bajar a uno de los grandes y tenebrosos túneles que han construido en la capital de la Isla. Va a entrevistarse con Godofredo Hernández, alias el Godo, presidente de una empresa enorme, inexplicable y desconcertante que domina y controla la vida en el país, en representación de Falexdel el Alto, detrás de cuya imaginación está el Sempiterno. Joel ha bajado a las profundidades para acusar de corrupción al administrador de toda aquella Empresa y descubre que el Presidente o el Godo no es sólo un ser extraño y demoníaco, sino además alguien que pretende lograr que la vida de los isleños se haga dentro de los túneles para dejarle libre la superficie a los turistas extranjeros y así sacar los dólares suficientes para que el pueblo pueda sufrir una existencia subterránea y de esta manera ellos asegurar el control permanente de la Isla.

Otro propósito de la novela es decir cómo el Godo intenta comprar el alma del Estudiante, para convertirlo en otro Fausto más de los tantos agentes de turismo, delegados, funcionarios y embajadores que han enviado al extranjero con el fin de adquirir —de manera muy barata o regalado— el confort capitalista y, contrariamente, vender bien caras las ideas políticas de un Espejismo.

AA. Hay varios mitos revoloteando alrededor de este libro…

MGM. Hubo la intención en un inicio de que la novela partiera simbólicamente del mito de Orfeo en su bajada al infierno para rescatar a Eurídice. En este sentido, el estudiante Joel Merlín —sin él saberlo, por supuesto— encarna el personaje de Orfeo, quien en su desesperación por recobrar su amor perdido baja a buscar a la mujer que lo significaba todo en su vida, metáfora que hace para este joven que su Eurídice fuera la recuperación de la patria y la identidad cubana. En el mito griego, Orfeo desciende a los infiernos y Hades le concede la posibilidad de recuperar a Eurídice pero con la condición de no mirar hacia atrás hasta no haber salido a la luz del sol. En su ascenso, Orfeo vuelve el rostro para comprobar que Eurídice le seguía y es entonces que ella desaparece para siempre. En el caso del Estudiante, éste baja por uno de los túneles de la Isla, para discutir con el Godo, presidente de la oscura y rojiza empresa que controla la ínsula, y convencerlo de las reformas que había que hacer urgentemente para salvar no sólo la empresa, sino la Patria, de la corrupción y la indignidad ya establecida por uno de los administradores, llamado Armando Byrnes. Pero el Godo como Hades le da la oportunidad a Joel Merlín de recomponer su vida salvando supuestamente la Patria, y le ofrece —como el diablo a Fausto— la oportunidad de convertirse en un agente de turismo, con lo cual así cambiaría su vida llenándola de un confort capitalista, al mismo tiempo que se transformaría en un diligente representante de los valores de la Empresa.

Aquí también se trata de, o al menos se intenta, usar el mito de Fausto, cuando éste le entrega su alma al diablo en busca de la ciencia, el conocimiento general y la juventud… En el caso de “Ojos de Godo rojo”, el desenlace propone la posibilidad del riesgo: pérdida o recuperación de la Patria que es Eurídice y de la identidad de un joven que, a nombre de su generación, tiene que tomar por sí mismo una decisión vital para su presente y su futuro.

AA. “Ojos de Godo Rojo” destaca, entre otras virtudes, por tu exquisito manejo del lenguaje y la muy sugerente recreación de la atmósfera opresiva que recorre toda la novela…

MGM. Me propuse un lenguaje con cierto ritmo, con el propósito de hacer fluir la narración, frases cortas en parlamentos de ideas largas, repeticiones y juegos de palabras que ayudaran a veces a un sentido de burla y de ironía. Dar los diálogos mediante la narrativa, el discurso fluido y no el parlamento del teatro en forma de diálogo clásico. Creí que ello me serviría para hacer correr la novela; es decir, buscando la potencialidad de un discurso intenso, en una mezcla de aseveraciones realistas con lo aparentemente descabellado de una imaginación fantástica. Asimismo me ha fascinado siempre entrecruzar, y si se puede decir mejor, fundir el lenguaje popular con elementos de literatura y, en general, de cultura clásica.

Algo importante para mí fue establecer una atmósfera onírica, mefistofélica si se quiere, que pudiera estar acorde con la esencia dictatorial del Godo enfrentado a la ingenuidad romántica de un estudiante que aún creía en convencer a través de valores universales. Si se piensa que en buena medida el romanticismo puede ser una razón de ser, y hasta un estado psicológico, que de alguna manera está cercano a lo gótico, a lo terrible del sufrimiento humano; y que, por otra parte, lo absurdo y los desvalores de los principios en Cuba llevan ya a una dimensión diabólica, o de índole malévola y sobrenatural, creí necesario que el ambiente en las oficinas de una empresa subterránea no podía ser si no fantasmagórica, onírica, de pesadilla. De aquí la atmósfera rojiza del lugar que se describe en toda la novela. Un rojo oscuro o un negro rojizo que en sus momentos tiene sus matices. Pienso que este escenario tenía que ser todo hecho de tensión, en la que, de cierta manera, los nervios de los protagonistas y del mismo narrador se crisparan. El infierno o los infiernos no están hechos sólo de intriga y suspenso, sino además de una dinámica de entrecruzamiento entre las buenas y malas intenciones. De toda esta experiencia en la Isla se puede creer, por tanto, que la Realidad (con mayúscula) se encuentra formada por el cruce constante de lo físico y lo imaginario.

AA. Una de las escenas más impactantes de la novela, que involucra a la secretaria del Godo, desarrolla un erotismo de alto vuelo discursivo. Háblanos por favor de la influencia de lo erótico en tu escritura.

MGM. Al menos, hasta ahora, en muchas cosas que escribo está lo erótico. Porque la vida, siempre, de una forma u otra desemboca en un sentido hedónico que no podemos eludir, o que yo no puedo eludir. Me parece que es una parte importante del ser humano, experiencia y subjetividad humana. En esta línea —muy diferente a los cuentos de “La noche del Gran Godo”— “Ojos de Godo rojo” cuenta en algunas partes con cierto tratamiento erótico, pero más que todo mediante insinuaciones y propuestas de imaginaciones sexuales. Hasta ahora para mí, el hecho erótico en la literatura, fundamentalmente en la narrativa, me gusta tratarlo usando imágenes metafóricas. De aquí la escena de la cucharita y el helado de fresa entre el Estudiante y la pelirroja secretaria del Godo. Hay un deseo de decir las cosas sexuales de otra manera. Hacer sentir el placer a través de metáforas, símbolos, imágenes, más allá (o más acá) del sexo convencional, extremadamente mundano (para no decir vulgar o pornográfico). Creo que la fuerza de la libido del ser humano se halla en la imaginación. De ahí el poder de la poesía erótica.

Sin embargo, hay determinada “pureza” de fidelidad en el Estudiante, cuando se imagina (o está realmente embrujado por esa secretaria que puede ser el remedo de una bellísima hechicera de Lucifer), cuando cree, repito, que no se encuentra siendo fiel a Gladys, su pareja entrañable, porque la confunde en un momento dado con el rostro de la secretaria. Es una manera, pienso, de decir que el cuerpo está separado del alma. En este caso el cuerpo era el de la secretaria, pero el alma era la de Gladys. Por supuesto, esto no es una verdad absoluta ni un rejuego oportunista para excusar las infidelidades. El problema complejo de la infidelidad o fidelidad es algo individual; no creo que pertenezca a normas sociales y colectivas; como también que muchas cosas de la moral (que no significa ética) habría que revalorizarlas, verlas y conceptualizarlas con transparencia existencial.

Por su parte, el narrador tiene que ver —supongo— con todo este andamiaje de conceptos, del estilo del discurso y de las intenciones de querer decir algo. Pero para mí lo imprescindible ha sido el afán que puse en tratar de vincular al narrador con el protagonista y, en un segundo momento del discurso, con la imaginación del propio autor. Es como proponerse hacer una indefinición de lo definido. La indefinición es el entrecruzamiento entre el narrador, supuestamente cuasi omnisciente, y un protagonista que de manera inconsciente se deja interpelar —sin el mismo Joel Merlín saberlo— por el discurso de ese narrador. Es, quizás, la intención de crear en el lector una confusión entre uno y otro (entre narrador y protagonista); buscar el signo de interrogación o la duda de quién es uno y quién es el otro. Lo definido sería el hecho aparentemente cierto de que hay un narrador y hay un protagonista, y que están separados por la situación objetiva de que uno cuenta la historia y el otro la realiza. Pero el narrador aquí también se hace parte de la historia cuando imagina, especula, sugiere, se incomoda y hasta siente el mismo miedo del Estudiante. Y tan importante como esto, cuando ese narrador se da la categoría de ente, de espíritu, de alguien invisible que de alguna manera no puede escapar de la historia.

Pienso que es un narrador múltiple en su insistencia por la otredad. También puede ser un narrador que comprende, siente y sufre las problemáticas humanas, pero que en definitiva se cree no humano. Y esto último, ¿es realmente así?, me pregunto yo mismo.

Compartir

Sobre el autor

Neo Club

Neo Club

Artículos relacionados

0 Comentario

No hay comentarios

No hay comentarios, escribe el tuyo

Escribe un comentario

Escriba un comentario

Carlos Alberto Montaner entrevista a Catalina Serrano

Letras Online

LA REVISTA INTERACTIVA DE NEO CLUB PRESS
  Adrián Morales

Borrón y cuenta nueva

Adrián Morales

  No podemos seguir dándole brillo al pasamanos del Titanic. En la tierra que veo un sabio meteoro (puede ser un drone) extingue carbónico al tiranosaurio racionalista que se aferra

1 comentario Leer más
  José Hugo Fernández

Una trompetilla, eso es la libertad

José Hugo Fernández

  La trompetilla se fue de Cuba. Su ausencia representa para nuestra gente lo mismo que representó la retirada de los cohetes soviéticos para el régimen. De pronto, ya no

0 comentario Leer más
  Ángel Santiesteban

La Parca merodea

Ángel Santiesteban

  A la abuela se le ha hecho costumbre mantener la vigilia en las madrugadas. Espera impaciente en la oscuridad porque de todas maneras quedó ciega por la diabetes, y

0 comentario Leer más
  Nilo Julián González

Querido padre

Nilo Julián González

                si dejara de buscar el asombro de todo y del mundo si dejara de ver con sanidad con este es mi cuerpo

0 comentario Leer más
  Yosvani Oliva

Tenga cuidado la noche

Yosvani Oliva

                Ándese sobreavisada la noche tan permisora de este bufón aburrido buscando quien lo contente. Trastoca las prioridades y a quemarropa dispara estrellas

0 comentario Leer más