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María Elena Cruz Varela o la literatura como historia

María Elena Cruz Varela o la literatura como historia

María Elena Cruz Varela o la literatura como historia
febrero 06
08:51 2014

 

Los avatares en la existencia de María Elena Cruz Varela y su enérgico carácter la impulsaron a luchar por sus derechos individuales, por la subsistencia, convirtiéndola en una verdadera femme de lettres cuando comenzó a hacer valer sus derechos contra los censores oficiales en Cuba. Ante el parroquialismo militante y las insignias utilitarias, opuso el contenido general de la vida creativa, considerando que los intelectuales eran de y para la civilización.

María Elena encabezaría el primer acto de pensamiento independiente enmarcado en la sociedad civil precisamente en un momento peligroso para la estructura de poder habanera, acaso el más difícil y complejo que hayan afrontado hasta hoy día.

El aparato partidista, de propaganda y de represión, estaba desconcertado y totalmente paralizado tras la caída del Muro de Berlín. La autoridad estaba alarmada. Había perdido la legitimidad ideológica, el sostén económico y estratégico; se había suspendido la cooperación de la Comunidad Europea, Moscú presionaba para un arreglo con Washington y en Nicaragua triunfaba Violeta Chamorro. Alrededor del Líder todo se desmoronaba. Su preeminencia consistía en haber apagado las alternativas a su discurso; el ejército dividido en tres; la levantisca provincia oriental debidamente fraccionada; la universidad atada a su carro; la iglesia interesada en sobrevivir; los intelectuales convertidos en almas muertas. No existía, hasta ese momento, ningún criterio alternativo.

Soplaban aires perestroikos que eran bien recibidos por su entramado de poder. El Líder sabía, además, que las revueltas en la Europa del Este no estaban impulsadas por trabajadores o campesinos, ni alimentadas por periódicos, radio o televisión. Los medios masivos de comunicación no desempeñaron en ello el papel principal. Estos cambios fueron gestados por las revistas literarias, como la moscovita “Ogoniek”, por el dramaturgo checo Vaclav Havel, el editor católico polaco Tadeus Mazowiecki, el pintor berlinés Barbel Boehley, el director de orquesta de Leipzig Kurt Masur, los filósofos húngaros Janos Kis y Gaspar Miklos Tamás; el poeta rumano Mircea Dinescu; el pianista lituano Vitautas Landsbergis, el lingüista armenio Leván Ter-Petrosián, las escritoras  rusas Tatiana Zaslavskaia e Irina Ratushinskaia, el baladista ucraniano Vladimir Visotski, entre otros. El Líder, bien informado, estaba al tanto de que los profundos cambios que se daban en el campo socialista europeo eran promovidos  por la intelectualidad.

Y sucede en aquel momento que, insólitamente, una mujer, una poeta laureada, al frente de un grupo de intelectuales y osados disidentes, conforma un criterio alternativo al sistema en Cuba, encarnando un papel similar al asumido por la brillante pluma de la alemana Christa Wolf en sus obras “Casandra” y “La Guerra de Troya”, al grito desesperado del cineasta polaco Andrei Wajda, en “Cenizas y Diamantes”, a la voz vehemente del dramaturgo Vaclav Havel, y a los reclamos de la opositora y poetisa rusa Natalia Gorbanevskaia, encerrada en un hospital psiquiátrico de Kazán por los bonzos del Kremlin.

Juan Benemelis y María Elena Cruz Varela en La Otra Esquina de las Palabras (Luis Felipe Rojas)

Juan Benemelis y María Elena Cruz Varela en La Otra Esquina de las Palabras (Luis Felipe Rojas)

La joven poeta María Elena Cruz Varela, negada a transformarse en coautora de la ficción, denunciaba la oscura declinación de la “revolución castrista” y con su anti-política definía la noblesse oblige del intelectual y todo miembro de la clase instruida. De esta manera estaba acorralando al régimen con aquellos temas y causas específicas que siempre eran sacrificados en aras de los principios.

A partir de este grito en la muchedumbre, consideraba el Líder suspicaz, su revolución se podía ir a bolina. Entonces, enarbolando la Patria en peligro, sublimó los más reprochables actos de intolerancia y se lanzó a reprimir la expresión pública de ese Criterio Alternativo.

Al igual que el proceso contra el poeta Yosef Brodsky, el veredicto contra María Elena no atendería a razones. La poeta, excomulgada y encarcelada, como un Orfeo moderno, era enviada al infierno por ser la voz discordante más incisiva y encarnar la conciencia crítica de su nación contra el castrismo. María Elena Cruz Varela entraría en los terrenos de la leyenda.

Por su parte, el “affaire Cruz Varela” llevó a que el Líder receloso se viera forzado a variar su política cultural, a condescender con la Iglesia, a declarar la “batalla de las ideas”, a purgar la nomenclatura y a entronizar en los mandos a cuadros jóvenes y “populares”.

La obra y su alcance

María Elena Cruz Varela no deja de ser, como su poesía y sus novelas, una incógnita. Me ha sido posible leer sus libros apartando, digamos abstrayendo, a la mujer, para aprehender un mensaje oculto en sus misterios de luces y sombras.

Desde sus primeros poemas María Elena vuela libre y marca su territorio creativo con un impulso de profunda renovación del lenguaje poético. Aprendiz de la vida, pronto intuyó que todo lo que existe está conectado y que hay un equilibrio por buscar. He ahí el papel de su poesía y de sus novelas, que también son entidades de energía.

Primera parte del texto leído durante la presentación del libro “María Elena Cruz Varela” en La Otra Esquina de las Palabras (Café Demetrio, Miami, 7 de febrero de 2014).

Pero María Elena no recurre a la carpintería de ideas, imágenes, metáforas, acentos, etcétera, para presentar una expresión lírica cerebral. Para mí la poesía, dice, debe ser una piedra en el Ojo de Dios.  Ella siempre bordea la imagen del Edén perdido, como el Dante, Novalis y John Keats. Sus poemas van sacudiendo, golpeando, despertando resonancias de verdades inconmovibles, donde se vive una eternidad que no se conoce, donde se busca en el silencio mismo. Donde, leyéndola o escuchándola, se nos oprime la garganta.

En 1989, su poemario Hija de Eva gana el Premio Nacional de Poesía Julián del Casal, otorgado por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), con lo cual, de facto, la convierte en miembro de la organización; pero tal cosa duró poco al ser expulsada meses después por su actitud contestataria. El libro premiado no se publicó jamás.

Antes ya se había dado a conocer con Afuera está lloviendo, un poemario a través del cual se lanzó hacia todas las brisas,  hacia distintos ámbitos, multiplicándose en otras publicaciones. Hasta llegar a El ángel agotado. Aquí habría que hacer una pausa, pues es uno de los poemarios más singulares de la creación poética castellana.

El filósofo alemán Theodoro Adorno se preguntó si se podría escribir poesía después de Auschwitz. La respuesta es afirmativa en El ángel agotado, con sus poemas estremecedores. En él, la poeta habita en la tierra y en el averno. María Elena había dejado de ser una poetisa para convertirse en poesía.

Por este poemario, Cruz Varela ha recibido múltiples reconocimientos. En mi caso, El ángel agotado fue un absoluto deslumbramiento, algo que, hasta entonces, sólo me habían provocado muy pocos poetas: el malgache Jean-Joseph Rabearivelo, el peruano Vallejo, el guyanés León Damás. También figuran sus poemarios La voz de Adán y yo, Ballad of the Blood, y un Reader: María Elena Cruz Varela.

Tras un largo paréntesis la poesía vuelve a resonar en estas páginas que se adentran en el misterio de la creación con el entusiasmo sufrido de quien busca la solución a un enigma que muy probablemente no la tenga. Al leer estos poemas, en cada uno encuentro un aldabonazo en las puertas de la condición humana. Se trata de una cuasi reunión de reflexión sobre los sentimientos más cercanos y las vivencias más íntimas: el amor, el paso del tiempo, la muerte. Hay que aclarar que muchos de sus poemas han estado navegando por los mares de Internet durante años. Nos quedamos pues con este libro, con sus versos, con sus signos, sus significantes y sus significados, sus mensajes implícitos y expresos.

María Elena aplica su  propia impronta a la novela histórica con Dios en las cárceles  cubanas, editado en España; Juana de Arco. El corazón del verdugo, que obtuvo el Premio Novela Histórica Alfonso X el Sabio. Esta novela fue una culminación de sus ideas, puesto que el personaje de la “pucelle” le ofreció la posibilidad de colocar en negro sobre blanco todo su ideario ético y estético también.

Tres años después publica La hija de Cuba. Dos patrias tuve, novela en dos tiempos sobre Gertrudis Gómez de Avellaneda.

A pesar del impacto que pueda haber causado su lucha humanista, la escritora no quedó aplastada por “el caso Cruz-Varela”, y nada hacía presagiar que se trataba solo del estreno de una vibración intelectual que se desarrollaría en diferentes países.

En 1992 es candidata al Premio Príncipe de Asturias de las Letras y al Premio Príncipe de Asturias de la Concordia, España. En ese año fue Premio Internacional de Poesía otorgado por los Países Bajos.

Por su lucha en defensa de la libertad y los derechos del hombre fue nominada candidata al Premio Nobel de la Paz, obtuvo  galardones como el Lilliam Hellman y Dashiel Hammet por la Libertad de Expresión; el Premio Derechos Humanos de la Asociación de Prensa Iberoamericana, y las nominaciones a los Premios Príncipe de Asturias de las Letras y de la Concordia.

También recibió el Premio Libertad de la Internacional Liberal, anteriormente solo concedido a tres mujeres: Violeta Chamorro, Corazón Aquino y Teresa de Calcuta.

En 1992, a petición del presidente checo Vaclav Havel, María Elena Cruz Varela fue adoptada como Miembro Honoraria del PEN Club Internacional.

En diciembre de 2010, el PenClub Internacional realizó una selección entre los 900 casos de escritores que habían auspiciado, para crear una galería especial de los seis más destacados literatos promovidos por esta organización.

Los incluidos en esta Galería Especial fueron Yosef Brodsky, Premio Nobel de literatura, Salman Rushdie, Premio Nobel de literatura, Liu Xiaobo, Premio Nobel de la paz, el popular novelista nigeriano Ken Saro-Wiwa, Premio Nobel de la Paz, la birmana Aung San Suu Kyi y María Elena Cruz Varela.

El famoso escritor norteamericano Thomas Fleming, que fuera presidente del Pen Club de Estados Unidos, en una entrevista publicada el 9 de febrero de 2012, reflejando sus experiencias y la evolución del Pen Club, apuntó que quienes habían conformado las bases fundacionales del Pen Club fueron el escritor alemán Heinrich Boll, Premio Nobel de Literatura, el poeta coreano Kim Chi-Ha y la poeta cubana María Elena Cruz Varela.

Su figura misteriosamente inasequible ha llamado el interés en todos los rincones de la lengua castellana y del mundo anglosajón, y ha sido objeto de referencias en ellos. En palabras de Luis María Ansón, miembro de la Real Academia de la Lengua Española, “en la actualidad, María Elena es una de las voces líricas más intensas de Iberoamérica”.

En 1994 la académica Mairym Cruz-Bernal compuso su tesis doctoral sobre la poesía de María Elena Cruz Varela, igualándola con la de Emily Dickinson y de Elizabeth Barret Bishop. En agosto de ese mismo año Ellen Lismore Leeder leyó una tesis sobre María Elena titulada “El mundo poético de María Elena Cruz-Varela”, en la Convención Internacional de Asociación de Hispanistas, que tuvo lugar en Birmingham, Gran Bretaña. Y en 1995 la autora de El ángel agotado fue seleccionada por la Casa Blanca como uno de los 30 más eminentes intelectuales de lengua española, para tomar parte en un evento de intercambio de ideas en Annapolis, llamado Nuevo Momento en América, y que fue presidido por el entonces vicepresidente Al Gore.

En 1995 el Premio Mariano de Cavia de la prensa española, del diario ABC de Madrid, le fue conferido por el presidente de España, José María Aznar, por su artículo “España, aparta de mí este cáliz”. Fue, y es, la primera y la única mujer en obtenerlo en los 97 años de constituido tan prestigioso galardón. Solo tres latinoamericanos lo han recibido: Octavio Paz María Elena Cruz Varela y, posteriormente, Mario Vargas Llosa. En su entrega, hizo acto de presencia pública, por última, vez el poeta exilado cubano Gastón Baquero.

Según la galardonada poeta canadiense Julie Alí, “los poemas de María Elena Cruz Varela son una muestra de cómo se debe escribir para llevar al lector adentro del alma del poeta. Su poesía se revuelve frente a nosotros en una manera suprema de expresar, por eso, quien la lea, no puede dejar de sentir un profundo sentimiento doloroso”.

Y sigue: “Me asombra cómo es que esta poeta logra entregar todo lo que lleva dentro, ese retortijo de latigazos, y verterlo en una página de esta manera indecible. Quizás, simplemente, ella no puede seguir atada a la cesta de serpientes encantadas de su alma y se impregna en toda la poesía que hace. Por mi parte, como poeta, buscaré siempre los poemas de esta mujer para aprender de ellos”.

Sobre el autor

Juan F. Benemelis

Juan F. Benemelis

Juan Benemelis (Manzanillo, 1942). Diplomático, historiador y ensayista. Ha publicado más de una veintena de libros centrados en diversas temáticas, que van de lo científico a lo histórico. Entre ellos, "Las guerras secretas de Fidel Castro", "Castro: subversión y terrorismo en África", "Paradigmas y fronteras. Al caos con la lógica", "De lo finito a lo infinito", "El Corán y el Profeta", "Islam y terrorismo" y "La memoria y el olvido". Reside en las afueras de Miami.

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4 comentarios

  1. mercenarios!!!!
    mercenarios!!!! febrero 10, 17:06

    “dictadura en Cuba” dicen los llamados disidentes (mercenarios diría yo). Critican a Cuba cuando es el único país, donde se respetan los derechos humanos mil veces mejor que en Europa, dicho por el recientemente fallecido José Saramago, premio nobel de literatura. Cuba que ni siquiera tiene fuerzas anti-motines, para reprimir a nadie, pues allí a través de asambleas, y por consenso y deliberaciones se sacan las leyes y no como entre el p.s.o.e. y el p.p, que cambian la constitución española de la noche a la mañana, y aquel que se mueva, le mandamos a las fuerzas y cuerpos para la seguridad del estado.un estado que no representan a nadie. La prueba son los miles de indignados que están en las calles de Europa pidiendo sus derechos. Vemos la mota en ojo ajeno, y no vemos la biga que tenemos travesada en el propio. Los que están protestando en Cuba, son menos de 20 y la mayoría, cobra. A otro perro con ese hueso!!!

  2. bin ban
    bin ban febrero 10, 17:58

    “mercenarios”, TU LO QUE DAS ES RISA

  3. Esperanza
    Esperanza febrero 11, 19:48

    QUE PENA QUE EXISTAN PERSONAS ASI AUN, SIGUE CON LA COSTUMBRE DE VER LA PAJA EN EL OJO AJENO, TIENE RAZON BIN BAN, LO QUE DA ES RISA TANTA IGNORANCIA… EN CUALQUIER LUGAR DEL MUNDO HAY INDIGNADOS, POBRE DEL PUEBLO QUE PIERDA LA CAPACIDAD DE INDIGNARSE POR ALGUNA INJUSTICIA, Y NADIE ESTA LIBRADO DE ESTO, PERO CRIMINALIZAR LA DISIDENCIA ES PROPIEDAD EXCLUSIVA DE LOS REGIMENES TOTALITARIOS. Y SI A LOS DISIDENTES EN CUBA LES PAGA QUIEN SEA QUE LES PAGUE, BIEN PAGADOS ESTAN, NISIQUIERA FIDEL CASTRO PUDO COMPRAR EL YATE GRAMMA SIN RECAUDAR DINERO DE LOS EXHAUSTOS BOLSILLOS DEL EXILIO CUBANO, Y NO ME DIGAS QUE NO SABES QUE NUESTRA GUERRA DE INDEPENDENCIA FUE FINANCIADA CASI EN SU TOTALIDAD POR LOS TABAQUEROS DE TAMPA, POBRE IGNORANTE MERCENARIO DE IDEAS.

  4. María Elena Cruz Varela
    María Elena Cruz Varela febrero 12, 15:26

    Sí, Señor iracundo, mercenaria, sí, y honrada de serlo; la libertad es la causa de esta mercenaria de Dios, esta mercenaria y además sin sueldo,que por puro amor al arte pelea en los ejércitos del amor y la belleza, por la libertad de uno solo, aunque sea un solo ser humano dispuesto a despertar. Bien vale la pena, señor. Mercenaria, sí, y para más honra, capaz de firmar con nombre y apellidos los actos de su mercenariado, no como usted, Jonh Doe, ¿A quién sirve usted? No creo en la neutralidad y si yo, Mercenaria, solo sirvo a Dios, a usted, anónimo como todo el que se afilia al lado oscuro

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