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Marja en Idamanda

Marja en Idamanda

septiembre 23
01:26 2011

Me encanta el personaje de Idamanda. Me parece que es como la madre de la creación, pero al mismo tiempo es la creación de todos los placeres fidedignos y connaturales del ser humano. Idamanda es mi ideal de Marja la Seráfica, la que con sus crónicas busca salvarse de la soledad, y busca la libertad en la rebeldía de su cuerpo. Idamanda es la sensualidad hecha carne pero también hecha ideas, imaginación; es el ser bendito de todas las fulguraciones que se re-crea a sí misma para rehacer el mundo; es el sexo que lo ama todo, que lo embellece todo; quien planea en los cielos de Cumberland y propone remolinos de besos y música en Playa Hedónica.

Idamanda, como Marja, hace de su cuerpo un manantial que no descansa, inagotable, que no envejece, porque la juventud le nace en las neuronas, y simplemente –para ella– la muerte es el traspaso a la dimensión invisible.

Id1-abc_idamandaamanda es el juego mismo de las cosas más serias que pueden darse en este traqueteado planeta. Es la cita y el ánimo, toda la geografía; es la cordura de la locura porque no le tiene miedo a ningún totalitarismo; es “el Espíritu Inocente que florece” mientras más se incrementa el ordeno y mando de los cascosos y decrépitos militares de la Historia Pútrida. Idamanda y Marja son las que viven con sus sexos insomnes, riéndose de los malos payasos a clítoris batiente. Son el Yin y el Yan al mismo tiempo y viceversa.

Constantemente buscan lo nuevo porque están hechas de la diferencia. Sus filosofías son el corazón pensando, la perspectiva pascaliana del verdadero, único y mejor universo. Se hacen invisibles porque se encuentran en todos los seres humanos de buena voluntad; deseosas de amar a todo trapo, como una propia sincronía del amor entre Paolo y Francesca de Rimini.

Idamanda y Marja son las expectativas de los nuevos tiempos. Sus cuerpos, sus bellezas, son inexpugnables y llevan consigo las resonancias míticas y de la Historia que condena y desmorona a toda dictadura. Son los seres inefables que sólo a las diez de últimas pueden conducir a la felicidad que siempre algún filibustero fanático nos quiere arrebatar.

En fin, Idamanda –como Marja– es el crepúsculo inaudito de los sueños que nos crean. ¡Salve, Idamanda!

http://palabrabierta.com/

Sobre el autor

Manuel Gayol Mecías

Manuel Gayol Mecías

Manuel Gayol Mecías, escritor, investigador literario y periodista cubano, ganó el Premio Nacional de Cuento del Concurso Luis Felipe Rodríguez de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) en 1992, y en el año 2004 el Premio Internacional de Cuento Enrique Labrador Ruiz del Círculo de Cultura Panamericano de Nueva York. Ha publicado, entre otros libros, “Retablo de la fábula” (poesía), “Valoración múltiple sobre Andrés Bello” (investigación), “El jaguar es un sueño de ámbar” (cuentos), “Marja y el ojo del Hacedor” (novela) y “La noche del Gran Godo” (cuentos). Reside en California.

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2 comentarios

  1. El Mano
    El Mano marzo 12, 12:35

    Gracias, Armando, mi ilustre amigo, por recordarme textos que me salen del corazón como este, que lo escribí un día en que leía tu novela Erótica y me di cuenta de la puntualidad de existencia que han tenido Marja e Idamanda. Esto es como un brindis por nuestras exactitudes anímicas. Un abrazo y sigamos soñando. Siempre, Manuel

  2. Armando Añel
    Armando Añel marzo 12, 14:55

    Gracias a usted Maestro, su generosidad es emblemática, y releyendo a Marja y el Hacedor vuelvo a disfrutar de una novela inigualable. Un abrazo

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