Neo Club Press Miami FL

A Martha Ramírez †

A Martha Ramírez †

A Martha Ramírez †
julio 10
22:19 2014

 

 

 

 

 

 

 

 

La muchacha de los cabellos negros,
su juventud sorteaba las calles del norte
tan genuina como la visión de sus pequeños universos.

Entre ella y Cuba claudicaba la distancia,
sus besos eran tierra,
humedad para tan temprano exilio.

Sellamos los días en un aire ligero,
de gris hundido,
rafageándonos  las mejillas.
Disfrazada del maquillaje de las cosas
humedeció sus aristas en la unión que nace en los consejos
y el cruce de sus piernas.

La conveniencia prevaleció como una excusa en verano.

Sus zapatos blancos eran una premonición.

Huyó al Sur entregándose a la vida: familia,
fotos polaroid y juramentos de domingo,
estrechas confesiones, falsos amigos,
hijos y hermanos que amó de espaldas al olvido.

Y en la casa rutina, amiga, la rutina.

El deseo asfixiaba los días que se apagaban
en la duda que crece después del juramento
y el grito de sus dientes.

El viejo camarero
servía desayunos, comidas,
caricias con brazos secos de tanto buscar
cigarrillos y propina.
No había más conquista ni horizonte,
apostaba su futuro en el máximo trofeo,
aseguró  ser delicado y esposo,
todo se había enterrado en Hialeah.

Ya no más.

Los derrotados siempre lamparean la victoria.
En la guerra y en la paz,
en los prestados rincones de la posible imposibilidad,
todos fanfarronean el valor de la batalla.
Hialeah es siempre un anhelo con puñetazos de mar.
Pero el orgullo es más fuerte,
la arrogancia un arrugado cartel
mordido por las sombras.
Y la piel se entrega,
se alza la frente con los ojos desnudos.
La realidad inmediata aclama victoria
ante cualquier esquema
y nacen los hijos
y el horizonte se estruja cuando la noche bosteza.

Ya no más.

Las cortinas de piedras baratas se visten de soledad
en puertas desiguales.
Siempre la misma historia:
La joven que secreteó su futuro en la huida.
La mujer que escapó hacia las rejas,
Con o sin velo y toda la ansiedad.
Atrapada en el espacio que jamás pudo confesar.
Y el fracaso se viste de hijos, de cadenas de oro,
objetos y gestos que malamente logran
abroquelar la realidad.

Las vajillas pobres que adulan la visita,
el café y otros vacíos por llenar.

El gemido que madruga conveniente.
“A ti lo que te conviene es esto” repetía su madre,
por
esa
experiencia, una y otra vez
en medio el delirio se agitaba en su cintura.

En aquellos años setenta elegir era un lujo
y el amor un tesoro salvaje.

Sus dientes crujían en un duelo perdido.
La racionalidad de los tiempos imperaba,
triunfaba sobre la confusión o
la más natural necesidad.

Hablé del futuro sin espacios.

Su cuello fundió aquella tarde de verano.
Sus labios en octubre y noviembre me arrasaron a versos.

El fuego no apagó los eneros ni los años.

Nacían, en medio de calles pobladas de nieve,
raíces ingratas del cadáver de un exilio,
el fantasma de los desterrados asustaba los días.
El norte repleto de víctimas.
Muchos muertos, la mayor parte vivos,
se han ido lentamente.
Miami: un cementerio de engaños.

Se la llevó la primavera,
la del Sur.
Tan cruda como una historia personal.

Quemé la juventud y mucho más sin reencontrarla.

En una suerte de piel, de naipes y de cruz velé mis años.

Jamás la confundí,
ni siquiera en alguna que otra noche
imposible de olvidar.

Me duele su venida y su adiós hasta la muerte.

El cáncer, siempre presente en nuestro tiempo,
la reclamó de una vez.

En mi quedaron sus pasos inseguros, pendientes de mis brazos,
sometidos a una verdad breve e interminable.

Nunca su voz corrió tan fuerte como el primer y el último día.

Supe entonces que el mudo astro y negro hasta el final,
golpeándome los ojos,
pulseó a favor de lo ignoto
sus cabellos de ceniza y leve plata.

Sobre el autor

Rafael Román Martel

Rafael Román Martel

Rafael Román Martel nació en Cárdenas en1958. Poeta y ensayista. Primer Premio de Poesía José Martí en Jersey City State College (1986), Primer Premio de Poesía American Writers Association (1987), finalista “Letras de Oro” (1987), Placas Rodó (2000). Ha sido editor de las revistas literarias Popol VUH, Leiram y Stet. Editor de los semanarios Political Reporter (1999-2004) y El Despertador (2005). Ha publicado “Barlow Avenue” (1991) y “Cuando se acaban los pueblos” (1994). Ha obtenido un BA en Literatura y un Master en Lingüística Inglesa en New Jersey City University. Es profesor de literatura en Union City High School. Desde 2007 edita el blog Rafaelmartel.com

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1 comentario

  1. Joaquín Gálvez
    Joaquín Gálvez julio 20, 10:22

    Me ha gustado tu poema, amigo Rafael. Me alegro, después de tantos años, reencontrarme con tu poesía.

    Reply to this comment

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