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Más Montaner, menos Milanés

Más Montaner, menos Milanés

septiembre 01
16:14 2011

Mucho humo innecesario alrededor del debate sobre la pertinencia del concierto de Pablo Milanés en el American Airlines Arena de Miami. Y sobre las posiciones asumidas por ciertos sectores del exilio. Básicamente, aunque no sólo, sobre la línea moderada representada esta vez por Carlos Alberto Montaner, y la más retumbante, asumida por los integrantes de Vigilia Mambisa y varias organizaciones afines nucleadas, simbólicamente, en torno a la figura del pintoresco Miguel Saavedra.

Humo de sobra.  Le decía ayer a un amigo que la extinción cuando menos parcial del extremismo cubano pasa –siempre a largo plazo y como brújula no para una reconciliación nacional, sino para la civilización nacional, algo mucho más práctico e imprescindible— por una meta a alcanzar en el futuro: la asunción civilizada de la crítica, sobre todo por parte de las figuras públicas. Por ello más que por la emisión sosegada de la crítica. Las figuras públicas deben predicar con el ejemplo. Me explico:

En democracia, y aun en democracias tan avanzadas como las de raíz anglosajona, la crítica aguda, a ratos despiadada, es pan diario. Pan diario y necesario. No hay democracia sin debate álgido, posiciones radicalmente encontradas y diversidad de criterios. ¿Que a veces la crítica sube peligrosamente de tono y roza la provocación personal o el ataque barriobajero, o se zambulle en ellos hasta el fondo? Cierto que no es el ideal al que se debe aspirar en un moderno Estado de Derecho, pero también es verdad que no todos somos iguales, como falsamente predica cierto socialismo. Hay personas más cultas que otras. O más elementales que otras. O más ruidosas que otras. Para que el mundo sea mundo, y permítaseme recurrir al lugar común desechable, tiene que haber de todo.

Es verdad que las maneras y posicionamientos manejados por un Saavedra no siempre resultan saludables para la causa de la libertad y la imagen del exilio cubano. Pero son sus críticos quienes deben ofrecerle, a ese mismo exilio, una alternativa de protesta más razonable, moderna o inteligente, en lugar de limitarse a señalar a Vigilia Mambisa con el dedo. Porque protestas, de mayor o menor intensidad, siempre habrá, no nos engañemos. No se puede echar al mar al diferente o hundir a bombazos, en medio del océano, el barco de los elementales. Y aquí, en Miami, no se le puede pedir a ciudadanos comunes que han cumplido treinta años de cárcel, o cuyos padres han sido fusilados en la Isla, que de un día para otro se comporten como  monjas de la caridad o lancen rosas sobre el lomo de quienes han construido minuciosamente, a nivel internacional y durante décadas, la simbología “revolucionaria” que sirvió y aún sirve de coartada a tantos crímenes e injusticias en Cuba.

Resumiendo: La solución probablemente no radica en discriminar entre crítica “buena” y crítica “mala” –porque almas en pena siempre habrá–, sino en reaccionar civilizadamente ante toda clase de críticas. Y mucho más cuando quienes reaccionan son figuras públicas, en capacidad de predicar con el ejemplo.

Necesitamos más Carlos Alberto Montaner no porque le haya dado la bienvenida a un Pablo Milanés, sino por la elegancia y sobriedad con que el autor de “Viaje al corazón de Cuba” ha reaccionado al aluvión de críticas, algunas desproporcionadas, que se le ha echado encima tras el artículo, y/o el encuentro, de marras. Y nos sobran Pablos Milanés no porque el autor de “Yo pisaré las calles nuevamente” haya puesto en su lugar al inefable Edmundo o haya señalado algunos de los puntos flacos del totalitarismo mientras continúa defendiéndolo como sistema, sino porque en su respuesta a García demuestra cuán lejos está de asumir ese espíritu de civilidad que necesitamos con urgencia los cubanos: en la famosa carta abierta al periodista de “La tarde se mueve” menudean improperios y giros de mal gusto, incluso obscenidades, impropios de una figura pública que debería dar el ejemplo con sus reacciones y que, según todo parece indicar, contradictoriamente, pretende darlo.

No se le canta durante tanto tiempo a un régimen fascista, como el de los hermanos Castro, con el espíritu libre de polvo y paja. Poco a poco se puede apagar el fuego de la intolerancia interior, de acuerdo, y Milanés es un hombre inteligente. Pero cenizas quedan.

Sobre el autor

Armando Añel

Armando Añel

Armando Añel (La Habana, 1966). Ghost Writer, fue periodista independiente en Cuba. En 1999 recibió el Primer Premio de Ensayo de la fundación alemana Friedrich Naumann. Ha sido columnista de periódicos como Tiempos del Mundo, Libertad Digital y Diario las Américas, y editor de revistas como Perfiles, Encuentro de la Cultura Cubana, Islas y, actualmente, Herencia Cultural Cubana. Ha publicado las novelas "Apocalipsis: La resurrección" y "Erótica", la compilación de relatos "Cuentos de camino", los poemarios "Juegos de rol" y "La pausa que refresca" y las biografías "Instituto Edison: Escuela de vida" y "Jerónimo Esteve Abril, apuntes y testimonios", entre otros. Vive en Miami.

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