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Memoria e historia, un diario de la vida

Memoria e historia, un diario de la vida

enero 29
03:44 2013

 

gibbon“En el diario de un historiador siempre quedará la memoria”, reconoce el notable investigador inglés Edward Gibbon (1737-94) en Memorias de mi vida. Quedará la memoria cuando se enfoca como un concepto de la mente, no como un concepto del tiempo. Quedará la memoria cuando la mente se hace consciente de la decadencia como una ilusión de la historia. Gibbon se hizo consciente de su memoria, de su historia, a partir del reconocimiento de la decadencia y caída del Imperio Romano. Todas las memorias tienen que ver de algún modo con una decadencia y caída.

Cuando nos hacemos conscientes de la decadencia y caída, la memoria se activa como una modificación de la mente.

Gibbon es el precursor de un género de la historia: la memoria como literatura. Lo que quedará como memoria, ese es el tema central de Memorias de mi vida. Un recuerdo de aquellos acontecimientos que estuvieron activados, presentes para comparar y establecer el rango de medición de lo que fue la caída y la decadencia. Gibbon había escrito una voluminosa historia de cómo y por qué la decadencia y caída del Imperio Romano, cuya premisa se hizo popular después en la historiografía contemporánea. Encontrar la ruptura, el resquebrajamiento en la historia, hizo a muchos historiadores conscientes de la memoria.

La memoria como género literario entraba a jugar un importante papel en manos del historiador interesado en una ciencia social capaz de proyectar el futuro. Uno de los discípulos más ingeniosos de la obra de Gibbon, el creador de la “nueva historia”, el historiador Marc Bloch, escribe en Apología para la historia o el oficio del historiador, el mejor tratado de esta índole para su época, que la ruptura de la historia es el momento cumbre de la conciencia histórica. Captar ese momento, como lo intentó con Les formes de la rupture de l’hommage dans l’ancien droit féodale, era preservar la memoria íntima y colectiva de una generación que todavía se veía vinculada a ciertos rezagos del sistema de dependencia feudal en Francia. Apología… fue como el diario íntimo del célebre historiador no solo por la metodología y las técnicas historiográficas para la investigación, sino también por los recursos estilísticos del lenguaje, por la forma a veces jocosa de presentar los hechos históricos.

Desde la aparición del libro de Gibbon, el estilo y el lenguaje se hicieron inconfundibles para este género. Y todo porque dentro de esa conciencia memorística se percibe que los hechos son sueños irreproducibles, que ocurrirán lentamente hasta desembocar en el pasado. Para dos grandes enamorados, el sujeto y la memoria, siempre quedará el momento de una ruptura. Pero será una ruptura con un vínculo de dependencia que se aferrará al pasado: el pasado dominando el presente y el futuro. El pasado que niega a toda costa la libertad.

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