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Memorias del Maleconazo, origen de la Crisis de los Balseros

Memorias del Maleconazo, origen de la Crisis de los Balseros

Memorias del Maleconazo, origen de la Crisis de los Balseros
agosto 04
21:51 2014

 

El cuadro que ilustra esta nota, Éxodo, fue pintado por Casimiro González en memoria de todos los cubanos que han cruzado el mar en busca de libertad. Es uno de sus clásicos y quería acompañar con él esta breve crónica en el aniversario 20 de la Crisis de los Balseros de agosto de 1994. Veinte años ya, que se dice pronto.

El día del Maleconazo –evento que dio lugar a la Crisis–, un cinco de agosto, no estaba yo donde supuestamente debía estar. Nací y me crié en Centro Habana, exactamente en el vórtice del huracán popular que recorrió las calles de San Leopoldo, mi barrio, apenas a cuadra y media del mar, entre el hotel Deauville y el Parque Maceo. Pero aquella mañana había salido a hacer un par de gestiones en El Vedado y con la misma, llevado por el impulso, había seguido hacia Marianao, donde entonces vivía mi madre. Fue estando en su casa que descubrí lo que pasaba, con la comparecencia de Fidel Castro por televisión, luego de que fuerzas policiales, y paramilitares, disolvieran la revuelta.

Exodo_50x68 (2)El malecón había sido tomado por hileras de camiones militares, policías y brigadistas armados de cabillas. En la tarde-noche, de vuelta al barrio, pude ver varios jeeps descender hacia el mar, Rampa abajo, con bazucas y ametralladoras montadas en su parte trasera, y helicópteros sobrevolando la ciudad. Una advertencia para quienes ponen en duda que el castrismo va a utilizar las armas contra la población si lo considera necesario: Las va a utilizar, y a fondo.

Pero lo interesante de esta nota sería la anécdota que me revelara un amigo recién llegado de Cuba, quien sí presenció in situ los acontecimientos. Me comentaba que estando en la calle Neptuno, casi a la altura de Galiano, pudo escuchar a miembros de la Seguridad del Estado, vestidos de civil, mientras daban y recibían instrucciones para asaltar, y romper las vidrieras, de algunas de las tiendas de la zona. Cosa que definitivamente hicieron. La estrategia gubernamental consistía en convertir, mediáticamente, una revuelta popular, El Maleconazo, en un asalto de vándalos cuyo verdadero objetivo era “apropiarse de los bienes del pueblo”.

Para desvirtuar y/o despolitizar el Maleconazo, el castrismo incluso fue contra sus propios intereses económicos. Un modus operandi al que ha recurrido más de una vez, aunque en diferentes circunstancias. Todo un ejemplo de lo que son capaces los amos del totalitarismo y sus peones.

Sobre el autor

Armando Añel

Armando Añel

Armando Añel (La Habana, 1966). Ghost Writer, fue periodista independiente en Cuba. En 1999 recibió el Primer Premio de Ensayo de la fundación alemana Friedrich Naumann. Ha sido columnista de periódicos como Tiempos del Mundo, Libertad Digital y Diario las Américas, y editor de revistas como Perfiles, Encuentro de la Cultura Cubana, Islas y, actualmente, Herencia Cultural Cubana. Ha publicado las novelas "Apocalipsis: La resurrección" y "Erótica", la compilación de relatos "Cuentos de camino", los poemarios "Juegos de rol" y "La pausa que refresca" y las biografías "Instituto Edison: Escuela de vida" y "Jerónimo Esteve Abril, apuntes y testimonios", entre otros. Vive en Miami.

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