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Microteatro, arte escénico ‘enlatado’ y en vivo

Microteatro, arte escénico ‘enlatado’ y en vivo

Microteatro, arte escénico ‘enlatado’ y en vivo
marzo 08
21:05 2014

No es que acabe de descubrir Microteatro –el sábado 22 de febrero fue mi tercera experiencia con él–, pero después de estas terceras partes es cuando me he decidido a escribir sobre esta deliciosa paradoja de hacer teatro en vivo dentro de una lata (porque eso es lo que es, a fin de cuentas, un contenedor), y, al contrario de lo que dicen de las segundas partes, mis terceras fueron inmejorables, y ya quiero volver a repetir esta especie de traslación de los multicinemas norteamericanos al teatro de bolsillo hecha por los españoles.

El sábado de marras alcancé a ver solo cuatro de las tantas ofertas microteatronómicas que se ofrecían: El masajista (10:00 p.m.), Descongelado (10:40 p.m.) y, ya en la sesión Golfas, Pérdida de inocencia (11:25 p.m.) y No recuerdo nada de ti, a menos que seas como te imagino (11:40 p.m.). Ninguna me hizo arrepentirme de la elección.

Antes de entrar en detalles de cada obra en sí, quiero elogiar la organización, el orden y la puntualidad con que el Centro Cultural Español de Miami está desarrollando esta innovadora y fresca experiencia, porque si no estuviera todo muy bien cronometrado y anunciado, sería un micaosteatro en vez de lo que tan bien  han logrado.

Para empezar, el tema de El masajista, creación y dirección de José R. Pérez, me sorprendió por lo original, audaz y sincero, en una ciudad donde está prohibida la prostitución pero no los masajes eróticos, y de verdad que ese micromundo se presta para muchos argumentos, aunque en realidad cada quien prefiera tener el suyo en secreto después de acudir a un/una masajista, sea ero o no.

La segunda sorpresa fue el desenlace, pues nadie podía haber imaginado que esa bella y sensual mujer que tanto disfruta bajo las manos de su masajista sea una inválida, y creo que como mejor se pueden describir ambas actuaciones es diciendo que el primer actor mexicano Guillermo Quintanilla y la actriz española Lara Dibildos lograron una sensación de realidad impresionante, como si fueran sus personajes y no ellos mismos.

Descongelado, con texto de la autoría de Alberto García Martínez, en un tono de comedia delicioso, me hizo reír muchísimo, lo cual se sabe también que es muchísimo más difícil que hacer llorar, así que felicito a los actores Ismael la Rosa y Eduardo Ibarrola por haberse creído con tanta simpatía  esta farsa en que un señor ya sesentón “recupera” a su padre mucho más joven que él, y de paso, como quien no quiere las cosas, nos ponen frente a la triste verdad de la vejez.

Después del tono ligero de Descongelado, Susana Pérez y Claudia Valdés, dos excelentes actrices de distintas generaciones,  se convirtieron en madre e hija para recordarnos que el teatro es simbolizado por dos máscaras, no solo por la amable de la risa, y se apropiaron muy convincentemente del dramático texto de Alexis Valdés sobre el tema de las secuelas de un divorcio en los hijos, en este caso, de la Pérdida de inocencia de una hija que ha idealizado a su padre y que confirma de la propia boca de este la terrible verdad que la madre le ha acabado de revelar y se resiste a creer.

Por último, No recuerdo nada de ti, a menos que seas como te imagino, escrita, dirigida y actuada por Rolando Tarajano, con la actriz Roxana Montenegro como eficaz contraparte, es fiel al retruécano del título, pues el desmemoriado no es quien parece serlo, y lo finge precisamente porque lo recuerda todo de ella.

Tarajano logra una intensidad impresionante en su actuación, pero sin excederse, como si lo viviera, en un mano a mano con Roxana que, tras su aparente control de la situación como “victimaria”, se convierte en la verdadera víctima de la pérdida de los recuerdos.

En fin, cuatro obras y ocho actores acertados y orgánicos, que mantienen muy viva la magia del teatro aunque sea dentro de un contenedor.

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Sobre el autor

Baltasar Santiago Martín

Baltasar Santiago Martín

Baltasar Santiago Martín (Matanzas, 1955). Ingeniero estructural, en 1987 fundó en La Habana el grupo “Arar” (Arte y Arquitectura). Tiene publicados “Amaos los unos a los otros” (Betania), “Esperando el velorio” (Alexandria Library), “Calentando el bate” (ZV Lunáticas), “Una vida, un tren”, (Alexandria Library) y “Visión 21/21”, (Linden Lane Press), entre otros libros. En 2008 creó la Fundación Apogeo para el arte público, y en 2013 la revista cultural Caritate, tras casi cuatro años como columnista y jefe de redacción de la revista Venue. Es corresponsal en Miami de la revista Newsweek en español.

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