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Miguel Barnet y la cultura del barniz

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Miguel Barnet y la cultura del barniz

Miguel Barnet y la cultura del barniz
julio 23
22:07 2016

 

Hace unos días el funcionario cubano Miguel Barnet declaró que Fidel Castro es el gran gestor de la cultura cubana. Le zumba la berenjena. ¿Acaso es humor negro o una típica adulonería cortesana? ¿Vale la pena tomar esto en serio, aunque lo diga un atorrante bufón de la corte? No es la primera vez que los encumbrados y vacas sagradas del régimen, los “zurdos” como les llamaba Lezama Lima, se postran ante su Ave César. Lógicamente, sin él serían nada.

Tampoco es la primera vez ni la última en la historia que hay lamebotas en las capillas del poder absoluto. Este tipo de declaraciones apesta desde los tiempos de Nerón, Napoleón, Stalin, Trujillo. Se sabe que Hitler impulsó la cultura alemana, convirtiéndola en un numen a su imagen y semejanza, creó su propia cultura nazi, basada en la proscripción de la creación independiente y replicante. Muchos aplaudieron el bodrio. Lenin creó antes la versión cultural de la hoz y el martillo, poniendo una mordaza a la expresión libre, le bastaba con el realismo socialista. El hecho es que en todo despotismo la libertad es subversiva y punible y la cultura alternativa es decretada indeseable y contrarrevolucionaria.

Del romanticismo a la nueva tierra baldía

Remontándonos al 1959, inicio de la llamada Revolución Cubana, ya la cultura cubana había generado sus frutos tradicionales, modernos y paradigmáticos décadas antes. Desde ese año a 1971 transcurrió un torbellino de cultura romántica revolucionaria glorificada por el estrellato de la izquierda internacional, Sartre, Cortázar, Sontag, hasta que sobrevino la gran mácula en 1971: el caso Heberto Padilla, la encarcelación de un poeta por escribir libremente, primera implementación de la advertencia estalinista de Castro, proclamada en 1961: “Dentro de la Revolución todo, contra la Revolución nada”. Retórica perfectamente engrampada con un criterio de valor que prioriza el alineamiento ideológico y censura los desvíos, llamados por entonces “rezagos burgueses”, luego gusanería y diversionismo ideológico.

En eso de metaforizar la represión nadie le gana a esta gente. Ese fue el camino trazado para la cultura cubana, impuesto desde arriba, el de arar la tierra baldía, mediante regulaciones, militancia, caprichos, gustos personales y la pobre ilustración de los encargados de aplicar la novedad, la cual había dado tan buenos resultados al método soviético. La cultura como arma de la revolución y vehículo de propaganda. Del romanticismo se fue pasando al “arte de hacer ruinas”, con unos sicopáticos tonos de surrealismo, constructivismo rojo y realismo brutal, opción cero. El escape fue el exilio masivo, donde ha sobrevivido la cultura cubana alternativa y cualitativa, la más libre y también la más inmerecidamente agredida de todos los exilios intelectuales de la historia americana.

Fidelización de la cultura

La nueva política cultural asedió a los intelectuales inconformistas, apolíticos y libres pensadores. La fidelización, mejor dicho, la estalinización de la cultura cubana originó los francos opuestos: cultura revolucionaria dirigida versus cultura disidente censurada y perseguida. Cultura castrista comunista versus cultura martiana y del exilio. Como sabemos, la cultura libre y plural, la expresión creativa crítica y los contenidos originales fueron reemplazados por la cultura de la ideología de estado, basada en el panegírico y la expresión avasallada por los límites y la farsa, especialmente en las letras.

La música, principalmente la Nueva Trova, originó unos excelentes tonos líricos, pero siempre ha estado regida por los requisitos del panegírico revolucionario. Lo mismo sucedió al ensayo, la historiografía, el cine, el deporte, las artes plásticas, las costumbres y tradiciones, etc. Todo fue atosigado de propaganda y control ideológico. La televisión, como los periódicos, son marionetas de la sofística informativa, incluso hoy que se permite cierto acceso al Internet. La economía, manejada improvisadamente, se estancó en el subdesarrollo y la cultura de la pobreza y de la necesidad. Nunca en la historia de Cuba hubo una gestión económica más fracasada, a pesar de los gigantescos subsidios soviéticos y luego venezolanos. ¿Cómo es posible que en el país del azúcar no haya dulces? El embargo norteamericano no es culpable de que los Castro sean los únicos millonarios en la isla y los inventores de la magra receta de cocina.

Es curioso, los ciudadanos han padecido cientos de carencias, menos en lo cultural, cuya promoción acopla con la propaganda: deportistas y celebridades artísticas se presentan como logros de la revolución. Si han cambiado algunas cosas, digamos en lo material, y hay relaciones con Estados Unidos, otras siguen igual: el control ideológico de la cultura, el acatamiento al mensaje comunista, la representatividad de la nación revestida de prosapia castrista, la doble moral. Si a veces se permite una mínima crítica, es por su matiz mediatizado: no cuestiona el poder de la castrocracia.

Cultura de barniz versus cultura cubana

Con cultura de barniz no me refiero a la cultura cubana, pintorreteada eso sí de murales desgastados de patria o muerte, sino a la hipérbole apologética del señor Miguel Barnet, apodado “Miguel Barniz” por el escritor Reinaldo Arenas. Reinaldo lo definió como “el más cínico de los escribidores cubanos”. Lo llamaba “escribidor”, en vez de escritor. ¿Por qué? Los trapos sucios son record público. Léanse “Antes que anochezca”. De un escrito de Amir Valle tomé datos relevantes sobre Barnet y su elocuente cinismo (1)

Mejor nos centramos en cómo Barnet ve a su mecenas Fidel: “Es el artífice de la política cultural cubana, el gestor es Fidel…” (Palabras de Barnet en el aniversario 55 de Palabras a los Intelectuales, 30 de junio, 2016). Uno oye puras tarugadas increíbles. Le he oído decir al historiador castrista Eusebio Leal: “Fidel es el padre de todos los cubanos” y el cantante Silvio Rodríguez lo ve como un padre.

En Barnet la adulación arrastrada es inexacta. En su discurso debió precisar que Fidel es el promotor de la cultura castrista que impera en la isla por más de medio siglo, pues el castrismo bajo ningún concepto personifica a la cultura cubana en ningún sentido. La cultura cubana abarcadora, auténtica y trascendente, cultura esencial sin ideología, incluye a los cubanos de distintos pensamientos vivan en la isla o el exilio, en su mayoría discrepantes y opositores del modelo cultural castrista. Se podría decir también que Castro es el promotor de muchos dramas y aberraciones en la vida nacional. En realidad la cultura castrista no puede existir sin el dogma y el panegírico, sin la purga, el policía ideológico, el proceso de Kafka y la famélica cosecha de inspiración. Es una cultura completamente cuantitativa, cerrada y manipulada que promueve más desertores que adeptos, hermana recalcitrante de aquella cultura prefabricada y aherrojada que rigió los destinos del comunismo real hasta 1989.

Barnet olvida que Martí estando exiliado en New York, fue un crítico del marxismo. Menciona al gran historiador cubano Moreno Fraginals, sin decir que desertó del castrismo harto de las iniquidades y mentiras y falleció en Miami. Solo estando loco se hubiera atrevido a tocar el tema del exilio intelectual y cultural donde figuran muchos estelares, algunos de ellos censurados y olvidados en la isla: Cabrera Infante, Gastón Baquero, Leví Marrero, Lydia Cabrera, Jorge Mañach, Carlos Alberto Montaner, Severo Sarduy, Lino Novás Calvo, Enrique Labrador Ruiz, Zoé Valdés, Jesús Díaz, Amir Valle, Armando de Armas, María Elena Cruz Varela, Antonio Benítez Rojo, César Leante, Iván de la Nuez, Armando Añel, Raúl Rivero, Carlos Carralero, Rafael Rojas, José Triana, Carlos Victoria, Daína Chaviano… Son más de mil artistas y escritores de una lista que sigue creciendo. La lista aumenta si se añaden pintores, artistas, arquitectos, científicos, investigadores. Todo el mundo sabe que Ernesto Lecuona, compositor, y Celia Cruz, cantante, murieron en el exilio, como muchos otros grandes. Lezama Lima murió en su “exilio interior” habanero. Más de 300 representantes de la cultura cubana del siglo XX escaparon del castrismo y murieron en el exilio. Para Barnet esta cultura paralela, así como la miseria de los cubanos, las barbacoas y los solares, importan un carajo.

La cultura castrista, claro está, tiene su membresía, unos vagos luceros que se aferran a los rayitos de la vocación; por su parte, voceros, funcionarios y lacayos oportunistas, los conocidos “uneacos”, viven del cuento y la mala prosa. Los genios escarabajos sueñan con una brecha para fugarse; hay una serie de independientes brillantes, remisos a ser autómatas, que no temen traspasar las prohibiciones (escritores, artistas, periodistas, académicos). La cultura cubana esencial no ha muerto, por el contrario, sigue viva y en expansión hacia el futuro, en nada se parece a la burocracia cultural decadente que encarnan Barnet y otros jerarcas culturales privilegiados. Por suerte, tanto en el contenido como en la forma la nueva obra de arte se revitaliza con una visión del mundo más cubana, universal y liberadora que castrista, premisa de los nuevos tiempos.

(10) Amir Valle. “Miquel Barnet o elogio del cinismo”, en Otro Lunes. Revista hispanoamericana de cultura. No. 06, febrero 2009. http://otrolunes.com/archivos/06/html/otra-opinion/otra-opinion-n06-a02-p01-2009.html

 

Sobre el autor

Antonio Ramos Zúñiga

Antonio Ramos Zúñiga

Antonio Ramos Zúñiga es un periodista freelance, además de dedicarse a la arquitectura, la fotografía de viajes y la historia del arte. Actualmente investiga el patrimonio cultural de México, donde reside. Es miembro de la Asociación de Amigos de los Castillos de Puerto Rico y de la junta de editores de la revista Herencia, en Estados Unidos. Ha publicado en periódicos y revistas de varios países y recibido premios por sus trabajos. Es autor de "La ciudad de los castillos" (2006) y de las novelas "Cornatel, el secreto español" (2014) y "Bonos chinos. Todo se sabe en la vida" (2015).

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3 comentarios

  1. Noelio
    Noelio julio 29, 05:30

    Excelente!. La mejor prueba es ver el cine que hace el ICAIC y el de los muchachos independientes. Estuve en el pasado festival de La Habana y vi dos excelentes películas, eso si, para mi sorpresa exhibidas: LA OBRA DEL SIGLO Y EL ACOMPAÑANTE. Ambas inteligentes, bien hechas, de humor ácido y no ese humor bufo del cine oficial, de crítica intensa desde lo artístico y no esa crítica desordenada y ramplona que a veces hacemos desde el exilio. Dos joyas. Lo mismo ha ocurrido siempre en la plástica y la literatura Cubana. Lo periférico ha sido mas interesante que lo oficial. Y este Barnizado ególatra, que se ve a si mismo como la célula madre de la cultura Cubana y ha sido sostenido en pie por el Castrimo, se le hace lógico ver a Fidel como el motor impulsor de la cultura, que se resume en él.

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  2. Bovo Caraas
    Bovo Caraas julio 29, 14:44

    triste como han destruido nuestra cultura y creado el HOMBRE NUEVO que es un chiste

    Reply to this comment

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