Se trata de una lucha en el plano astrológico, donde el padre Sol no permitirá por ningún concepto que algunos pigmeos terrestres lleguen a alcanzar su brillantez, que tanto le ha costado durante mil millones de años luz.
El Sol estima que el hombre es un advenedizo vanidoso. Que no se conforma con la cantidad de luz que recibe. Que siempre está pensando en ir más allá de sus posibilidades reales e incluso ha intentado asesinar la reputación del Sol. El Sol, a manera de revancha, ha estado emitiendo ondas astrales contra el centro del ego del hombre, con el objetivo de asesinar su reputación. El Sol ha puesto en entredicho al hombre, a lo que es capaz de hacer más allá de sus posibilidades. Y no lo ha hecho por mal, sino por bien, pues asesinando esa falsa reputación del hombre éste puede llegar ser lo que en realidad es: un ser sin reputación, sin atributos ni expectativas. Para el Sol, el hombre que llegara a tener reputación no sería un hombre de verdad, sino un farsante.
Un investigador ruso, Alexander Chizhevsky, que fue enviado a los Urales a trabajo forzado en el periodo estalinista, puso en duda la tesis marxista de la determinación social y la lucha de clases. Por esa opinión, el régimen de Stalin intentó asesinar su reputación como científico biofísico, al contrarrestar la idea de Chizhevsky de que los ciclos biológicos del hombre estaban directamente influenciados por los ciclos cósmicos. Chizhevsky decía que la lucha de clases y las revoluciones sociales estaban motivadas por un malestar del sistema solar.
Aunque su reputación fue aparentemente asesinada, esto nunca ocurrió. Después de ser liberado continuó sus investigaciones astrológicas, y en la Rusia actual se le considera uno de los más grandes científicos.
Lo que me llamó la atención de su programa no fueron sus resultados, sino la profecía que, a manera de hipótesis, nos legó. En Space Pulse of Life, Chizhevsky escribe algo insólito y enigmático: el hombre pierde su vida pensando que depende de sí mismo y no sabe que algo superior a él lo domina. Todo lo que el hombre se agencia como gloria y merecimiento es algo ilusorio, quimérico. Por tanto, en los próximos años del siglo XXI nuestro padre mayor, el Sol, acabará asesinando la risible connotación de la reputación.
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El brillante de la metatranca