En el año 2008, luego de que cayera al piso durante una misa en el pueblo Sokolka (este de Polonia), comenzó desarrollarse sobre la hostia un punto o mancha oscura que posteriormente dos médicos identificaron como “tejido de músculo cardíaco”. Este domingo, el arzobispo de Bialystok Edward Ozorowski ofició una misa especial por el milagro:
“El punto oscuro en la hostia es parte del corazón de Jesús”, aseguró, y creen muchos en ese país católico del centro de Europa. “Para Dios no hay imposibles”.
A lo largo de la Historia varias veces “la sustancia del cuerpo o de la sangre de Cristo se ha hecho evidente para los sentidos humanos”, ha recordado la Iglesia Polaca. “Y esto pasó en Sokolka”.
La hostia fue puesta en exhibición ayer en la iglesia del pueblo de San Antonio, ante la vista adoradora de unos mil fieles. De cualquier manera, el Vaticano aún no se ha pronunciado oficialmente en cuanto a si el punto sobre la hostia es parte o no del corazón de Jesucristo.
Un fenómeno similar
En cualquier caso, ni de lejos se trata de un fenómeno inédito. Algo similar pasó recientemente en la Iglesia Católica de San Agustín, en el sur de St. Paul (Estados Unidos), según reportó la periodista del Star Tribune, Rose French.
Ocurrió durante la misa del 19 de junio, cuando otra hostia cayó al suelo y fue más tarde introducida en un recipiente con agua para disolverla. Una semana después, sin embargo, la hostia, aún sin disolverse, había adquirido un tono de rojo sangre.
Funcionarios de la Arquidiócesis de St. Paul y Minneapolis aún investigan si la coloración de la hostia tiene carácter milagroso.
Una hostia es un trozo de pan ácimo (sin levadura), de harina de trigo, generalmente con forma circular, que se ofrece en la misa cristiana y católica como ofrenda o sacrificio incruento.
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Reconoscamos que Dios está con nosotros y que quiere que lo veamos y estemos con el
Y como podemos estar con el: Reconociendo a Dios en nuestra propia vida y la de nuestros hermanos. Y admirandolo cuando su único hijo se entrega en la sagrada comunión.
Amén.