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Mirando el crucero

Mirando el crucero

Mirando el crucero
Febrero 22
05:18 2013

El 5 de enero llegó al puerto de La Habana un crucero. Los cruceros son atractivos barcos cuya finalidad consiste en ofrecer viajes que tienen la mágica virtud de infundir en sus pasajeros sensaciones paradisíacas.

El primer viaje crucero se anunció en 1835 con una trayectoria que abarcaba Escocia, Islandia y las Islas Foroe. Dos años después se creó la primera compañía con el nombre de Peninsular Steam Navigation Company.

Hoy día alrededor de 280 compañías ofrecen unos 30 mil cruceros con 2 mil destinos diferentes por todo el mundo y variedad de itinerarios y tarifas que se adaptan a las necesidades de cada pasajero.

No hay que ser burgués para viajar en cruceros. La cifra de cruceristas anuales es de 16 millones.

Los barcos son muy diversos: desde trasatlánticos hasta pequeños, poseen variedad de instalaciones, múltiples servicios, y andan por mares y ríos exóticos.

El crucero que entró ayer al puerto de La Habana es del tipo trasatlántico: enorme y todo blanco. Con un poco de imaginación y buen apetito nos da la impresión de ser un delicioso cake de varios pisos.

Los turistas, en cubierta, miraban a La Habana con prismáticos, mientras el majestuoso crucero se deslizaba por la epidermis de nuestro histórico puerto, tan carente de barcos que parece consagrado a monumento histórico. Y un puerto sin barcos es como un jardín sin flores.

Cuando el crucero atracó en el muelle destinado exclusivamente a cruceros y yates privados, ya esperaba allí un equipo de corresponsales. Los turistas fueron recibidos por autoridades del Turismo, mientras un grupo de muchachos les regalaban uno de esos cubanísimos espectáculos musicales de ocasión. Todo se filmó y luego pasó como noticia en el noticiero nacional de televisión.

Naturalmente los cruceristas se emocionaron. Sonreían y saludaban a los niños. No suelen ser recibidos con este tipo de acogidas cuando arriban a otros puertos del mundo, ya que en todo el mundo la presencia de un crucero es un hecho tan cotidiano que no puede ser noticia.

No estamos acostumbrados a ver cruceros. Y tampoco los tenemos. Por imponderables de la historia nos tocó bailar con la más fea, pues nuestro desarrollo ha sido como un rollo que apenas se desenrolla. Cuando parece que vamos adelante: ¡bum!, siempre algo lo detiene. Se parece al cuento de La buena pipa en que siempre comienza pero nunca termina.

Pues resulta que, visto el crucero por el noticiero, hay quienes tomaron la noticia como una invitación para asistir a un espectáculo público; como si en lugar de un barco lo que hubiera en el muelle fuera un enorme chimpancé atado con cadenas.

Hasta mi esposa se ha puesto de acuerdo con varios miembros de la familia para ir a ver mañana al crucero.

Pero yo no voy a verlo. Ya una vez llegó uno al puerto y de tanto mirarlo y mirarlo el corazón se me fue haciendo una pasa.

—Caca —me sorprendió una voz dentro de mí—: se mira pero no se monta.

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Miguel Sabater

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