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Muerte súbita o la Senda Espartana

Muerte súbita o la Senda Espartana

Muerte súbita o la Senda Espartana
mayo 18
13:12 2014

“En cierta ocasión Dios previno al pueblo de un terremoto que habría de tragarse las aguas de toda la tierra. Y las aguas que reemplazarían a las desaparecidas habrían de enloquecer a todo el mundo.

Tan sólo el profeta se tomó en serio a Dios. Transportó hasta la cueva de su montaña enormes recipientes de agua, de modo que no hubiera ya de faltarle el líquido elemento en los días de su vida.

Y, efectivamente, se produjo el terremoto, desaparecieron las aguas y una nueva agua llenó los arroyos y los lagos y los ríos y los estanques. Algunos meses más tarde bajó el profeta de su montaña a ver lo que había ocurrido. Y era verdad: todo el mundo se había vuelto loco y lo atacaba y no quería tener nada que ver con él. Todo el Mundo estaba convencido de que era él el que estaba loco.

Así pues, el profeta regresó a su cueva de la montaña, contento de haber tenido la precaución de guardar agua. Pero, a medida que transcurría el tiempo, la soledad se le hacía insoportable. Anhelaba tener compañía humana. De modo que descendió de nuevo a la llanura. Pero nuevamente fue rechazado por la gente, tan diferente de él.

Entonces el profeta tomó su decisión: tiró el agua que había guardado, bebió del agua nueva y se unió a sus semejantes en su locura”[i].

Tras el dictamen curator de “Yo no pienso, yo estoy muerto”, el transversal creador visual Raúl López García propone una denuncia, no solo un estado espiritual, mental y físico (luego de enfrentarse con su irrevocable infarto en vida real) sino una dinámica impostergable en la toma de consciencia, cuya condición inflexiva empuja al crecimiento y un beber del lado oscuro; poniendo en suspenso la función intelectual, superada por la binaria de la supervivencia, en contraposición al síndrome crucial de nuestra modernidad postrera del control y el serialismo: Signos de un tiempo en crisis, residual de una soci@pausia irredenta, endiéndase: sociopatía activa explicita; que pone en alerta la excesiva doxología aplicada, que suplanta o disuelve la realidad en un esquema. Una contrariedad que no es solo “crítica a la razón ¿pura?” en el sentido post Kantiano, sino incluso al mecanicismo cartesiano cuya herencia del ¿humanismo? positivista postindustrial, optimizó lo civilizatorio nauseabundamente triunfal, cuyo optimismo evidencia por oposición su lógico deterioro.

De pronto se acabaron las mañanas radiantes, y una vez bienvenidos a la sagrada sombra hemos de constatar la rotundidad del hecho de que para trabajar en aquello que entendemos como “lo positivo”, haya que hurgar en “lo negativo”, en la semántica y la sintaxis de los pozos tenebrosos de la inconsciencia, pues lo contrario del bien no es el mal, sino su complemento, en ausencia de conflicto y gnoseología contrariada. Toda su obra, hoy, nos habla de aprender a estar “más allá del bien y del mal” (de manera no adversativa); umbral donde los (ininteligibles) argumentos casi siempre carecen de sentido; cuestionando paradoxalmente: -lo injusta que puede ser una verdad, lo falsa que puede ser una certeza, la necesidad de la imposibilidad, el mal que puede contraer un bien, tantos pecados en nombre de Cristo y viceversa-.

Abierto de una vez el abismo bajo los pies, donde a punto de perderlo todo, incluso la vida, del mismo modo perdemos de una vez el miedo y vamos poniendo en tela de juicio cualquier creída leyenda sobre la supuesta “objetividad”, que el nihilismo histórico denominó “las trampas de la certidumbre”[ii]. Un modo sagrado –si se quiere– de devolvernos la sangre ritualizada, de frente y sin eufemismos. Una vindicación de la avería, la errática, el interior (por fin) a la vista para su necromancia; constantemente velad@, demonizad@, usurpad@ y condenad@ a las esclusas de una transversalidad exorcista del pensamiento moderno, donde vencen la ignorancia, las cruzadas, la cultura hormigonera, la psicología buldócer y las metralletas.

La exposición colectiva Muerte Súbita se inaugurará el próximo 28 de mayo, a las 18:30 horas, en la Galería 59, ubicada en la Rue de Rivoli 59, París, Francia. Abierta hasta el 8 de junio de 2014. Raúl López García es un artista visual originario de la Ciudad de México. Su obra ha sido premiada y seleccionada en varias ocasiones, y forma parte del acervo de colecciones privadas, museos e instituciones.

Raúl revela como extraído de su experiencia túnel, la herencia visionaria y transpersonal del verdadero “tech-non”, un milenarismo procaz y deslenguado que le aventaja decir: –¡Cuidado!– tenemos la Bomba Atómica, una especie de amenazante “marcapasos” del planeta, luego estamos en la Bomba Informática (la información capilar y pormenorizada de todos sus usuarios); y gracias a ella podemos hacer investigaciones sobre el genoma, condición que posibilita que la Bomba Genética esté ya aquí. Un acting-out por excelencia, colmo de la disociación del cuerpo, bajo los imperativos didácticos de la crueldad. Otra cartografía del Mundo, de la extrañeza que se hunde por un lado en lo nanométrico y por otro hacia las estrellas, una supresión del misterio donde la vida resiste a duras penas, la letal disyuntiva a ser encapsulada (ver su obra tanto “La última cena” como “El último shock”) un estado listo para el consumo, en dosis de prescripción facultativa, otra dimensión t(r)opológica que aún nuestros sentidos desacostumbrados a la velocidad, la intermitencia, la permanente cultura del feedback y la interferencia, ya ni asumen, ni comprenden. Su imagológica es un alegato combativo de resistencia continua, alteridad al paulatino monopolio y colonización de la realidad, por una ¿consciencia? repleta de carencias y un déficit general de inteligencia emocional y espiritual, pero sobre todo prehistoria instrumental y tecnológica a la que hemos de sobrevivir. Resistiéndonos a todo aquello que heredamos de la voluntad de control, orden y dominio sobre las cosas… dispuestos a obrar como cómplices en la mentira. El Simulacro. (…) Solamente mediante el olvido puede el hombre alguna vez imaginarse que está en posesión de alguna verdad, cuando no se contenta con estúpidas tautologías (…) trocamos continuamente ilusiones, nos deslizamos sobre los fenómenos (…) resultado de un uso falso e injustificado principio de la razón. Las cosas (mejor dicho desde) los modos de representación modernos, cambian tan a prisa que no hay tiempo para reaccionar. Insospechablemente todo esto va siendo cada vez menos asombroso y más común. Sentencia F. Nietzsche: El hombre es el único animal que sufre tan intensamente que ha tenido que inventar la razón y la risa[iii].

Raúl López García

Raúl López García

Hablo de cómo Raúl crea una metodología para la distorsión, una senda musculada y estoica para la “auto-salvación”, por generar instrumentos de análisis, como vehículo de percepción y desciframiento. Sus trabajos son sentencias, el puñetazo de un “koans” irredento e inclemente para mentes adocenadas, -hubo otros tiempos para esas licencias, y aquellos polvos trajeron estos lodos-; ahora son tiempos de actos, la poesía es/en un acto. Un arma poderosa en manos del “guerrero”, cuya gasolina incendiaria e “indignada” pasea delante del fósforo, aliento Molotov con la urgencia épica y sin mitificación que tan consecutivamente se nos usurpa, se nos roba, haciéndonos sociedades cada vez más infantiles y domésticas… Esta vez Raúl habla de la voz que otrora, en medio de la devastación y el desastre, gritase: –¡Oh, Dios Mío!– “¡Adelante camino! La bandera va por el paisaje inmundo y nuestra jerga ahoga al tambor. “Fomentaremos en los centros la más cínica prostitución. Masacraremos las revueltas lógicas”. “¡En los países sazonados y reducidos! –al servicio de las más monstruosas explotaciones, canto crepuscular de una memoria infecta, humeante como fabricas roídas, pletóricas industriales o militares–“. “Hasta pronto aquí, no importa dónde. Reclutas de buen grado, no evitarás mi llamarada… tendremos una filosofía feroz; ignorante(s) de la ciencia, duchos para el confort; aniquilamiento del mundo que anda. Tal es la verdadera marcha[iv]”.

Morte Subite Artraul…Allá lejos y a su vez tan cerca, luego de cada muerte la vida se hace más sutil, más elegante, más fina… y rota el ombligo de Dios; el vórtice mismo donde el niño tumbó su trompo; diablo de las tres voces claras y devueltas, agujero sideral donde el cántaro vertido de la espesa tinta invisible, salpica… En las hojas de tus ojos caben cometas rutilantes, buscando su medida bonita (…) Y “la nave va”… o (se) viene y es/en lo mismo sin ser(lo), el “Ahorcado Juego de lo Humano”. Porque la menor distancia entre nosotros no es sino ignorancia, apariencia y desastre. No hay en realidad distancia, ni (des)ánimos de la razón mecánica que por años estipuló su pesada “diagnosis”. Contempla el duro cuenco vaciado de la Tierra, el huevo roto, visceral y herido de una letal eucaristía, redondeada piedra “interruptus” de toque púrpura profundo. Somos ese “Objeto” sin sujeto, vagando  sutil e ¿imprescindible? Tú eres un silencio que cruza el espectro de los ángeles azorados, ¿acaso te sueñas perdido cuando te acercas demasiado?
Todo acto extremo es revelador, pero aprendemos de ello sólo si no lo pasamos por alto.

Remota presencia en ausente, que en ausencia se presenta, y adivinas lo obscuro, lo profano… ceniza repartida sin gobierno. Estela de bruces entre las nubes de tu corazón confirmado. Águila dorada surcando el Sol, atravesando el ácido metal bruñido del campo minado, el sabor de la sangre entre los dientes.

A lo lejos, el astro dibujó tu continuidad de cola firmamental, una segunda oportunidad para demorarte y tomarnos aún menos serio; el arco del iris violento, suerte del “no-muerto” que pasa. Y tantas cosas no se nos queda(rá)n por no-hacer, maniobrando el arca cognitiva antigravitatoria del arte, templo de la vida entera, danzando alrededor de la creatividad. “Podemos estar orgullosos de lo que hemos hecho, pero deberíamos estarlo mucho más de lo que no hemos hecho. Ese orgullo está por inventar”[v]. Reunidos como peregrinos insomnes, encontrados en medio de vida, aprendiendo a ser polvo de estrellas, pues para brillar primero se ha de arder.

Y alguien preguntó la diferencia entre el “Conocimiento” e “Iluminación”, a lo que el Maestro responde: “Cuando posees el Conocimiento empleas una antorcha para mostrar el camino. Cuando te Ilumina­s te conviertes tú mismo en antorcha.



[i] “La Senda Estrecha”. Cuento anónimo de la tradición Zen.

[ii] Maturana, Humberto. “La objetividad – Un argumento para obligar”. Santiago de Chile: Ed. Dolmen, 1997.

[iii] Nietzsche, Friedrich. “Más allá de la verdad y la mentira en el sentido extramoral”, Edaf .Ediciones, 1990.

[iv] “Epicúreos versus Estoicos. Entre Guantánamo y el Manto Negro”. Del Tormento Apocalíptico de Rimbaud al Paraíso Artificial en Baudelaire. Cita del autor en un poema suyo inédito de 1994.

[v] E. M. Cioran. “Ese Maldito Yo”. Tusquet Editores. Col. Marginales, 1988.

Sobre el autor

Adrián Morales

Adrián Morales

Adrián Morales Rodríguez es Doctor en Estética por la Universidad de la Sorbona, Paris. Artista visual, músico, compositor y multinstrumentista. Discípulo del padre de la Deconstrucción Jaques Derrida. Entre sus textos obran: “Trastornos. De lo Antropofágico a lo Antropoémico. Power Food LEXIcom” Edt: Artium, Vitoria Gasteiz, 2008. “Sobre Dalí o la Metástasis del Inconsciente”, Edt: Fundación Joan Abelló, Barcelona, 2005. “HisPánico, I, II y III”, Edt: NomadART Productions, Barcelona, 2001 o “Genética Control y Sociedades en Descomposición”, Edt: Atópics, Paris, 1995. Vive y trabaja entre Europa y Estados Unidos.

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1 comentario

  1. Cabriol P.
    Cabriol P. mayo 18, 14:19

    Escritos como este nos afianzan en la creencia de que existe vida mas alla de la muerte del pensamiento que nos rodea. Vida en el arte de la palabra y vida en el lienzo!

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