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Nabucco, más que “un buen pensamiento en la tierra natal”

Nabucco, más que “un buen pensamiento en la tierra natal”

Nabucco, más que “un buen pensamiento en la tierra natal”
febrero 13
09:33 2014

“¡Ve, pensamiento, con alas doradas, /pósate en las praderas y en las cimas / donde exhala su suave fragancia /el dulce aire de la tierra natal! / ¡Saluda las orillas del Jordán /y las destruidas torres de Sion! / ¡Oh, mi patria, tan bella y perdida! / ¡Oh recuerdo tan caro y fatal! /Arpa de oro de fatídicos vates, / ¿por qué cuelgas muda del sauce? / Revive en nuestros pechos el recuerdo, / ¡Que hable del tiempo que fue! / Al igual que el destino de Sólima / Canta un aire de crudo lamento / que te inspire el Señor un aliento, / que al padecer infunda virtud, / que al padecer infunda virtud, / que al padecer infunda virtud, / al padecer, la virtud!”.

Así dice la letra del coro de los esclavos judíos, “Va, pensiero”, el más famoso de todas las óperas sin lugar a dudas, pero no el único motivo para ver Nabucco, en este Miami tan multicultural debido precisamente a la gran cantidad de inmigrantes y exiliados de todo el mundo que hemos venido a recalar aquí huyendo de “asirios” más recientes que los de la mítica Babilonia pero donde, a diferencia de lo que sucede en la ópera, hemos encontrado mejores oportunidades que en nuestros países. Y la mejor prueba de ello es que, en uno de los dos elencos, Nelson Martínez –Nabucco, el protagonista– es cubano, y Mabel Ledo –Fenena, su hija– y Betsy Díaz –Anna, hermana de Zaccaria– son hijas de exiliados de ese país. Mabel canta en ambos elencos, al igual que Martin Nusspaumer –Ismaele–, quien es de nacionalidad uruguaya. Así que, además de ser un Nabucco “migratorio” por partida doble (argumento y elenco), es también muy latinoamericano. Muy hispano, mejor dicho, porque el excelente director de la orquesta, Ramón Tebar, ¡es español!

“Estoy orgullosa de traer Nabucco a la FGO después de 32 años sin ponerse. Sus temas resonarán con la diversidad de comunidades en el sur de la Florida”, ha afirmado Susan T. Davis, directora general y CEO de la FGO, y Ramón Tebar, a su vez, ha dicho: “La producción es una puesta clásica, tradicional, con dos espléndidos casts de gran nivel, y de los que estoy especialmente orgulloso, porque entre ellos, cinco de los principales son latinos: los dos Nabucco, Fenena, Ismaele y Anna. Lo que sirve de muestra de la gran calidad del talento que tenemos en Miami. Con ellos actuarán dos de las mejores Abigaille de las últimas décadas: Guleghina, con quien ya he tenido la ocasión de trabajar, y Susan Neves, que ha cantado el papel más de 200 veces”.

Nabucco es una tragedia lírica en cuatro partes, con música de Giuseppe Verdi y libreto en italiano de Temístocle Solera, basada en el Antiguo Testamento y en la obra Nabuchodonosor, de Francis Cornue y Anicète Bourgeois, que fue estrenada el 9 de marzo de 1842 en La Scala de Milán, con Giuseppina Strepponi –quien se convertiría en compañera sentimental y luego esposa de Verdi– en el papel de Abigaíl.

En la función del domingo 26 de enero del 2014 a la que asistí, el rol de Abigaíl, supuestamente la hija mayor de Nabucco, fue interpretado con admirable brillantez por la soprano dramática Susan Neves, quien satisfizo los riesgosos cambios de tesitura que esta ópera demanda de la soprano que se atreve a cantarla, y sin descuidar en absoluto la parte dramática, pues Susan asumió el rol de la malvada y vengativa Abigaíl sin sobreactuación y con total credibilidad, a pesar de ese arrepentimiento de happy end prehollywoodense que el libreto le impone.

Con tremendo gusto quiero decir que no me sorprendió en lo más mínimo la extraordinaria apropiación del rol de Nabucco que ha conseguido el barítono Nelson Martínez, a quien desde que lo oí cantar por primera vez le vaticiné “que hasta el Metropolitan no vas a parar”, y la Florida Grand Opera ya lo tiene en un grandioso protagónico, así que su ascenso no se detendrá, con el favor de ese mismo Dios al que su personaje termina respetando y venerando.

Antes de seguir reseñando las restantes “apropiaciones” de sus respectivos papeles por parte de Mabel Ledo y de Martin Nusspaumer, quiero hacer un aparte para comentar que precisamente Dios es el gran protagonista de esta ópera tan mística de Verdi, pues el compositor la escribió en una época terrible para él: su esposa y dos pequeños hijos habían muerto poco antes, y parece que encontró consuelo en esa fe divina que tanto nos conforta, lo mismo a cristianos que a judíos.

Mabel Ledo, como Fenena, tuvo la oportunidad de poder desplegar en el gran escenario miamense del Adrienne Arsht Center su hermosa voz de mezzosoprano, y se desenvolvió en su personaje como toda una consagrada actriz, muy bien acompañada por el tenor Martin Nausspaumer, quien fue un Ismaele cálido en lo actoral y muy grato en lo vocal. Adam Lau, como el Sacerdote de Baal, no desmereció en modo alguno en su personaje, y la joven y talentosa soprano Betsy Díaz se estrenó felizmente con la FGO en el personaje menor de Anna, la hermana de Zaccaria, el Sumo Sacerdote de Jerusalén, que tuvo en Kevin Short a un intérprete de lujo, afinado y preciso.

Mark McCullough realizó un eficaz diseño de luces para la convincente –y muy convencional– dirección escénica de Leigh Holman, aunque los decorados de Thaddeus Strassberger, a pesar de que resultan impactantes, son en realidad un pastiche forzado de épocas ajenas a la de la historia, pero nada de esto le resta brillantez a la puesta, cuyo coro interpretó magistralmente el “Va, pensiero” y “revivió en nuestros pechos”, una vez más, el recuerdo “tan caro y fatal”, de la “patria, tan bella y perdida”.

Sobre el autor

Baltasar Santiago Martín

Baltasar Santiago Martín

Baltasar Santiago Martín (Matanzas, 1955). Ingeniero estructural, en 1987 fundó en La Habana el grupo “Arar” (Arte y Arquitectura). Tiene publicados “Amaos los unos a los otros” (Betania), “Esperando el velorio” (Alexandria Library), “Calentando el bate” (ZV Lunáticas), “Una vida, un tren”, (Alexandria Library) y “Visión 21/21”, (Linden Lane Press), entre otros libros. En 2008 creó la Fundación Apogeo para el arte público, y en 2013 la revista cultural Caritate, tras casi cuatro años como columnista y jefe de redacción de la revista Venue. Es corresponsal en Miami de la revista Newsweek en español.

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