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Neo Club y la diferencia necesaria

Neo Club y la diferencia necesaria

Neo Club y la diferencia necesaria
marzo 03
03:14 2015

En los últimos años he seguido con atención a Neo Club. No es casual mi interés. Como a muchas otras personas, me atrajo su diferencia, expresada en la inclusión más allá de la imposición de normas, como en el clima de diversidad y de libertad de expresión que he venido encontrando en las propuestas discursivas de los y las allí participantes. Libertad que también encuentro, y de la cual disfruto participando, en los posts colocados en Facebook por Armando Añel.

En esos se menciona todo, de lo humano a lo divino (¿fabricación humana?). La premisa parece ser que nada que tenga que ver con Cuba y con la humanidad debe ser ajeno a nuestro interés. Lo más interesante es que el muro de Añel ha devenido en un espacio de intercambio, en ocasiones polémico, por excelencia. El mundo virtual nos permite crearnos un espacio de ejercicio de democracia. Cubanas y cubanos, que estamos tan necesitados de alcanzarla, de conocerla y, sobre todo, de aprender a practicarla, tenemos ahí una mínima pero válida oportunidad.

También por Neo Club supe de la presentación en La Otra Esquina de las Palabras de Joaquín Gálvez, en la ciudad de Miami, del libro Cuba, el problema y su solución (Neo Club Ediciones, 2014), de Armando Añel, Ángel Velázquez Callejas y Enrique Collazo. Entre sus presentadores estaba Juan Antonio Blanco, quien recordó que generalmente se enfrenta la problemática cubana con un enfoque político o económico cuando, sin embargo, el sustrato fundamental  es cultural.

Por otra parte, autores contemporáneos como Iván César Martínez y Juan F. Benemelis, y autores del pasado reciente como Walterio Carbonell, han alertado de la densidad de la problemática cultural en la continuidad de la conformación de la nación cubana.

Neo Club, así, ha sido un espacio de libre intercambio que me permite ahora, por contraste inverso, acceder al tema de la violencia en la cultura cubana, la exclusión y el futuro de la democracia.

La violencia en la cultura cubana y el futuro de la democracia

Con esas posibilidades maravillosas que nos ofrece la lengua, se designó con el término cultura (cultivo) a las creaciones humanas realizadas con el propósito de alcanzar nuestra superación material y espiritual. Nuestras prácticas y costumbres, códigos y normativas, rituales y sistemas de creencias, entre tanto más, son cultura. Y no siempre les deberíamos naturalizar, pues no todas son creaciones positivas.

Armando Añel interviene durante la presentación de 'Cuba, el problema y su solución' . Junto a él, de izquierda a derecha, Ángel Velázquez Callejas, Juan F. Benemelis y Juan Antonio Blanco

Armando Añel interviene durante la presentación de 'Cuba, el problema y su solución' . Junto a él, de izquierda a derecha, Ángel Velázquez Callejas, Juan F. Benemelis y Juan Antonio Blanco

Implícita o explícitamente muchos de nuestros estudiosos se han referido al nacimiento violento de la nación cubana y sus consecuencias hasta el presente. Muchos otros lo niegan. Es interesante que los primeros sean mayoritariamente parte de nuestra diáspora, y los segundos parte de la intelectualidad oficial y oficiosa. Esa violencia es parte del contenido negativo de nuestra cultura, y en esta hasta el presente la reproducimos.

Nuestra historia mal contada atestigua que en la vida política de la joven república el accionar de lo violento fue una realidad. Lo mismo sucedió tras 1959. Sólo que entonces los instigadores de la violencia lo han hecho desde el poder, lanzando contra quienes han disentido o se han opuesto públicamente a lo que, eufemísticamente, han llamado el “pueblo enardecido”.

Las bajas pasiones han sido utilizadas como mecanismo de control y de dominación. Los llamados “informes”, de los cuales todos los que allá vivimos precisábamos para cada movimiento de importancia (acceder a estudios, a empleo, viajar al exterior, etc.), han tenido más de chisme que de informaciones. Desacreditar al otro porque piensa diferente, o porque sencillamente no gusta (el motivo puede ser tan elemental como su apariencia o sus gustos), ha sido parte de la aviesa metodología.

Porque operan con lo que en psicología llaman de “raciocinio estratégico”. Procuran inducir el pensamiento, crear un imaginario colectivo favorable a sus horrores y a sus desmadres. No puede haber espacio para el análisis y la comprensión. Hay que inducir el ataque despiadado al diferente.

Así, muy elementalmente expuesto, funcionan los regímenes totalitarios y autoritarios. La diversidad, la independencia y la libertad son para estos una afrenta. Hay que combatirlas a como dé lugar. Y lo hacen. Para cubanos y cubanas es difícil al respecto albergar dudas. La creación de enemigos es una de sus armas. Y la persecución a estos es implacable, incluso más allá de las fronteras. Para desacreditarles, para poder atacarles, se le endilga todo tipo de epíteto peyorativo. Hay que conseguir disminuirlos.

Así, insisto, operan los gobernantes autoritarios y totalitarios. No los democráticos. Porque la democracia, esa asignatura fundamental aún pendiente que tenemos los cubanos, tiene que ser la valorización de la pluralidad y su concreción como pluralismo.

Haber nacido y habernos criado en ese sistema de arbitrariedades y monstruosidades, no debería situarnos en posición de necesariamente incorporarlas. Incluso peor: de criticar el sistema a la par que usamos sus mismos métodos.

No aprendemos a comportarnos democráticamente si practicamos la banalización del mal, la filosofía de que “el fin justifica los medios”, la premisa de que lo importante no es ser sino decir que se es e intentar parecer. Esto último, claro, sólo en lo posible, hasta que se sienta necesario golpear al diferente aunque sea en público… siempre, claro, en nombre de la “democracia”.

Cubanos y cubanos que en este momento política y sociológicamente, económica y antropológicamente crucial para la nación, así actúan, ya sea desde la posición oficiosa (del sí pero no), la disidencia o la abierta oposición al régimen, remedan la metodología de este. En un momento de necesarias y urgentes definiciones y re-definiciones (de las conceptuales y teóricas a las programáticas y de acciones), intentar invisibilizar, desacreditar, despreciar y menospreciar, todo ello intentando disminuir, marginar o excluir voces, porque sean discordantes de las nuestras, no es lo que estamos necesitando. Es ese un acto de irresponsabilidad para nada equiparable a un ejercicio democrático.

Por el mundo se insiste en el daño que ocasionan las verdades únicas, que ocultan la diversidad. En Occidente caracteriza a los nuevos tiempos la visibilidad de la multiplicidad discursiva con la correspondiente defensa de cada una, sin atrincheramientos, para que podamos avanzar en la búsqueda de consensos. De uno a otro extremo de los posicionamientos de la sociedad cubana, sin embargo, hay quienes insisten en el ninguneo como auto-reafirmación.

Y esto está sucediendo en la Isla y en cualquier parte del mundo donde estamos asentados. Porque la tortura psicológica y emocional, y como parte del diseño los esfuerzos por asfixiarnos económicamente, trascienden los límites geográficos de nuestro archipiélago.

¿Es ese un acto de inmadurez psicológica, emocional, intelectual, político, social, cultural, o es una estrategia? ¿No deberíamos, en una sociedad que tiene por delante la urgencia de reconstruirse políticamente al tiempo que lo hace en otras esferas, apelar a la búsqueda de saberes hasta el presente marginados o ignorados, al tiempo que asumimos nuestra responsabilidad en esas marginaciones, en la imposición de la ignorancia de mucho de lo mejor de nuestro capital cultural?

Si ahora nos comportamos con tan suprema negligencia, si a la par que pedimos libertad de expresión pretendemos acallar a otros y si pedimos libertad de voto pensando que ese voto será nuestro, ¿seremos capaces, con una estructura democrática de gobierno, de respetarla? ¿Es que hablamos de libertades y de derecho sólo para nuestros afines? ¿Estarán algunas personas interpretando la libertad como la libertad para oprimir las diferencias?

Sigo interrogándome: ¿vamos a continuar con las clasificaciones y jerarquizaciones según nos interese privilegiar a unos y menospreciar a otros, visibilizar e imponer a unos mientras ocultamos y excluimos a otros? ¿No vamos a parar con la práctica castrista de construir enemigos y de objetivarlos para públicamente justificar nuestros despotismos, incluida la práctica del caciquismo? ¿Estarán pensando algunos en establecer un gobierno de visos “democráticos” y práctica dictatorial, por lo integrista, autoritario y totalitario?

Ante la multiplicidad de fuerzas que hoy tienen y sostienen el respetable empeño de democratizar a Cuba, tenemos que preguntarnos con visión más amplia: ¿qué es lo que se programa para nuestro futuro nacional? Haciendo uso de mi derecho a opinar, creo y apuesto porque nunca más se nos fabrique e imponga la ilegitimidad como mecanismo de control ni como arma de exclusión.

Quiero dar crédito a la idea de que seremos suficientemente responsables y pragmáticos para no permitir que nos vuelvan a disfrazar las diferencias (sean estas políticas o de cualquier otra índole) con el manto de la ilegitimidad. Quiero ser optimista para pensar que vamos por fin a desasirnos de nuestra violencia de origen, porque las culturas tienen que mejorarse a sí mismas. Quiero ser optimista para pensar que nuestra diversidad, por fin, la expresaremos en el pluralismo (también político) que nos debe ser natural por nuestra conformación y devenir cultural.

Quiero ser optimista. Mas no dejo de alarmarme ante abundantes indicios de negatividades que se expresan e intentan consolidarse. Quiero ser optimista, pero sin dejar de husmear nuestra realidad e intentar colaborar para mejorarla. Quiero ser optimista y no quiero que tengamos que enajenarnos soportando y resistiendo constantes marginaciones y exclusiones.

Sobre el autor

María Ileana Faguaga

María Ileana Faguaga

María Ileana Faguaga (Mimi) es historiadora y antropóloga. Nació en La Habana, Cuba. Investigadora y Profesora-Directora del programa de diálogo cultural e interreligioso de CEHILA-Cuba (para el Estudio de la Historia de la Iglesia en Latinoamérica). Fue corresponsal en LH de Radio Única (Miami). Actualmente reside en Brasil.

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4 comentarios

  1. Armando Añel
    Armando Añel marzo 03, 16:12

    gran artículo. Muy agradecidos todos los que trabajamos con Neo Club por esta visión generosa. Gracias amiga!

  2. Rafael Piñeiro
    Rafael Piñeiro marzo 04, 16:46

    Muy buen artículo!

  3. Rolando Aniceto
    Rolando Aniceto marzo 12, 01:41

    Corpus teórico, definición, del NeoClub… Necesitamos más análisis como este y espero que vengan más.

  4. María de los Ângeles Miró
    María de los Ângeles Miró marzo 14, 13:25

    Lo que más admiro en esta exposición, es la claridad con que se dan los conceptos. Su didáctica es muy valiosa.
    Gracias!

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