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Neocastrismo y devenir

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Neocastrismo y devenir

Neocastrismo y devenir
octubre 17
20:25 2015

 

Los Castro gobiernan sobre un campo minado, sobre un volcán en erupción que hace entrever un devenir mucho más explosivo tan pronto desaparezcan físicamente del escenario político insular y las cenizas de su “autoridad moral” (esas que residualmente ejercen como figuras históricas de Estado) se esfumen con ellos.

Todo parece indicar que se perfila una de esas tramas de poder que tanto Shakespeare como Maquiavelo retratarían con suma excelencia.

El neocastrismo, es decir, sus posibles herederos y sucesores (familiares, casta militar y policial, militantes del partido único), carecen no sólo de esa legitimidad histórica y moral sino de un proyecto político creíble más allá de perpetuar el legado de control y la fortuna de la elite castrista.

La ausencia definitiva de los Castro en el poder y la sucesión al mismo del neocastrismo (familiares y núcleo duro de la militancia, apoyados por la maquinaria coercitiva y propagandista del régimen) significa el fin de la autoridad histórica y el comienzo de un periodo político más bien cínico, es decir, sin fundamentos ideológicos y morales aceptables y, por tanto, sin capacidad alguna de cohesión social. A estas alturas el castrismo agotó todos sus conjuros ideológicos, sus argumentos racionales (socialistas, nacionalistas) que le permitieron sustancialmente sostenerse en el poder. Aunque todavía la coartada del bloqueo forma parte de las reservas del mito del “enemigo imperialista”, sospecho que al neocastrismo no le queda más alternativa que la defensa a ultranza de un legado inútil y ficticio. Un partido único, de perfil comunista, sin los líderes originarios ni más argumentos ideológicos que el apego al poder y el culto a sus “mitos fundacionales”, defendiendo además los postulados del capitalismo y el libre mercado, es tan fraudulento, descarado e insostenible que sólo puede desafiar el sentido común e imponerse mediante la política del miedo, la exclusión y la represión continua.

Es probable que esta incoherencia contradictoria y vacía del neocastrismo sea su talón de Aquiles y le conduzca a un desgaste político que, si no le empuja hacia la apertura democrática y las libertades civiles, le puede conducir a un estado de coma irreversible de tanto contener los muros que niegan acceso al poder a aquellas voluntades democráticas y civiles dentro y fuera de la isla. Es este un devenir político tan sombrío como incierto.

La temperatura de la indignación y el malestar de los cubanos puede alcanzar un estado de ebullición inimaginable. Puede dinamitar –en un alcance imprevisible e insospechado– la delicada y dramática tensión social que vive la isla; una situación que entre diásporas, exilios y represión sistemática se ha conseguido postergar pero que amenaza estallar con virulencia en cualquier momento.

Por supuesto, el castrismo ha previsto este escenario; de ahí que su jauría represiva se encuentre activa y disponible siempre para socavar cualquier brote civil, individual o colectivo que atente no sólo contra el patrimonio castrista sino contra la propiedad privada y el gradual asentamiento del capital y las inversiones extranjeras bajo su control. Es obvio que, en estas circunstancias, la relación estado-sociedad se agudice y la vida bajo ese sopor esté condenada a un tenso cinismo, a la simulación y la hipocresía como arte de la supervivencia, al oxímoron de una insumisa obediencia y a la espera de que el caldo de tanta erupción haga que el volcán estalle.

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Sobre el autor

Julio Fowler

Julio Fowler

Julio Fowler (Santa Clara, 1964). Actor, poeta, crítico, cantautor y productor musical. Profesor y director de Teatro, ha publicado el poemario “Las profecías de Alsine” (Ediciones Vigía, 1988) y su poesía aparece en antologías como “Retrato de Grupo” y “Un grupo avanza silencioso”. Entre los discos que ha editado se cuentan “Dale Mambo” (2003), “Buscando mi lugar” (2006), “Utopías” (2009), “Factoría Autor” (2011) y “Ligeros de equipaje” (2012). Reside en Madrid.

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