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Ni Utopía ni sociedad perfecta

Ni Utopía ni sociedad perfecta

Ni Utopía ni sociedad perfecta
agosto 20
16:43 2014

En tiempos modernos, una visión pareciera disputarse el campo de lo humano. El viejo sueño de la sociedad perfecta, el Estado ideal, no importando el daño y sufrimiento que ello conlleve. Esta es una idea persistente que recorre el pensamiento europeo desde sus más tempranos inicios, allá con los tiranos sofistas de Grecia y Roma; y subyace en todas las viejas utopías y ha influido profundamente en las ideas metafísicas, morales y políticas de Occidente.

Los ideales de utopía buscan sus raíces en una imaginada Edad de Oro, de humanos satisfechos y perfectos. Es el paraíso inmaculado de la Biblia, la parusía; también Homero y Hesíodo ya la habían reseñado, luego vino Platón con su perdida Atlántida, junto a las utopías satíricas de Aristófanes, el Estado perfecto de Teopompo, o el sueño de Evemerus morando felizmente en islas sin animales salvajes, atestadas de árboles frutales.

No podemos olvidar a Tomas Campanella con su Ciudad del Sol, a Sir Francis Bacon con su Nueva Atlántida, un país dirigido por filósofos; a Tomás Moro, a Carlos Marx con su comunismo, etcétera.

Sólo que, en todos los casos, a partir de Adán y Eva el humano se rebela a la obediente perfección que lo metodiza, ya sea Dios omnipotente o Yo el Supremo dictador.

El primer diseño de utopía que tuve oportunidad de conocer, recuerdo, fue en la poesía de Alfred Tennyson con su reino de luz eterna en un mundo en calma, incluso sin lluvias. ¡Qué aburrido me pareció!

En los “trabajos agrícolas voluntarios” siempre tuve la sospecha que Marx había copiado del profeta hebreo Isaías con sus “últimos días en los cuales las espadas y lanzas se tendrían que convertir en arados”, un comunismo que no nos libraría de la granjería.

Del mismo modo me rompía la cabeza pensando cómo convivirían el lobo y el leopardo junto al cordero y cómo podría florecerse el desierto; “tendrán que preguntárselo a los israelitas”, me respondía en silencio.

Otro profeta arcano, Pablo, el San de Tarsos, me presentaba un mundo sin judíos, sin hembras ni varones, ni esclavos ni libres: un sueño de eunucos.

Estas ilusiones derivaron de utopías críticas del mundo real, de las utopías occidentales que siempre nos han rondado con su estado de armonía pura, donde el individuo se halla libre de peligros, de escasez, de inseguridad, de injusticia, de violencia.

En este sentido, el utopismo, la noción de la unidad rota y su restauración, constituye un hilo central en la diversidad del pensamiento occidental, y por eso continuamente crece como la verdolaga, no importa el mata-hierbas.

Y no sólo por el saber esotérico de la Cábala. Ahí tenemos los mitos herméticos de un Pierre Teilhard de Chardin o de Marshall McLuhan; o el “aura” sagrada de objeto único de Walter Benjamin, o el ecologismo panteísta de los protectores de mosquitos en los Everglades.

Y eso nos viene de Platón por distintos vericuetos, el cual reseñó tres tipos de naturaleza humana destinadas a enmarcarse en tres estamentos sociales específicos. Es decir, quien nace para monarca o para jornalero o para funcionario ya tiene su destino determinado.

¡Qué parecido tiene la República de Platón con el sistema de castas hindú sin olvidar el socialismo real!

Tal cosa me recuerda a un enunciado de las Escuelas de Instrucción Revolucionaria, cuando consignaban como herramienta providencial abrazar una sociedad de “dirigentes y productores”.

El griego Zenón de Elea, el estoico, parece menos peligroso que Vladimir Lenin con su sociedad de seres racionales conviviendo felizmente sin el beneficio de las instituciones; lo que nos deja pensando, pues si el humano es racional, entonces, ¿para qué el control?

Sin embargo, me disgusta de Zenón que quiere vestirnos de manera idéntica a hombres y mujeres, y alimentarnos con la misma comida. Bueno, Zenón se hubiera alegrado al contemplar las tiendas de ropa y de comida del socialismo real soviético, y del socialismo del siglo XXI.

Sobre el autor

Juan F. Benemelis

Juan F. Benemelis

Juan Benemelis (Manzanillo, 1942). Diplomático, historiador y ensayista. Ha publicado más de una veintena de libros centrados en diversas temáticas, que van de lo científico a lo histórico. Entre ellos, "Las guerras secretas de Fidel Castro", "Castro: subversión y terrorismo en África", "Paradigmas y fronteras. Al caos con la lógica", "De lo finito a lo infinito", "El Corán y el Profeta", "Islam y terrorismo" y "La memoria y el olvido". Reside en las afueras de Miami.

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