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No confundir el ajiaco con la escudella

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No confundir el ajiaco con la escudella

No confundir el ajiaco con la escudella
octubre 11
23:16 2017

Parece que muchos cubanos relacionan de algún modo las escaramuzas politiqueras previas a la reciente declaración de independencia en Cataluña, con las gestas independentistas que tuvieron lugar en la Isla durante el siglo XIX. No sé por qué, ya que muy poco -yo diría que nada- tienen que ver las aventuras nacionalistas de Carles Puigdemont y su piquete de la Generalitat de Catalunya con los auténticos reclamos de nuestros próceres de la independencia.

En primer lugar, la época y las circunstancias históricas y geopolíticas son distintas, sustancialmente. En 1868 o en 1895, reclamarle a España la independencia de una colonia separada de su territorio por todo un gran océano, representaba no sólo una exigencia revolucionaria, propiciadora de progreso y civilización, sino también una demanda de elemental sentido común.

En pleno siglo XXI, en un mundo globalizado, donde Europa precisa a toda costa proyectarse en bloque para hacer valer su rica herencia cultural, su peso económico y sus afanes democráticos, cualquier intento de fracturarla resulta en verdad contraproducente y retrógrado. Pero si el intento responde a intereses politiqueros, dados a manipular la sensibilidad de un pueblo que ha vivido sanamente volcado en sus tradiciones nacionalistas, sin que para ello le afectara formar parte de España, entonces ese intento, además de lo demás, es retorcido.

Vistos estos detalles con los ojos de la cara, ya me dirán mis coterráneos si algo tienen que ver –sea en forma o fondo– las actuales escaramuzas de la Generalitat de Catalunya con las gestas independentistas de Céspedes, Maceo o Martí. Podemos simpatizar o no con aquel nacionalismo trasnochado (para gustos, colores), pero no hay por qué confundir nuestro ajiaco con la escudella catalana.

El único elemento de esta situación que quizá pudiera remitir a nuestra historia radica en la insana torpeza con que los gobiernos españoles han estado administrando Cataluña, así como en la reacción obtusa, prepotente y estéril que exhibió el gobierno actual ante el clamor de los catalanes enardecidos y engañados por la Generalitat. Es algo parecido a lo que España hizo en Cuba. Así que demuestra no haber aprendido mucho durante la friolera de casi dos siglos.

Convendría a los políticos españoles echar una ojeada inteligente a los Estados Unidos, nación de naciones hacia la que muchos de ellos suelen mirar con recelo y actitud cuestionadora. A ver si ven que en California o en Texas, entre otros estados de la Unión que poseen identidad no menos particular que la de los catalanes, la gente quiere independizarse a estas alturas. Es la lección del federalismo y los métodos modernos de organización y dirección frente a viejas estructuras que ni siquiera son asumidas a tono con la realidad de hoy.

En fin, son asuntos que van más allá de nuestra incumbencia. Lo que tal vez sí nos importa es tener presente que no resultan comparables el ejemplo de Cuba colonial en el siglo XIX, con el de Cataluña, porción orgánica de España en el siglo XXI.

Tampoco es bueno perder de vista que lo que hoy está en juego allí no es sólo el caso de los catalanes. Una somera ojeada al mapa europeo nos muestra que casi todos sus países están conformados por pueblos diferentes, unidos desde hace 500 años o más (como Cataluña y el resto de España), y que juntos otorgan poder y prestigio a esas naciones que hoy encabezan el llamado Primer Mundo. En el papel, todos esos pueblos tendrían el mismo derecho que los catalanes a reclamar su independencia. Y aun cuando no todos querrían hacerlo, visto el disparate que representa, bastará con que lo pretendan unos cuantos para que se inicie un retroceso en toda regla hacia los tiempos medievales.

Sobre el autor

José Hugo Fernández

José Hugo Fernández

José Hugo Fernández (La Habana, 1954) es escritor y periodista. Durante la década de los años 80, trabajó para diversas publicaciones en La Habana, y como guionista de radio y televisión. A partir de 1992, se desvinculó completamente de los medios oficiales y renunció a toda actividad pública en Cuba. Premio de Narrativa 'Reinaldo Arenas' 2017, tiene 17 libros publicados. Actualmente reside en la ciudad de Miami.

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